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Vizcarra en el 2019, por Alfonso de la Torre

“El desempeño económico del país será un factor importante en la aprobación presidencial este año”, señala el economista

Martín Vizcarra

"Estas tres propuestas conforman una agenda ambiciosa, acaso demasiado para ser emprendida en un solo año. Sin embargo, es necesario que en el 2019 se den más pasos en cada dirección." (Foto: Difusión / Video: Canal N)

Martín Vizcarra arranca el 2019 con altos niveles de popularidad, pero también con una economía que enfrenta una alta incertidumbre dado el panorama global menos favorable y factores domésticos mixtos: expectativas positivas para la inversión minera e impulso del gasto público gracias a las obras de los Juegos Panamericanos, pero negativas en lo que concierne a la inversión pública a escala subnacional. No hay que perder de vista que el desempeño económico del país será un factor importante en la aprobación presidencial este año.

El presidente viene siendo criticado por una aparente obsesión con su popularidad antes de centrarse en políticas públicas ambiciosas. Estas objeciones pecan de ingenuas, no solo porque olvidan la papa caliente que Vizcarra recibió al asumir el cargo, sino también porque dada nuestra precariedad política la aprobación ciudadana es necesaria para poder ejecutar cualquier reforma ambiciosa. Vizcarra, a diferencia de Kuczynski, entendió que sin partido y con pocos aliados en el Congreso la única coalición de gobierno viable se encontraba en la calle.

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No obstante, tras consolidar su respaldo popular en el 2018, este año requiere tomar decisiones. Es momento para que el presidente invierta su capital político.

Tres iniciativas aparecen como prioritarias. La primera es la reforma política, acaso la reforma más importante de todas. Al respecto, el gobierno ha dado pasos iniciales al nombrar una comisión al mando de Fernando Tuesta. No obstante, dependerá del presidente impulsar sus recomendaciones. Una delegación de académicos, cuyas contribuciones son sin duda vitales, no son suficientes para dotar la reforma de legitimidad. Es imprescindible que los partidos políticos dejen de ser los cascarones vacíos de los últimos veinte años.

La segunda es la reforma laboral, sobre la que el gobierno ha dado pistas sin comprometerse a fondo. Como he mencionado en repetidas ocasiones, esta debe comprender no solo esfuerzos para reducir la informalidad (lo cual requiere incrementar la flexibilidad, pero también favorecer la formalización a nivel de la empresa), sino también para elevar la participación laboral femenina. Para ello es clave abandonar posiciones maximalistas, como buscar disminuir la informalidad a la mitad, y fijar metas más realistas (10-15 puntos porcentuales, por ejemplo).

Finalmente, el presidente debe comprometerse con una agenda que promueva ganancias de productividad. El Plan Nacional de Diversificación Productiva heredado de la administración anterior ya ofrecía una buena guía. El nuevo Plan Nacional de Competitividad y Productividad es una nueva oportunidad, pero sus lineamientos (priorizar infraestructura, capital humano, innovación, etc.) necesitan ser aterrizados adecuadamente.

Estas tres propuestas conforman una agenda ambiciosa, acaso demasiado para ser emprendida en un solo año. Sin embargo, es necesario que en el 2019 se den más pasos en cada dirección. De hacerlo, Vizcarra pasará de ser popular a ser estadista; caso contrario, lo de popular bien podría terminar siendo reemplazado por populista.

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