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¿Qué hacemos con Petro-Perú? [Opinión]

Tras la renuncia del presidente de Petro-Perú, nuestra columnista analiza cuáles son los problemas que aquejan a la empresa

Petro-Perú cancela construcción de almacenes de GLP en Lima - 1

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Por Cecilia Blume, Socia de Newlink Perú

El último derrame de 600 barriles de petróleo en el kilómetro 213 del tramo 1 del Oleoducto Nor Peruano, en Loreto, que destruyó flora y fauna en la Amazonía, precipitó la renuncia del presidente de Petro-Perú, Germán Velásquez, luego de que Osinergmin impusiera una multa de S/11 millones por un bombeo no autorizado. Este tercer derrame del año pone a Petro-Perú en el ojo de la tormenta, pero por el clima electoral no se traslucen más problemas de la empresa. 

Petro-Perú, la empresa estatal más importante, estuvo bajo el Fonafe, la holding de las empresas públicas, hasta fines del gobierno de Alejandro Toledo, cuando por una ley se salió de los controles públicos, pues sus directivos querían contratar sin cumplir lo que se le exigía a cualquier empresa estatal aduciendo que las normas eran engorrosas. A partir de allí la situación de Petro-Perú empeora, los políticos intervienen en la actividad de la empresa encargándole a Petro-Perú actividades sin estudios, sustento económico y con mucha carga ideológica. 

La repotenciación de Talara, que costaba US$300 millones, se sustituyó por una nueva refinería de US$3.500 millones. La participación de Petro-Perú en el lote 1 AB, dejado por Pluspetrol, fue decisión del Congreso aplaudida por políticos, quienes no había siquiera mirado el estado de ganancias y pérdidas de la empresa y no escuchaban cuando se repetía que Petro-Perú no explota petróleo. Adquirir los activos de Repsol en Perú fue la más afiebrada de las propuestas en la que por suerte se retrocedió. Petro-Perú es un trofeo que se jalonean las fuerzas políticas con mucha ideología y ningún conocimiento. 

La empresa funciona hace más de 47 años, cuando había petróleo. Hoy nadie ha hecho un análisis económico de la rentabilidad de la empresa con los nuevos encargos y, claro, como la empresa es de todos y no es de nadie, que siga para adelante como sea.

La empresa más grande del país manejada políticamente solo irá de mal en peor. Me pregunto, ¿será que el oleoducto es viejo, está corroído por el clima y no se mantiene adecuadamente? La respuesta parecería obvia, pero nadie lo dice en voz alta, pues el dinero que produce Petro-Perú debe irse en cosas más glamorosas: una nueva e innecesaria Talara; explotar pozos petroleros por mandato de leyes sin estudios técnicos; importar petróleo para usarlo en Talara; comprar bienes y adquirir servicios con leyes especiales fuera del Fonafe. 

La cabeza de Velásquez no resolverá nada. Hay responsabilidad en la junta de accionistas y en el Congreso. Pero también en la sociedad por no haberle dado a Petro-Perú la importancia que tiene en el país y tenerla de piñata. 

¿Quién les responderá a las comunidades impactadas con este mar de petróleo? ¿Quién les dice a los niños de la zona que en Lima todo se resuelve botando al presidente? ¿Con ello no volverán a intoxicarse niños, morir animales y destruirse zonas inmensas de agricultura? ¿La multa que pagaremos todos hará la diferencia? 

La solución probablemente sea invertir únicamente US$300 millones en repotenciar Talara y estudiar con un equipo internacional lo mejor para Petro-Perú. 

Ojalá impere la seriedad en el manejo de esta empresa, sobre todo por aquellos impactados en su salud y vida cuando suceden tragedias ecológicas.

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