“Crecer 2% o 3% es aceptar una performance mediocre del PBI”
“Crecer 2% o 3% es aceptar una performance mediocre del PBI”
Gonzalo Carranza

Director general de LLYC Lima

Como cada mes, Apoyo Consultoría reunió esta semana a altos ejecutivos de más de 300 compañías para compartir con ellos su análisis de la economía y también para medir la temperatura del ánimo empresarial. En un alto entre estos encuentros, e Gianfranco Castagnola, presidente ejecutivo de la consultora, conversó con El Comercio

¿Cuáles son las nuevas proyecciones de Apoyo Consultoría para la economía en el 2017?
La economía venía muy débil producto de la inercia de la desaceleración que dejó el gobierno de Ollanta Humala. Esto se agravó por el ajuste fiscal del nuevo gobierno, que significó una caída de la inversión pública de 24% en un solo trimestre. En ese contexto, había también cierta desazón en el mundo empresarial, pues muchos pensaron que el solo hecho de la elección de PPK como presidente bastaba para reanimar la economía. Pero también en ese contexto comienzan a salir los decretos legislativos del Ejecutivo, que conllevan unas ganas de hacer reformas que no se veían hace 20 años. No era un paquete reactivador, pero mejoraba el día a día de los ciudadanos y el clima para hacer negocios. 

¿No fue un riesgo para un gobierno que se inicia ese combo de paquete legislativo que no reactiva en el corto plazo y ajuste fiscal que retrae la economía?
Sí por el lado del ajuste. Pero un paquete de decretos tan potente como este, si hubiese sido bien explicado, con todo un aparato político de voceros comunicándolo y no solo el primer ministro y algunos ministros, podría haber generado un quiebre de expectativas que reactivara la economía. Ahora bien, a todo esto le cayeron encima tres huaicos de distintas magnitudes. 

¿Cuáles?
El primero es el huaico de la naturaleza, estas lluvias absolutamente impredecibles. Luego, las dos primeras semanas del presidente Trump, que, a diferencia del resto de presidentes del mundo, decide cumplir sus promesas. Y el huaico más potente: el destape de la corrupción. Todo esto ha generado un cambio en el entorno de negocios que nos ha llevado a corregir nuestra proyección de crecimiento del PBI a 3,3%. Esta cifra podría ajustarse hacia abajo más adelante. 

¿Cómo se descompone el efecto de cada huaico?
El de la naturaleza no nos preocupa tanto en lo económico, pues su impacto en daños a viviendas o pérdidas de cultivos ha sido muy acotado; aparentemente la pesca no se va a afectar; y no se ha producido una interrupción en vías de comunicación que generen desabastecimientos y presiones inflacionarias. Es un daño menor al que se percibe por las terribles imágenes que vemos en los medios. 

¿Y el huaico Trump? 
Falta mucho por ver, pero al Perú no lo está tocando directamente. Estamos debajo del radar de lo que Trump busca. De hecho, tenemos un déficit comercial bastante grande con EE.UU. Nuestros productos no compiten con su industria. E indirectamente, Trump nos beneficia, pues el precio del cobre ha subido de US$2,20 a US$2,72 por libra en buena parte por las expectativas sobre su plan de infraestructura. Si el plan se implementa, ese precio se puede sostener. 

Imagino que en las mesas del SAE esta semana, el tema de conversación era el ‘huaico’ de la corrupción. 
Es el tema de las conversaciones de negocios, sociales y amicales en todos los estratos y ámbitos. Con sus obvias diferencias, es un ambiente cargado que recuerda al del 2000-2001. ¿Cuál es el efecto en la economía? Una gran incertidumbre, que lleva a la prudencia. Ya se ha sentido una retracción del consumo de las familias de Lima en enero. Las empresas prefieren esperar antes de ejecutar sus planes de inversión. Los bancos endurecen sus políticas de crédito. Y el gobierno, a pesar de la voluntad que existe al más alto nivel político de empujar cambios y reformas, va a encontrar resistencia pasiva en los niveles intermedios de los ministerios de gente que tiene miedo a firmar. 

Si ya le tenían miedo a la contraloría los últimos años, con los actuales ataques a la tecnocracia, nadie va a firmar nada.
Se ha enturbiado el debate. Se están cobrando cuentas pendientes y pareciera que hay una estrategia de embarrar a todos, para  que si todos estamos sucios, aquí no pase nada. Y hay un sector ideológico que está buscando un aprovechamiento político, culpando al modelo económico, a la tecnocracia, al modelo de concesiones. Se comienza a soltar información falsa, pero que va calando. 

