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Pymes y sostenibilidad: la palanca del crecimiento formal
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Como vengo sosteniendo en columnas anteriores, las pymes son el verdadero motor social de la economía peruana: sostienen la mayor parte del empleo y dinamizan miles de barrios y regiones. Sin embargo, ese protagonismo aún no se traduce en todo su potencial productivo ni en su aporte al PBI. ¿Cómo cerramos esa brecha? Mirando donde hoy nacen las ventajas competitivas: en cadenas de valor sostenibles que integran, escalan y formalizan a nuestros proveedores y aliados.
Del 23 al 25 de octubre, la Cumbre Perú Sostenible 2025 será una oportunidad para explorar cómo las pymes pueden dar el salto del “día a día” hacia estrategias de crecimiento sostenibles, impulsadas por estándares ASG (ambientales, sociales y de gobernanza), digitalización e inversión responsable. No se trata de teoría: cuando una empresa grande comparte ‘know-how’, exige calidad con acompañamiento, facilita crédito y mide riesgos sociales y ambientales, sus proveedores elevan su productividad, fortalecen su gestión y acceden a mejores mercados.
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Los ejemplos son claros. Una pyme que adapta sus procesos a estándares de sostenibilidad puede convertirse en socia estratégica de grandes compañías exportadoras. De la misma manera, un pequeño taller que invierte en eficiencia energética no solo reduce costos, también mejora su competitividad frente a clientes globales que valoran la reducción de huella de carbono. Estos pasos, multiplicados, generan un círculo virtuoso: productividad que se traduce en formalización, innovación que abre mercados y sostenibilidad que asegura permanencia.
La sostenibilidad, además, abre puertas a financiamiento. Hoy los bancos internacionales y fondos de inversión buscan proyectos que gestionen riesgos ambientales y sociales, porque saben que son más resilientes. Para las empresas microfinancieras peruanas, eso significa acceso a capital que antes parecía lejano. Y con financiamiento responsable, se acelera el crecimiento, se invierte en tecnología y se generan empleos de mayor calidad.
Pero el reto no es solo de las empresas. También el Estado tiene que hacer su parte: simplificar regulaciones, digitalizar trámites y crear incentivos para que las pymes adopten prácticas sostenibles. Así, el esfuerzo empresarial se verá acompañado de un entorno que premie la innovación, en lugar de castigarla con burocracia.
Las universidades y centros de innovación también juegan un rol decisivo. Su capacidad para formar talento con visión sostenible y transferir conocimiento aplicado puede marcar la diferencia.
El futuro de las pymes no está en competir solas, sino en ser parte de ecosistemas donde la sostenibilidad se convierte en requisito para crecer. La buena noticia es que no partimos de cero: ya existen iniciativas exitosas en el país, desde cooperativas cafetaleras que exportan bajo sellos verdes hasta startups que ofrecen soluciones tecnológicas para trazabilidad y logística responsable.
La clave está en escalar esos modelos, conectarlos con políticas públicas efectivas y atraer inversión que reconozca el valor de lo sostenible. Si logramos alinear estos factores, las pymes podrán ser protagonistas no solo del empleo, sino de un crecimiento formal, innovador y competitivo que eleve a toda la economía peruana.
En tiempos en que la sostenibilidad ya no es un “lujo” sino un requisito, las pymes tienen en sus manos la oportunidad de convertirse en la palanca de un desarrollo inclusivo. El reto es grande, pero también lo es el potencial.

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