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Las unidades vecinales: los barrios perfectos

La construcción de las unidades vecinales tenía el propósito de convertirlas en unas miniciudades

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Pocos barrios en Lima han sido tan meticulosamente planeados como las clásicas unidades vecinales. Mucho antes de la construcción de los edificios de viviendas del programa Mivivienda y  los ubicuos condominios, las unidades vecinales se erigieron para hacer de Lima una ciudad con mayor densidad. Las diferencias son abismales porque las unidades vecinales fueron concebidas como complejos habitacionales autónomos, por ello, contaban con mercados, postas médicas, comisarías, cines, locales comunales, oficinas de correos, escuelas primarias y con un sistema de circulación peatonal y vehicular propio. Es decir, la idea era hacer de ellas miniciudades.

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El modelo fue traído en los 40 por el entonces joven arquitecto Fernando Belaunde Terry, quien tras haber estudiado en Austin (Texas) vivió en México DF en el mismo momento en que se empezaban a construir los primeros proyectos de vivienda popular, debido a la intensa migración rural.

Cuando Belaunde vuelve al Perú, en 1937, funda la revista "El Arquitecto Peruano", en la que se debaten muchas ideas urbanísticas para Lima fomentadas por el propio Belaunde, parte de ese debate luego sería trasladado a políticas de Estado por el gobierno del presidente José Luis Bustamante y Rivero cuando en 1946 creó la Corporación Nacional de Vivienda (en la que también participó Belaunde) que impulsó la construcción de siete unidades vecinales, cuatro de ellas en Lima y tres en el Callao.

La primera en ser construida fue la Unidad Vecinal N°3, en la avenida Colonial. El dato curioso en este aspecto es que nadie sabe qué pasó con las unidades vecinales 1 y 2. Según el historiador José Luis Orrego, profesor de la Universidad Católica, los barrios obreros del Callao y del Rímac, habrían sido tomados por los planificadores como las primeras unidades vecinales y por esta razón siguieron la numeración. La Unidad Vecinal N°3 contó con 1.096 departamentos y servicios urbanos para una población de 5.440 personas. Belaunde, personalmente, supervisó este proyecto.

Posteriormente, se encargaría al joven arquitecto Santiago Agurto la construcción de las otras unidades vecinales. Así, se construyeron las de Mirones (en 1955, ubicada también en la avenida Colonial); Angamos y Miraflores (en el distrito de Miraflores), Matute (en La Victoria) y para después seguir con la del Rímac (en el distrito del mismo nombre), orientadas a la población de medianos recursos.

Todas estas construcciones disponían de grandes áreas verdes, son bloques de viviendas con muchos espacios comunes, que privilegian además el tránsito peatonal antes que el vehicular dentro de las unidades.

La idea habría estado inspirada en diseños urbanísticos ingleses de "ciudades jardín", por supuesto que trasladados a la versión peruana de edificios que contaban con un máximo de cuatro a cinco pisos.

La construcción de estos conjuntos se apoyó en las necesidades de vivienda que cada vez tenía Lima. Solo a inicios del 60 se estaban construyendo 25.000 viviendas, y se estimaba que la demanda era tres veces mayor, lo que justificaba la construcción de más unidades vecinales proyectándose las de Elio (Cercado) y Manzanilla (La Victoria).

UN DERROTERO

Las unidades vecinales, finalmente, sirvieron de inspiración para otros proyectos de gran volumen como la Residencial San Felipe (en Jesús María), que se construyó en los años 60, ya con edificios de mayor altitud y apuntando a una demanda de mayor poder adquisitivo. Asimismo, posteriormente se construirían las ciudades satélite de Santa Rosa y Ventanilla siguiendo el ejemplo de la unidades vecinales.

Orrego explica que lo importante de estas obras es que en esa época se definió el esquema de crecimiento urbanista que se preveía para Lima: densidades altas para los sectores populares que vivirían en edificios, mientras que las áreas residenciales serían para viviendas unifamiliares.

Según Orrego, la proliferación de las barriadas (invasiones en las zonas periféricas de Lima) producto de las migraciones de los 70 y 80 hizo fracasar estas soluciones urbanísticas propuestas por Belaunde por lo que no se construyeron más unidades en Lima, así se acabó con el sueño urbano del ese entonces joven arquitecto.

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