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"Mujeres a cargo", por Alfonso de la Torre

“El empoderamiento de la mujer no solo es una cuestión de justicia, sino también de prosperidad”, menciona el economista

Gita Gopinath y Pinelopi Goldberg

Gita Gopinath (Harvard University) y Pinelopi Goldberg (Yale University) fueron designadas como economistas jefes del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, respectivamente. (Foto: Reuters)

Las designaciones de Gita Gopinath (Harvard University) y Pinelopi Goldberg (Yale University) como economistas jefes del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, respectivamente, son muy buenas noticias. Ambas cuentan con impecables credenciales académicas: Gopinath es una experta en regímenes cambiarios, comercio e inversión, así como sus impactos en las economías emergentes; Goldberg, por su parte, lleva años investigando los efectos redistributivos del comercio internacional, así como la aplicación de derechos de propiedad intelectual en países en vías de desarrollo. 

No obstante, lo que resulta aún más importante es que ambos nombramientos encajan dentro de un proceso paulatino que viene dando mayor responsabilidad a economistas mujeres y que también puso a Janet Yellen (Yale University) en la presidencia de la Reserva Federal de EE.UU. entre el 2014 y 2018. Este mayor empoderamiento femenino es positivo porque tiene el potencial de traer nuevas perspectivas para tratar viejos problemas. 

Como no podía ser de otra forma, varias economistas mujeres se han encargado de demostrar la relevancia que los temas de género tienen para el desarrollo económico. Ese es el caso de Nancy Qian (Northwestern University), quien utilizando datos correspondientes a la reforma agrícola que tuvo lugar en China a partir de 1978 mostró que la independencia económica de las mujeres tiene un efecto positivo sobre la esperanza de vida y los logros educacionales de sus hijas. Claudia Goldin (Harvard University), por su parte, viene investigando los factores que explican la brecha de ingresos entre hombres y mujeres, resaltando entre otros aspectos que la forma en que los horarios de trabajo están estructurados juega un rol importante en las decisiones profesionales de las mujeres. 

La lista de ejemplos continúa y alcanza el ámbito local. Un ejemplo es la reciente columna de Carolina Trivelli, en la que destacó la creciente presencia femenina en los directorios de los principales bancos peruanos. Lamentablemente, a la vez que se observan estos avances, el país también ha visto surgir una serie de grupos que han rechazado la aplicación de una perspectiva de género en el diseño y ejecución de políticas públicas, siendo el bloqueo de la reforma educativa bajo Jaime Saavedra su mayor logro hasta la fecha. 

Dejando los debates de corte político de lado, la evidencia es contundente en señalar que estos temas no pueden ser ignorados. El propio FMI al que pronto se unirá Gopinath ha destacado el rol central que la participación laboral femenina tiene en la productividad, especialmente para países como el nuestro. En el 2016, solo el 63% de las peruanas en edad de trabajar se encontraba económicamente activa, en comparación con 81% de los hombres. 

Esta diferencia de casi veinte puntos porcentuales es inaceptable si queremos alcanzar el desarrollo. A fin de cuentas, el empoderamiento de la mujer no solo es una cuestión de justicia, sino también de prosperidad.

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