Y sucedió otra vez. La semana pasada, Perú entró nuevamente en una situación de inestabilidad política extrema. La finalización súbita y abrupta de un mandato presidencial, ya sea por una vacancia o una renuncia forzada, es un evento sumamente grave que genera incertidumbre al afectar negativamente la institucionalidad, gobernabilidad y economía del país. En particular, según lo que manifiestan algunos expertos en Derecho Constitucional, la figura jurídica de la “vacancia por incapacidad moral” existe desde la Constitución de 1834 y se ha mantenido, con matices, en las que vinieron después. Pero su uso, hasta antes de 2017, había sido muy esporádico (por ejemplo, los casos de José de la Riva Agüero en 1823, que antecede a lo establecido explícitamente en la Constitución de 1834, y de Guillermo Billinghurst en 1914; posteriormente, Alberto Fujimori en el año 2000). Lamentablemente, desde hace ocho años, las interrupciones de los mandatos presidenciales se han convertido en relativamente rutinarios.

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