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Nuestra Venezuela se llama Cajamarca, por José Carlos Saavedra

“Cajamarca tiene menos habitantes que hace 10 años”, señala Saavedra, socio y economista principal de Apoyo Consultoría

13,6% de hogares en Cajamarca tiene más de una NBI; que además es una región donde la pobreza monetaria ronda el 50%.

Entre el 2012 y el 2017, el PBI por habitante en Cajamarca cayó 5%, los salarios reales en 13% y tanto el empleo formal como la clase media se achicaron.

(Por José Carlos Saavedra, socio y economista principal de Apoyo Consultoría) Lamentablemente una historia común en América Latina es la siguiente: un caudillo populista aprovecha el descontento social y es elegido tras prometer un cambio radical de modelo económico. Luego de unos años, dicho modelo tambalea porque espantó a la inversión privada y deterioró la capacidad productiva de la economía. Hay menos riqueza que distribuir y el cuento acaba con una recesión económica que afecta el bienestar de la población, con menores salarios y la necesidad de migrar en busca de oportunidades.

Lo que el lector seguramente asocia con Venezuela es lo que ha pasado en Cajamarca entre el 2012 y el 2017. En dicho período, el PBI por habitante en Cajamarca cayó 5%, los salarios reales en 13% y tanto el empleo formal como la clase media se achicaron. Todas estas variables mejoraron a nivel nacional, pero en Cajamarca se retrocedió y esta región ahora tiene el mayor porcentaje de pobres y pobres extremos del país. Como consecuencia, muchos jóvenes migraron para buscar oportunidades en otras regiones: hoy Cajamarca tiene menos habitantes que hace 10 años.

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Definitivamente ambas crisis no se pueden comparar en intensidad,
pero tienen raíces comunes. Ambas surgen por la aplicación de un modelo que ha demostrado reiteradamente su fracaso en América Latina: aquel que rechaza la inversión privada y desenfoca el rol del Estado hacia un desmedido intervencionismo en el quehacer económico, que termina afectando a la principal fuente de ingresos de sus economías, el petróleo en el caso de Venezuela y la producción
minera en el caso de Cajamarca.

Pero hay una clara diferencia entre la crisis venezolana y la cajamarquina. En Cajamarca no hay una elevada infl ación ni crisis fiscal. Lo paradójico es que probablemente la principal razón para que la crisis en Cajamarca no haya alcanzado dimensiones mayores es justamente que esta se ha beneficiado del modelo económico que tanto criticaron los caudillos causantes de la crisis. 

La política monetaria, la política fiscal y el marco institucional de
promoción a la inversión privada en la economía cajamarquina no
son definidos por dicha región sino por el Gobierno Central y de manera responsable gracias a la Constitución de 1993. Gracias a eso, Cajamarca no ha podido sobreendeudarse o emitir dinero para impulsar artificialmente su crecimiento, como sí lo hizo Venezuela.

Sin embargo, los controles del marco institucional y el manejo macroeconómico responsable no son suficientes para impedir que una
mala gestión regional genere daños significativos al bienestar de su población. El caso de Cajamarca lo deja claro. No debemos olvidar que las crisis económicas, nacionales o regionales, son consecuencia
directa e inequívoca de malas políticas económicas.

Por eso preocupa escuchar nuevamente a algunos gobernadores
regionales hablar de “cambios de modelo”, de oposición a la inversión privada y de desconocer el rol rector del Gobierno Central. La misma historia, que ya sabemos cómo termina. Para que no se repita, el Gobierno Central y las empresas podrían evaluar qué pueden hacer mejor para evitar el descontento social original.

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