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¿Quiere realmente Barcelona terminar como Montreal?

La amenaza secesionista de Quebec es un espejo para Cataluña

Cataluña

(Ilustración: Giovanni Tazza)

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Cataluña está comenzando a sentir el efecto Montreal, incluso antes de decidir si se independizará.

Compañías importantes están evaluando dejar la región, una de las más ricas de España, en lugar de enfrentar el riesgo de quedar al margen de la zona euro, la Unión Europea y la comunidad internacional de inversión, a raíz de un referendo no oficial que, en opinión de los líderes catalanes, apoya la independencia.

La secesión unilateral sería una apuesta osada, dada la ilegalidad del referendo y la falta de apoyo internacional. La independencia sería una “idea difícil de promover”, estima Barclays, y no hay ninguna claridad sobre cómo y cuándo Cataluña cumpliría su amenaza independentista.

Sin embargo, eso no impidió que el Banco Sabadell decidiera trasladar sus oficinas centrales a Alicante tras una reunión del consejo de administración celebrada el jueves, informó Bloomberg News. Se dice que CaixaBank, en tanto, preferiría las Islas Baleares. Una pequeña farmacéutica ya ha cambiado su domicilio legal de Barcelona a Madrid. Los precios de las acciones de las tres compañías subieron el jueves.

Los banqueros e inversionistas dicen haber visto esta película antes, en Canadá. Durante las últimas cuatro décadas, las oficinas corporativas han salido poco a poco de la provincia francófona de Quebec, que representa el 19% del PBI de Canadá, casi lo mismo que Cataluña. El movimiento separatista es una de las varias fuerzas en acción, pero es clave. La aseguradora Sun Life Financial trasladó su sede de Montreal en 1978, aludiendo a la inestabilidad política y la introducción de leyes sobre el uso del francés como idioma oficial. Entre 1999 y el 2012, Montreal perdió casi el 30% de sus oficinas centrales, según un estudio. Incluso el Banco de Montreal tiene su sede en Toronto.

Para las empresas domiciliadas en Cataluña, la secesión las llevaría a una agitación legal y financiera: ¿qué sucedería con su acceso al mercado único europeo y las entidades reguladoras? Ambos son vitales para muchas entidades no financieras, como las compañías farmacéuticas, que quieren vender productos a nivel regional con aprobación regulatoria.

La amenaza a los bancos es especialmente potente. Un divorcio complicado de España haría que los clientes corporativos probablemente retiren su dinero de la región. Es improbable que los consumidores se queden de brazos cruzados. El respaldo explícito de Europa a España significa que, en teoría, el acceso de las entidades de crédito al financiamiento de los bancos centrales también se acabaría. ¿Por qué asumir esos riesgos con el dinero de los clientes y la confianza de los accionistas cuando la respuesta podría ser tan simple como cambiar de dirección?

Incluso si no se produce la independencia, existe una posibilidad de movimientos populares de boicot y de que los consumidores restrinjan el gasto. Eso, por sí solo, sería una razón para pensar dos veces sobre las inversiones y la salud de los negocios futuros. Un banquero advierte que este es el tipo de riesgo que podría hacer que una región completa no fuera digna de recibir inversión. Fuertes palabras, tal vez, pero la atmósfera es claramente tensa, en especial en un momento en que los más optimistas pronostican que España registre este año su mejor desempeño económico desde el 2007.

Al igual que con el referendo de Escocia en el 2014 y la votación del ‘brexit’ en el 2016, los inversionistas y las empresas europeas saben que los planes de contingencia valen la pena. Pero incluso si Cataluña se abstiene de la opción nuclear, hay mucho en juego en vista de la prolongada agitación política. Independientemente de ello, el capital podría huir pase lo que pase.

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