(Foto: Archivo)
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Juan Carlos Odar Zagaceta

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Hace unos días, el presentó sus estadísticas revisadas sobre la situación y proyecciones de la población peruana al 2070. Las grandes tendencias demográficas nos presentan desafíos tanto inmediatos como a horizontes más largos.

En el corto plazo, la procedente fundamentalmente de Venezuela ha sido suficiente como para revertir una gran tendencia. En efecto, el INEI muestra que en el quinquenio 2015-2020 la entrada neta de extranjeros es positiva por primera vez al menos desde mediados del siglo XX.



En efecto, el flujo poblacional neto en este período por dicha fuente ha sido calculado en 698.000 personas, frente a –por ejemplo- una salida de 758.100 en el quinquenio previo. Esto genera ya una fuerte presión en el , cuya generación de empleo es además más lenta que hace algunos años y cuya calidad a la vez se ha venido deteriorando.

Al mismo tiempo, ello genera una mayor demanda por servicios como salud y educación, cuya atención es clave con el fin de formar y sostener un de calidad.

Pero en el mediano y largo plazo surgen otros retos. El primero es que, como consecuencia de un menor crecimiento poblacional y una mayor esperanza de vida, la población está envejeciendo. En el 2015, la edad mediana fue 27,5 años, mientras que en el 2050 llegará a 39,4 años y en el 2070 a 44,4 años.

Asimismo, para el 2070, mientras la población menor de 15 será 15,5% del total (28,2% en el 2015), la mayor de 65 años será 18,3% (7,5% en el 2015). Compatibilizar la protección social con el equilibrio fiscal será un desafío enorme, pero será aun mayor si subsiste el sistema de reparto.

El otro tema es que la población seguirá creciendo hasta alrededor del 2060, alcanzando cerca de 40 millones de habitantes. En la década siguiente, la población no solo se estabilizaría, sino que decrecería levemente.

Mientras eso implica el posible desarrollo de ciertos negocios orientados a la tercera edad (algunos bienes de consumo, viajes), la oferta de bienes orientados al segmento infantil y juvenil, aunque al alza en las próximas décadas, no puede ser pensada con un potencial de crecimiento ilimitado.

Por supuesto, para un individuo que ya se encuentre a mitad de su vida laboral, se trata de horizontes tan largos que prácticamente le resultan irrelevantes. Pero el Estado –es decir, cada uno de los gobiernos que tengamos- no puede seguir dándose el lujo de ignorarlos.