El DominicalEn estos días se habla de los avances del país en infraestructura aérea. El nuevo Jorge Chávez es un reflejo de esa apuesta por modernizar el transporte y dar un salto hacia adelante en conectividad. Pero mientras el cemento se asienta y las pistas se extienden, hay decisiones que se están tomando en el Congreso que podrían frenar esa carrera de crecimiento.
En estos días se habla de los avances del país en infraestructura aérea. El nuevo Jorge Chávez es un reflejo de esa apuesta por modernizar el transporte y dar un salto hacia adelante en conectividad. Pero mientras el cemento se asienta y las pistas se extienden, hay decisiones que se están tomando en el Congreso que podrían frenar esa carrera de crecimiento.
Uno de los proyectos de ley aprobados en primera votación proponen que todos los pasajeros puedan elegir su asiento y llevar equipaje de mano de hasta diez kilos sin costo adicional. A esto se suma una ley reciente que obliga a permitir la transferencia de pasajes sin pago extra. Ambas medidas parecen orientadas a beneficiar al usuario. La intención es válida, pero preocupa cómo esto afectaría al sistema que permitió que volar se volviera más accesible para millones de peruanos.
El modelo que actualmente usamos las aerolíneas de bajo costo es el que da más opciones. Quien quiere pagar solo por el vuelo, lo hace. Quien quiere sumar servicios, los elige y los paga. Esta estructura permitió que el número de pasajeros en Perú pasara de 18 millones a más de 40 millones al año entre 2011 y 2019, y que los precios bajen en cerca de 40% en promedio.
Si ahora se obliga a que todos los boletos incluyan esos servicios de forma gratuita, el costo real no desaparece: se incrementa y se distribuye entre todos los usuarios, incluyendo los pasajes más económicos, que usa el 70 % de los viajeros. A eso se suman los impactos operativos. Según cálculos de la AETAI, añadir ese peso adicional por el equipaje de mano gratuito puede significar hasta 1.300 kilos extra por vuelo.
Con la transferencia de boletos ocurre algo similar. Cambiar el titular de un pasaje no es un trámite trivial. Hay procesos que garantizan la seguridad y tienen un costo. Si la ley obliga a que sea gratuito, ese costo no desaparece: lo terminan pagando todos los pasajeros, incluso quienes no necesitan ni usan ese servicio, distorsionando el modelo.
Las aerolíneas de ultra bajo costo ya venimos ofreciendo flexibilidad, con opciones para añadir servicios, cambiar nombres o elegir comodidades adicionales. El riesgo de imponer reglas generales sin tomar en cuenta las particularidades del sector es que se termine afectando la diversidad de ofertas y subiendo el precio promedio del pasaje. Es como si, al comprar una hamburguesa, nos obligaran a pagar siempre por el combo completo —papas y gaseosa incluidas— aunque no lo queramos. Lo mismo ocurre con los pasajes: estas propuestas limitan el derecho a elegir si llevar o no equipaje, suben los precios para todos y obligan a pagar por servicios que tal vez no se necesiten.
Las mejoras para el pasajero siempre serán bienvenidas, especialmente si amplían las opciones y respetan su derecho a elegir cómo y por qué pagar. Por eso, lo que necesitamos son normas construidas sobre análisis profundos y diálogo, que contribuyan al esfuerzo de conectar mejor al Perú, impulsar la competencia y a una verdadera democratización del cielo. Las decisiones de hoy definirán si el crecimiento sigue su curso o se detiene por medidas que afecten el acceso a viajar en avión.
OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.








