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"Presidente Trump, déjeme hablar de economía y mercado", por Gonzalo Álvarez

Si los inversionistas decidieran colectivamente que la Casa Blanca no es más una administración pro mercado, los índices podrían caer dramáticamente

Donald Trump

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(Foto:Reuters)

Donald Trump

Tradicionalmente agosto es un mes tranquilo para los mercados globales debido a las vacaciones de verano del hemisferio norte. Este año no lo fue. A pesar de que el S&P 500 en EE.UU. cerró el mes prácticamente en el mismo nivel en el que lo empezó (apenas subió 0,05%), del punto más alto al más bajo, el índice fluctuó casi 2,5%, la mayor variación mensual del año.

Me encantaría justificar las fluctuaciones hablándoles de economía, reportes de utilidades corporativas o sentimiento de mercado. Pero no puedo. Donald Trump y su Casa Blanca simplemente no me dejan y más bien me fuerzan a comentar sobre los convulsionados sucesos que protagonizan diariamente.

Y vaya que Trump tuvo un agosto agitado: se peleó públicamente con Mitch McConnell, líder republicano en el Senado y aliado indispensable, lo quiera Trump o no, para que el Congreso saque adelante la agenda de la Casa Blanca. Despidió a Steve Bannon, la voz de ultraderecha que el presidente mantenía como asesor principal, y desarmó los dos comités de CEO que lo asesoraban en temas económicos y de estrategia.

En el plano internacional, Trump descargó su ira contra Kim Jong-un y Corea del Norte diciendo que EE.UU. está listo para desatar “fuego y furia” contra el inestable país norcoreano. Adicionalmente, por enésima vez, amenazó con retirarse del tratado comercial del Nafta, insistió en la necesidad de construir un muro en la frontera con México y en su intención de que sean los mexicanos quienes paguen por él.

A primera vista, el escalamiento de la retórica contra Corea del Norte parecería ser el evento con el mayor potencial de alterar los mercados. En la práctica no fue así porque, luego del desconcierto inicial tras la amenaza de fuego y furia, el mercado (y el mundo en general) es consciente de que el inicio de un conflicto bélico contra Corea del Norte sería tan devastador que la probabilidad de que se dé es casi nula. En ese sentido, no me sorprende que Rex Tillerson, ministro de Estado, y el general Mattis, ministro de Defensa, hayan primero puesto paños fríos a las amenazas de Trump y luego contradicho públicamente al presidente.

Si sus declaraciones con respecto a Corea del Norte fueron desafortunadas, lo que dijo Trump tras lo sucedido en Charlottesville puede tranquilamente calificarse como barbaridad pura. Incrédulos ante el respaldo implícito que Trump dio a grupos de odio como los neonazis o el Ku Klux Klan (KKK), uno a uno los CEO pertenecientes a los comités de asesoría al presidente empezaron a renunciar a dichos grupos. Trump tuiteó que por cada CEO que renunciaba, había miles que querrían reemplazarlo. Sin embargo, luego de que cinco o seis se distanciaran de él, el presidente decidió disolver los dos comités, evitándose el tener que lidiar con las inminentes renuncias que se le venían.

La relevancia de todo esto para los mercados es que las renuncias de los CEO y posterior disolución de los comités marcan un punto de inflexión en la administración “pro mercado” de la Casa Blanca. Si los CEO más influyentes de EE.UU. se distancian del volátil presidente, ¿qué motivación le queda al mandatario para darles una mano empujando la esperadísima reforma tributaria sobre la que basó su campaña electoral? Aun cuando actualmente las expectativas de los inversionistas con respecto a avances en el plano fiscal son bajísimas, aún existe la percepción de que el gobierno de Trump vela por los intereses del sector empresarial. Pero las percepciones cambian y si los inversionistas decidieran colectivamente que la Casa Blanca no es más una administración pro mercado, los índices podrían caer dramáticamente.

Si hay algo positivo en la situación actual, es que la economía en el mundo en general y en EE.UU. en particular está caminando razonablemente bien. Si los inversionistas, que hoy nos vemos forzados a dedicar buena parte de nuestra atención a las constantes rabietas de Trump, tuviésemos además que lidiar con cifras macroeconómicas decepcionantes, otra sería la realidad de los rendimientos de las bolsas en el mundo.

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