Congreso de la República (Foto: Andina)
Congreso de la República (Foto: Andina)
Juan José  Marthans

Economista del PAD - Escuela de Dirección de la Universidad de Piura

Es interesante el resultado del último domingo. Todo se puede decir, menos que el es ingenuo y alejado del apropiado enjuiciamiento a la clase política. Se habla de atomización y, a final de cuentas, lo que eso expresa es que ya no estamos dispuestos a darle un ‘cheque en blanco mayoritario’ a nadie en particular; se habla de sorpresas y, al final, lo que ha hecho el electorado es votar por cualquier alternativa menos las que podríamos llamar las más ‘tóxicas’.

Podremos estar de acuerdo o no, pero el resultado no pinta, políticamente hablando, como irracional. ¿Qué esperar del nuevo como gravitante en materia económica? Algo muy simple: un mensaje claro que el período de inmadurez, de corrupción, de encubrimiento, de entrampamiento y falta de entendimiento entre el Ejecutivo y el Legislativo se acabó en el Perú. Solo eso ya nos diferenciaría del resto de la región y nos pondría en la vanguardia de la reactivación.

Si se ha observado con detenimiento la naturaleza de las proyecciones de crecimiento de nuestro PBI para el presente año, estas denotan una media de alrededor de 3,2%. Más de lo que crecerá la región latinoamericana, más de lo que crecerá el mundo desarrollado, más de lo que creceríamos el 2019 con el magro 2,2%. Claro que ello es aún insuficiente, pero debemos destacar, también, que hoy nadie serio afirma que nuestro crecimiento será menor al del año pasado. Todo lo contrario.

Creceremos más por la reversión de las proyecciones del comercio mundial, la menor volatilidad financiera internacional y el sesgo expansivo de la política fiscal y monetaria de las más importantes economías del mundo. También creceremos más porque ahora sí dispondremos de una solución a los problemas de gestión para destrabar la reconstrucción del norte y la recuperación de la inversión de los gobiernos subnacionales. Todo esto sin dejar de lado la recuperación de nuestra actividad primaria y su impacto en la industria vinculada a ella.

En dicho contexto, el Congreso tiene hoy la posibilidad de transformarse de un lastre del crecimiento a un impulsor del mismo. Por ejemplo, mostrando un mínimo de consenso hasta hoy no alcanzado, se generarían mejores condiciones para el fomento de la inversión, el fortalecimiento de la confianza de los capitales externos y la consolidación del Perú como una economía que se recupera, en un entorno de madurez democrática y estabilidad social. Nuestra imagen se diferenciaría más del resto de la región, y para bien.

Se requiere, por ejemplo, una convocatoria a conferencia de prensa entre el Ejecutivo y el renovado Legislativo. Se requiere el anuncio conjunto de apoyo a una política económica de reactivación consensuada, de apoyo a una hoja de ruta de mediano y largo plazo que tenga como base el Plan Nacional de Competitividad y Productividad; se requiere remarcar cómo el Perú se desenvuelve en un entorno de diálogo y paz.

A diferencia de lo que muchos piensan y de todas nuestras limitaciones pendientes por resolver, estas dos últimas décadas estamos dando una muestra al mundo de éxito. Esperemos que este nuevo entorno político empiece a empujar al Perú en la misma dirección.