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Protección social: ¿más recursos o mejor gestión?, por Eduardo Morón

“Las empresas no tienen interés en capacitar a trabajadores que se irán pronto, eso las hace menos productivas”, dice el presidente de la Asociación Peruana de Seguros (Apeseg)

¿Cuánto de su PBI gastan los países de la región en pensiones? - 7

"A mi juicio, las recomendaciones en salud y pensiones del informe de la Comisión de Protección Social ponen el acento donde no corresponde".

El informe de la Comisión de Protección Social (CPS) finalmente fue presentado y quisiera compartir mis reflexiones sobre el mismo. Lo primero es que los diagnósticos son mucho mejores que las propuestas. Y esto es un gran avance. Es mucho más fácil tener una discusión nacional de estos tres temas (salud, pensiones y empleo de calidad) si se parte de un diagnóstico aceptado por la mayoría.

El diagnóstico del informe sobre desempleo muestra que desde que en el 2001 al Tribunal Constitucional se le ocurrió interpretar que no existe el derecho de despedir a los trabajadores, las empresas dejaron de contratar a plazo indefinido. Lo que hay ahora es un ejército de personal contratado a plazo fijo. Este equilibrio es malo para el país.

Las empresas no tienen interés en capacitar a trabajadores que se irán pronto, eso las hace menos productivas. Esa menor productividad es menor crecimiento para el país y menores salarios.

El diagnóstico de pensiones es claro: solo 14% de los trabajadores accederá a una pensión. Esto es resultado de la falta de aportes de personas que no tienen ingresos en el sector formal o son independientes. Eso no significa que los trabajadores no tengan recursos, los tienen pero no los usan como un ahorro para su retiro.

Lo que hace falta clamorosamente en cuanto a pensiones son aportes no solo obligatorios, sino también voluntarios. Hace falta hacerles entender a los trabajadores que pueden alcanzar una meta de pensión con un esfuerzo de ahorro oportuno y constante. Hace falta facilitarles canales de aporte.

El diagnóstico del sistema de salud es que este es fragmentado, desarticulado y, por lo tanto, brinda una atención deficiente a los pacientes y es innecesariamente ineficiente. Urge una tarea de cambiar los incentivos existentes, una tarea de devolverle al Minsa su rol rector y que empiece a ordenar el sistema de salud.

Se necesita separar las funciones de financiamiento y prestación y añadir grandes dosis de transparencia porque nadie en el Estado sabe en qué se gastan los recursos y qué se está consiguiendo a cambio. Se necesita poner al paciente al centro de cualquier esfuerzo de reforma.

Por lo tanto, debe darse al paciente –independientemente de quien sea su financiador– la posibilidad de atenderse en centros de salud públicos o privados que compitan ofreciendo un mejor servicio. Para que este intercambio prestacional se pueda dar se requiere transparencia en los precios en cada uno de los principales tratamientos.

A mi juicio, las recomendaciones en salud y pensiones del informe de la Comisión de Protección Social ponen el acento donde no corresponde.

En salud, primero hace falta mucho mejor gestión que inundar de recursos a un sistema ineficiente, fragmentado y desarticulado. Por el contrario, en pensiones, en lugar de poner el énfasis en que se requiere una reingeniería de esta industria, la necesidad más obvia es la falta de trabajadores haciendo aportes para su pensión de jubilación. La ley que permite el retiro del 95,5% de los fondos de jubilación se aprobó sin problemas porque la gran mayoría de esas personas no tenían recursos suficientes para aspirar a una pensión y nadie los alertó de ello cuando correspondía.

Tenemos un buen diagnóstico, ¿avanzamos?

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