La política de "Pico y Placa", busca reducir el tráfico vehicular en la ciudad de Lima.
La política de "Pico y Placa", busca reducir el tráfico vehicular en la ciudad de Lima.
Redacción EC

¿Prohibir o incentivar? ¿Sancionar o seducir? A nivel global, el diseño de políticas públicas ha girado hacia modelar opciones y alternativas que permitan a los ciudadanos elegir aquello más beneficioso a nivel individual y que tenga consecuencias costo-efectivas a nivel colectivo. No obstante, el planteado por la Municipalidad de Lima no incentiva ni seduce al usuario a tomar decisiones que le favorezcan y generen bienestar en su entorno.

Desafortunadamente, la medida vehicular, tal como ha sido implementado por la Municipalidad Metropolitana de Lima, no brinda opciones ni incentiva hábitos de civilidad vial. Por el contrario, limita el universo legal de opciones del ciudadano e incentiva la búsqueda de alternativas informales que contribuirán al colapso del sistema de transporte urbano de la ciudad.

Desde el trabajo germinal del Nobel Daniel Kahneman, de la Universidad de Princeton, hasta lo planteado por el también Nobel Richard Thaler, de la Universidad de Chicago, la ingeniería social que se aplica a través de la Ciencia del Comportamiento tiene como fundamento filosófico valorar al ciudadano como un individuo capaz de tomar las mejores decisiones si se le brinda información completa sobre los beneficios y perjuicios para él o ella y su entorno.

Así, decisiones mejor informadas y parametradas por incentivos reducen el problema de información asimétrica planteado por el economista George Akerlof e internalizan costos que, en otro contexto, implicarían una mayor carga para la sociedad.

Según cifras del MTC, Lima Metropolitana y el Callao cuentan con un parque automotor de aproximadamente 1,8 millones de vehículos, o 66% del total nacional. Cerca de 200,000 de ellos brindan el servicio de taxi y realizan a 4.7 millones de viajes al día, según la consultora de transporte española Taryet.

De esa manera, el “pico y placa”, insertará en las decisiones diarias de millones de ciudadanos una serie de restricciones y regulaciones que, en un contexto de informalidad, será costo-efectivo ignorarlas o encontrar la manera de evadirlas.

Los limeños se enfrentarán diariamente una prohibición que, en un contexto de alta informalidad y de limitada fiscalización, brindará los incentivos para quebrar la ley. Entonces, con el “Pico y Placa” se inoculará un “antídoto” que terminará agravando la enfermedad vial de la ciudad. Dicen que el infierno está pavimentado de buenas intenciones, y parece que las pistas de Lima también.

Es saludable que la Municipalidad Metropolitana de Lima haya dado el primer paso hacia lo que, se espera, sea una reforma integral del transporte limeño.

Lamentablemente, el “pico y placa” es una solución del siglo XX para un problema que requiere de la radical idea de empoderar al ciudadano limeño como agente fundamental de la reforma al tomar decisiones informadas. De lo contrario, seguiremos colocando los caballos por delante de la carreta, o al auto por delante del vecino.

*Álvaro Zapatel es miembro del Partido Político Acción Popular

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