Déme un ejemplo.
Atacar el modelo de concesiones con el argumento de que es más corrupto que la obra pública. Si quitamos la IIRSA, que se saltó todos los pasos del debido proceso de una concesión, y el gasoducto sur peruano, que aún está en investigación, ninguna otra concesión está siendo cuestionada. Toda la gran corrupción que ha habido con empresas brasileñas y con otras es con obra pública. La construcción de la línea 1 del metro de Lima fue obra pública directa. Igual con la gran cantidad de obras cuestionadas de los gobiernos subnacionales. 

Otro ejemplo es el ataque a la tecnocracia. Un columnista de El Comercio a quien respeto mucho dijo que la tecnocracia quiso volarse el SNIP. ¡Absolutamente falso! Que revise los artículos que los tecnócratas escribimos en el 2005 oponiéndonos a la Interocéanica. Fueron los políticos quienes crearon un movimiento de soporte esta obra y voltearon el partido. Ideológicamente se quiere atacar el modelo económico olvidando que en los últimos años, los tres países más corruptos de América Latina son los que la izquierda siempre ha aplaudido: el Brasil del Partido de los Trabajadores, la Venezuela del socialismo del siglo XXI, y la Argentina de los Kirchner. ¿Por qué? Porque han tenido una mayor intervención del Estado, que es justamente lo que le gusta a esta gente. Más obra pública, más subsidios, más oportunidades de corrupción. 

Sí hubo un eslabón débil en el modelo de concesiones: Pro Inversión. 
Es una entidad que se fue debilitando institucionalmente justo cuando las concesiones se fueron volviendo más complejas. Nació de la Copri, que privatizaba, y esa es una actividad mucho más fácil pues transfieres el activo y se acabó. Hacer un contrato de concesión que va a perdurar por 30 años en situaciones cambiantes es un trabajo de otra naturaleza, más complejo. Quizás hubo una autosuficiencia de Pro Inversión de no contratar asesores internacionales y también hubo mucha interferencia política. Ahora, también hay casos para destacar: en la línea 2 del metro de Lima, la tecnocracia de Pro Inversión se le puso firme al Gobierno y no cedió a presiones políticas muy fuertes. Creo que Álvaro Quijandría es la persona indicada para liderar los cambios que se necesitan en Pro Inversión. 

Volvamos a las proyecciones. ¿Cómo se descompone el estimado de crecimiento del PBI de 3,3% para este año?
Lo que más nos debe preocupar es la inversión privada, pues es lo que produce empleo, aumento en el consumo y mejoras en el bienestar. Estamos asumiendo en nuestra proyección que la inversión privada no crece. 

El huaico de la corrupción se centra en un sector de la economía, que es infraestructura. ¿Por qué el total no crece?
De manera simplista, podemos dividir la inversión privada en tres grandes bloques: inversión en infraestructura, inversión en minería y el resto de la inversión. Este último tiene un pequeño componente que va hacia la exportación, como la agroindustria, donde no hay mucho espacio para expandirse. La mayoría se vincula con el mercado doméstico: retail, telecomunicaciones, plantas industriales. Esta inversión sí puede crecer. Pero veamos las otras dos. La inversión en minería está cayendo. Esa caída jala el promedio hacia el 0%. La gran esperanza, entonces, era la inversión en infraestructura, pero va a crecer a un menor ritmo porque no vamos a tener gasoducto del sur (que sumaba 0,5 puntos porcentuales al crecimiento del PBI de este año), porque las concesiones se van a ralentizar, y porque firmar una adenda será más difícil en este contexto. 

Con la inversión privada plana, ¿qué sostendrá el crecimiento?
El consumo crecerá, la exportación minera seguirá creciendo y también habrá un aporte del gasto público. Con eso podemos llegar con suerte al 3,3%. Sin embargo, si el impacto político de la crisis es mayor y genera una parálisis, el crecimiento puede llegar a 2,5%. No quiero pensar en ese escenario, quiero ser más optimista. 

La respuesta del gobierno, con el mensaje a la Nación del fin de semana pasado y el decreto de urgencia de este lunes, ¿va en camino de encarrilar la economía hacia el crecimiento de 3,3%?
Sí. La gente está esperando un liderazgo del gobierno en el tema anticorrupción y este decreto de urgencia es muy relevante. El problema que tiene el gobierno es que los anuncios al más alto nivel, que vienen del presidente o del primer ministro, no tienen luego una caja de resonancia política a cargo de los congresistas oficialistas o de otros ministros. Lamentablemente, lo que hemos visto con el paquete de decretos o con los anuncios anticorrupción, es que no ha habido voceros que salgan a explicar, confrontar y repetir el mensaje hasta dominar la agenda política. Más bien, tenemos a un congresista oficialista que pide la cabeza del ministro Basombrío, otro que venía de pedir la vacancia del presidente Kuczynski y al partido de gobierno pidiendo la salida de la ministra Romero. La oposición se la está llevando fácil.   

