(Foto: Rcinet.ca)
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Nadie puede negar que la economía ha entrado en un . La verdad, no podíamos esperar otra cosa en un contexto internacional plagado de ruido en su esfera comercial, financiera y geopolítica y de un entorno de tensión en nuestro frente político. Sin embargo, una cosa es aceptar la penosa desaceleración del ritmo de crecimiento de nuestro PBI y otra, muy diferente, pretender vender la idea que estamos abiertamente estancados. Permítanme unas breves reflexiones sobre ello.

Primero, que haya desaceleración a nivel global, en los emergentes, en la región y en Perú, no le ha quitado preeminencia a nuestro crecimiento.


Debemos entender que, por ejemplo, en lo que va del presente siglo, Perú ha mostrado un crecimiento promedio anual de 5%, mientras que Chile logró un 3,8% y la región solo un 2,5%. De otro lado, nuestro crecimiento esperado para este año oscilará entre 3 y 3,5%, menos de lo que pudimos lograr, pero más de lo que crecerán en promedio Chile, Colombia y México. La realidad no es holgada, pero sí lejana de un estancamiento.

Segundo, existe consenso entre los analistas en Perú que el segundo semestre de este año será mejor al primero. Como si ello fuera poco, también existe consenso que, sin sorpresas no deseadas en el frente internacional, el 2020 será también mejor que el presente año. Estamos transitando la inflexión y eso es muy diferente a un supuesto estancamiento.

Hechos como la eventual reducción de la tasa de referencia que maneja la FED, la menor tensión comercial entre China y Estados Unidos, la regularización de la actividad primaria nacional, la mejora en el ritmo de avance en la reconstrucción del norte y el progresivo destrabe de la inversión regional y local, refuerzan la idea de recuperación.

Tercero, mientras algunos empresarios se atormentan indebidamente en torno a un supuesto estancamiento, sus pares del exterior siguen colocando capital de riesgo en la agroexportación, en el turismo, en telecomunicaciones y en el mercado retail, entre otras actividades. Justamente son estos empresarios los que menos se guían de la problemática política y mediática en el país y se concentran en invertir obteniendo destacados márgenes de contribución.

Nuestros empresarios tienden a hablar de estancamiento y, paralelamente, los de origen externo encuentran en Perú nuevas oportunidades que aquellas que encontrarían en sus propios países de origen.Cuarto, aun en escenarios políticos e internacionales en extremo negativos, Perú ha demostrado resiliencia productiva.

Hemos logrado crecimiento, por ejemplo, a pesar de la renuncia y ausencia de presidentes, a pesar de entornos vergonzosos asociados a la corrupción y en el marco de graves recesiones y crisis externas. Seguimos creciendo ininterrumpidamente los últimos 20 años sin institucionalidad, sin calidad de Estado, sin infraestructura, sin un ámbito político serio. Claro que nuestro crecimiento es insuficiente, pero de allí señalarlo como estancamiento, es poco menos que exagerado.

Debemos entender que una percepción erradamente exagerada de estancamiento, lo único que generará es una innecesaria dilación de nuestro proceso de recuperación productiva.

Resulta natural el temor al riesgo, pero un buen empresario sabe mitigarlo y dispone de un carácter emprendedor para enfrentarlo con éxito; el mal empresario, que espere pasar a mejor vida para encontrar, sin duda, un escenario sin riesgo.