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Gustavo Ascenzo: “Transacciones de bajo valor se mantienen intensivas
en efectivo”

“El dinero electrónico afecta al efectivo en cualquier material”, señala el Director de Desarrollo de Negocios - CCL Secur

Billetes

Según Ascenzo, el billete de polímero cuesta 50% más que un billete de papel, pero dura 3 a 4 veces más.

Todo empezó en Australia, cuando en los años 70 el Banco Central enfrentó la falsificación en sus billetes de papel. El éxito logrado por los primeros billetes de polímero, con mayor duración que los de papel, los llevó a otros países de Asia-Pacífico (Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea, Singapur). México en el 2002 y Chile en el 2004 fueron las primeras experiencias en la región.

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—¿Es caro implementar billetes de polímero?
El billete de polímero cuesta un 50% más que un billete de papel pero empezó siendo mucho más caro. Pero el polímero dura 3 a 4 veces más que un billete de papel. Si tienes mucha falsificación en billetes de alta denominación justifica irte a polímero de una. Pero si no es el caso, empezar por los billetes de baja denominación es lo más fácil porque el ahorro [en la reposición de los billetes más desgastados] es tangible, la justificación está en el retorno de la inversión.

—¿Afecta el dinero electrónico la circulación de billetes de polímero?
Definitivamente afecta al efectivo en cualquier material. Es un tema que preocupa a la industria. Pero las transacciones de bajo valor se mantienen intensivas en efectivo.

Billetes

Los billetes que salen de circulación son reciclados, asegura Ascenzo.

—¿Hubo alguna experiencia adversa en los países que adoptaron billetes de polímero?
Voy a contar tres. En Brasil, lanzamos un billete conmemorativo de 10 reales en el 2000, cuando teníamos muy poca experiencia internacional. El billete se comportó muy bien pero pasaron 9, 10 años de circulación. El público que recibe este billete lo ve muy deteriorado, pero no pregunta cuánto tiempo tiene en la calle. Aprendimos que debemos tener una política de calidad.
El segundo episodio fue el billete de 50 pesos mexicano. El falsificador estaba financiado por el narcotráfico, tenía máquinas offset, químico, diseñador, y la falsificación era muy buena, tanto así que usaba polímero. La única forma de identificar si el billete era falso era pasarle algún químico fuerte sobre la tinta y ver si se salía. El Banco de México no se alarmó mucho al comienzo. Cuando un billete tiene más de 100 piezas [falsas] por millón, suenan las alarmas. Pero no se ve esto todos los días, se ve cada seis meses. Cuando el billete de 50 pesos antiguo estaba en 61 piezas falsas por millón, el banco dijo: “Está bien”; pero a la siguiente evaluación, ya estaba en 200. Desde ese día, en 18 meses hicimos un nuevo diseño, con tinta que cambia de color y ventana más compleja. Moraleja: cuando hagamos un billete de polímero con ventana, usémosla con tal complejidad que no sea fácil de imitar.
Finalmente, en África, el banco de Zambia tiene su propia imprenta. En polímero, como parte del proceso, la última capa del billete tiene que ser un barniz protector para consolidar las tintas. La imprenta del banco de Zambia pasó todas las pruebas, sabía cómo hacer el proceso. Pero en la fabricación de los billetes se quedaron un momento sin barniz y tomaron la decisión de terminar el billete sin barnizarlo y lo sacaron a circular. A ese grupo de billetes se le empezaron a salir las tintas porque no se había cumplido con el protocolo. ¿Cómo se ha corregido lo de Zambia? Ahora tenemos un grupo de técnicos que va a las fábricas que van a imprimir en polímero y las certificamos todos los años, con una especie de ISO.

—¿Qué se hace con los billetes que salen de circulación?
Lo que hacemos es reciclarlos. El reciclador paga por la materia prima: una tonelada de billetes deteriorados, ya cortados, cuesta entre US$250 y US$400. La transforma en una especie de madera plástica, que se calienta, se forma como una especie de pasta en moldes y luego se enfría con agua. Y con eso hacemos, en Costa Rica, por ejemplo, desde muelles para embarcaciones hasta juegos infantiles. Estos juegos infantiles dicen: “Este juego se fabricó con 80.000 billetes de polímero”. Y así hacemos un sinnúmero de cosas que duran años y no contaminamos.

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