¿Qué salida tiene el Gobierno? ¿Politizar a sus técnicos? Porque tampoco es que pueda poner un aviso diciendo “Se buscan operadores políticos” y lluevan los currículum. 
Hablaba hace dos o tres meses con un miembro del gobierno y le decía que necesitaban políticos, incluso dentro del gabinete. Me respondió: “Mándame una lista de tres políticos que no estén contaminados, que no pertenezcan a fuerzas de oposición y que puedan sumar”. La verdad es que no se me ocurrió ninguno.  Nuestra clase política no se ha renovado y, dado que la ola de corrupción golpeó a los últimos tres gobiernos, muchos de ellos nos deben explicaciones. Si el gobierno contratar un headhunter para que le reclute cuatro o cinco políticos de peso, sería una de las tareas más difíciles de su carrera. 

¿Qué factores podrían llevar a un crecimiento mayor a 3,3%?
Quisiera separar la arena política de la económica, aunque estén entrelazados. En el campo político, el mejor escenario sería que el tema de la corrupción transcurra en carriles ordenados, dejando a la fiscalía y al Poder Judicial hacer su trabajo sin interferencia. Es sorprendente, de manera positiva, el accionar de ambas entidades hasta ahora, lo cual incluso recogen los empresarios en el sondeo que hacemos en el SAE. No hay desconfianza hacia lo que están haciendo, aun cuando es un trabajo que es lento por naturaleza. 

Por el lado económico, puede hacer tres cosas. La primera es una mayor apuesta por gasto público, lo cual ya anunció el ministro Thorne con la voluntad de adelantar gasto del segundo semestre. También se debe priorizar proyectos de inversión pública ya listos y también programas como Mivivienda, que equivocadamente se estaba dejando de lado. Otro frente es persistir con el destrabe de proyectos. No hay que tenerle miedo y creo que este es un gobierno muy decidido. Finalmente, el gobierno requiere una dosis de buena suerte. Por ejemplo, que en algún momento del año el Grupo Breca anuncie que en el 2018 iniciará la construcción de Mina Justa, un proyecto de cobre de más de US$1.500 millones de inversión. También que el directorio de Anglo American decida que en el 2018 empiezan Quellaveco, una obra de US$4.000 millones o US$5.000 millones. Otra posibilidad es que en el segundo semestre del año se llegue a alguna salida para que Tía María salga adelante.  Si en los próximos meses se anunciarán estos proyectos, habría un cambio importante en las expectativas. 
 
Una suerte que sí ha tenido es la mejora de términos de intercambio. No solo ha mejorado el cobre, sino también el oro y el zinc. 
Eso es lo que puede hacer que estos proyectos empiecen a caminar. 

¿Qué otro impacto tendría la mejora de términos de intercambio, más allá de estos tres proyectos?
Puede haber proyectos menores o ampliaciones que salga adelante. Tal vez Antamina podría pensar en una ampliación. Esas decisiones son más rápidas. Ya viene la ampliación de Toquepala, que va a coger mejores precios. Y mejores precios significan más dinero para las empresas y, por lo tanto, mayor recaudación para el Estado. 

¿Cómo viene la demanda interna en el inicio de año?
En enero ha habido resultados mixtos. Los despachos de cemento cayeron 6%. Para mí es un excelente indicador, porque junta inversión privada, inversión pública y autoconstrucción. Ese termómetro no muestra recuperación. Si el gasto público se comienza a acelerar, puede haber mejores noticias. 

¿Cómo acelerar el gasto público? La experiencia con los shocks de infraestructura es que comienzan a tener impacto cuando la economía ya dio la vuelta. 
No creo que sea prudente aumentar el gasto corriente en estos momentos. Tampoco rebajar impuestos. Podría pensarse en una propuesta que hicimos en Apoyo hace un tiempo de crédito fiscal para la generación de empleo formal. Pero la herramienta fuerte es la inversión pública. Hay que buscar proyectos que ya tengan todos los estudios listos y también habría que ver si existe un marco legal por el cual el gobierno central intervenga los proyectos de inversión pública de gobiernos subnacionales que están paralizados por malos estudios o por corrupción y los termine, como ese famoso puente en Huancayo que quedó a medio hacer.