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Rigidez laboral: el otro lado del mostrador, por Alejandro Falla

“A más derechos irrenunciables a favor de los trabajadores, menos serán los incentivos para contratar”, señala el socio de Bullard Falla Ezcurra +

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La regulación puede alterar la dinámica del mercado laboral, perjudicando la creación de nuevos puestos de trabajo. Al igual que lo ha hecho la regulación de playas de estacionamiento al forzar el cobro por minuto –solución aprobada por el Congreso que no ha dejado contentos ni siquiera a quienes se supone busca favorecer–, la regulación laboral, buscando generar un beneficio a los trabajadores, puede reducir los incentivos que tienen las empresas para contratarlos. Cuanto más derechos irrenunciables se otorguen a favor de los trabajadores, menos serán los incentivos que tengan las empresas para contratar trabajadores. Es así de simple.

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El sector empresarial viene reclamando una revisión de varios aspectos de la regulación laboral que inhiben la contratación de trabajadores (reposición ante despido arbitrario). No les falta razón. Pero el mercado laboral también puede ser afectado por conductas desarrolladas por empresas que inhiben la contratación de trabajadores y afectan su dinámica. Veamos. 

Para evitar que un trabajador que cesa en su relación laboral se vaya a trabajar con la competencia, la empresa le hace firmar un acuerdo que le impide buscar trabajo en cualquier empresa del sector por un tiempo determinado. A veces se busca proteger un secreto; otras, molestar al vecino. Si el trabajador es un maestro panadero que solo sabe hacer pan, la va a pasar muy mal si es que no recibe una compensación por este período de vacancia. Pero incluso si recibe una compensación, la competencia en este segmento del mercado (contratación de maestros panaderos) puede verse afectada si la empresa involucrada tiene una posición privilegiada en el mercado.

Pasa lo mismo cuando dos o más empresas (actúen o no dentro del mismo sector) acuerdan no jalarse trabajadores entre ellas. Las empresas al igual que compiten por sus clientes deben competir por atraer talento. Si dejan de hacerlo por acuerdo, el mercado se distorsiona, reduciéndose la movilidad de trabajadores (en competencia la movilidad podría ser mayor) y deprimiendo el nivel de sus salarios (en competencia, los salarios serían mayores). Este tipo de acuerdos viene siendo perseguido por autoridades de competencia en otras jurisdicciones. En Estados Unidos, las primeras en caer han sido las empresas de tecnología y franquicias.

¿Y qué pasa cuando las empresas intercambian información sobre niveles salariales y beneficios entregados a sus trabajadores buscando deliberadamente uniformizar las políticas remunerativas? “A ninguno nos conviene incrementar; mantengamos el nivel”. Este es un cártel puro y duro, como el del pollo o del papel higiénico. Que se dé en el mercado laboral no lo hace inmune a un cuestionamiento desde el punto de vista de la regulación de competencia. 

Estas prácticas de origen puramente privado también pueden generar rigidez en el mercado laboral y afectar su performance. Su impacto resulta aun más perjudicial en un entorno regulatorio que por sí mismo inhibe la contratación de trabajadores. Poco se habla de esto. Al hablar de rigidez laboral, conviene mirar ambos lados del mostrador.

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