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¿Ha sido efectiva la descentralización en las regiones?

Los recursos económicos han crecido en varios gobiernos regionales, pero hay aspectos por corregir para garantizar buen uso

¿Ha sido efectiva la descentralización en las regiones?

¿Ha sido efectiva la descentralización en las regiones?

CECILIA NIEZEN /  

Lo que ha sucedido con el gobierno regional de Áncash ha abierto la discusión sobre la efectividad de los procesos de descentralización y regionalización iniciados 12 años atrás, para romper con el centralismo limeño.

Corrupción, autoritarismo, mal uso de los recursos públicos e incluso sicariato (en investigación) podrían ser la cara más tenebrosa de una autonomía regional sin control y límites aparentes. La debilidad de los mecanismos de control políticos y administrativos, sumada a los crecientes recursos económicos, que reciben diferentes regiones del país, parecen ser la combinación perfecta para abrir la puerta a todos o algunos de los males descritos.
 
En el caso del Gobierno Regional del Cusco, el más rico del país, su presupuesto total modificado pasó de S/.453 millones a S/.2.116 millones entre el 2004 y el 2013. Que se incrementen los recursos en zonas que enfrentan grandes carencias básicas y poblaciones en pobreza y extrema pobreza es una buena noticia. Sin embargo, un reporte del Grupo Propuesta Ciudadana (GPC) indica que entre julio y agosto del 2013 este gobierno regional cayó en una situación de ‘iliquidez’, generada por una gestión que priorizó su proyecto reeleccionista a un manejo responsable de los recursos públicos. Pero hay más casos.

El Gobierno Regional de Tumbes, cuyo presupuesto institucional de apertura se ha incrementado en 89,7% desde el 2009 hasta este año, enfrenta diferentes denuncias por corrupción. El congresista Manuel Merino de Lama, cita por ejemplo que hay  S/.30 millones provenientes del canon, que debían ser transferidos a los institutos tecnológicos y pedagógicos de la región (según ley) cuyo paradero no se conoce. Merino de Lama asegura que el Gobierno Regional no ha informado sobre el tema. En este contexto, el debate sobre la descentralización, la regionalización y los mecanismos adecuados para evitar casos de malversación, falta de transparencia e impulsar un gasto eficiente resultan más necesarios que nunca.
  
Los entrevistados para este artículo consideran que los procesos de descentralización política, administrativa y fiscal no han marchado al ritmo del fortalecimiento de las instituciones que debían velar por el control y la transparencia del  manejo de los recursos públicos. No obstante, no creen que el proceso descentralizador sea la causa de los graves problemas generados en algunas regiones. ¿Qué está fallando?

En opinión del economista Elmer Cuba, el Poder Judicial ha hecho mal su trabajo y la Contraloría, a través de sus órganos de control institucional (OCI), no ha tenido la presencia que debería. “Si ves los recursos que dedica la Contraloría a un distrito limeño, son mucho mayores en presupuesto y gente  que los que dirige a los distritos mineros. Si los distritos mineros tienen mucho más ingresos propios que los municipios limeños, entonces hay también un centralismo por parte de la Contraloría”, dice Cuba. 

INEFICIENTE CONTROL
En la misma línea, el congresista Juan Carlos Eguren sostiene que el Sistema Nacional de Control, liderado por la Contraloría, no ha tenido un eficaz sistema de fiscalización, lo que ha abierto espacio a la corrupción en gobiernos subnacionales. “En algunos casos, esta caja negra que tiene como origen la corrupción, se ha complementado con recursos provenientes de la minería ilegal, el narcotráfico o el tráfico de tierras”, dice. Por ello, asegura que es preciso fortalecer la Contraloría, pero también la Unidad de Inteligencia Financiera para que tengan una mayor capacidad de acción. “Ya se dio el marco legal para fortalecer a la Contraloría, pero el Poder Ejecutivo camina muy lento en la asignación de recursos. La inversión requerida se justifica plenamente, pues los estimados de lo que se puede perder por corrupción al año  ascienden a S/.10.000 millones”, dice Eguren.

En otro punto, Carlos Anderson, presidente del Ceplan, señala que es importante analizar cómo está estructurado el Estado Peruano en sus tres niveles (nacional, regional, local), así como los grados de correspondencia y combinación en los recursos. “El tener regiones con recursos que administrar, sin la capacidad adecuada y que, además, no tienen una responsabilidad acorde con esa capacidad  de gasto, es caldo de cultivo para el mal manejo”, asegura.
  
Por ello, Epifanio Baca, coordinador ejecutivo del GPC, considera que ha sido  un error transferir tantos recursos a los gobiernos subnacionales sin comprometer resultados medibles contra el dinero entregado, situación que debe cambiar. Entre otras medidas, propone modificar el sistema presidencialista actual, que se manifiesta en la concentración excesiva de las decisiones en el presidente regional y su cuerpo de gerentes: “Una manera de fortalecer contrapesos es que el presidente informe, al menos tres veces al año en el Consejo Regional, de las decisiones importantes sobre presupuesto que ha tomado o tomará”, dice.

DESCENTRALIZACIÓN
Pero la solución al problema parece ir más allá del fortalecimiento de los mecanismos de control. Carlos Arana, de la Red de Municipalidades Urbanas y Rurales, sostiene que si bien el caso Áncash debe servir como un ejemplo por donde no debe transitar el proceso de descentralización, es preocupante que se cuestione el proceso en sí.

“La descentralización es necesaria para modernizar el Estado  y que llegue a todos los ámbitos de nuestro territorio”, sostiene. En su opinión, este proceso debe continuar con los diferentes correctivos necesarios. Y para muchos, parte de esos cambios tiene que ver con terminar de transferir competencias, funciones y el desarrollo de capacidades técnicas e institucionales. Para otro grupo, repensar el diseño de descentralización pasa incluso por pensar en el desarrollo de macrorregiones. En esa línea, el economista Elmer Cuba propone analizar, por ejemplo, si el número de regiones es el óptimo. “Hay regiones que operan en unidades territoriales muy pobres, con ciudades que no son capaces de dar los servicios de grandes urbes como Arequipa o Piura. Ahí tal vez hemos hecho una mala descentralización”, dice.

Pero generalizar los casos negativos es un error. Un reporte de GPC indica que tras las experiencias exitosas de gestión regional (San Martín, por ejemplo) hay liderazgos democráticos capaces de construir consensos en temas de inversión pública y privada, así como alianzas estratégicas para conseguir asistencia técnica y promover las inversiones requeridas para el desarrollo regional.

En este punto, Carolina Gibu, directora de Ciudadanos al Día, hace la distinción entre la gran corrupción enquistada en algunos gobiernos regionales y otros, como el de Lambayeque y Piura, que han avanzado en construir institucionalidad y en mejorar  sus niveles de gasto público. Institucionalidad fuerte, vocación democrática, así como organismos de control eficientes, inciden en el buen desempeño de los gobiernos regionales, alejando a quienes solo ven el presupuesto público como un jugoso botín.

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