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FUNDADORA DE "CARETAS"

Falleció Doris Gibson

Por Luis Silva Nole

No paren las rotativas, hubiera dicho ella, con ese vozarrón que la encumbraba por encima de todos. Las redacciones nunca están en silencio, menos cuando se habla de la rebeldía que siempre lució o se escribe sobre su apasionada vida. Los golpes de teclado se escuchan hoy más feroces, no solo en "Caretas", su gran creación. "Doris Gibson ha muerto" es el titular ideal de bandera, pero no se puede decir adiós a alguien que nunca se irá.

Inspiración de imperecederos poetas y pintores, piedra enorme en la bota para dictadores militares, defensora implacable de la libertad de expresión, mujer que rompió los moldes femeninos tradicionales de mediados del siglo XX. Doris Gibson Parra, la fundadora del semanario estelar de la prensa peruana, apagó ayer esa voz de mando para siempre.

Seguramente vendrá hoy el hasta pronto, no el adiós, en la Plaza de Armas, en uno de cuyos portales está actualmente la redacción de "Caretas". Las más altas autoridades y sus innumerables amigos irán a rendirle merecidos honores, y Enrique, su único hijo y ex director de la revista, los recibirá conmovido y orgulloso.

Doris tuvo el coraje de fundar "Caretas" en 1950, junto con Francisco Igartua, en pleno mandato de Odría. Los militares cerraron más de una vez la revista, cuyo primer local se ubicó en la cuadra 7 del jirón Camaná. Y a lo largo de su vida, rodeada de intelectuales, pensadores y artistas, acumuló méritos de sobra como para que la Orden al Mérito por Servicios Distinguidos en el grado de Gran Cruz, que el presidente Toledo le otorgara en el 2002, le quedara chica.

Por un mal de cadera hereditario, durante los últimos de sus 98 años Doris, a secas, como le gustaba que le dijeran, usó una silla de ruedas, a la que llamaba su carrito, como escribió en el 2005, en El Comercio, nuestra querida y recordada periodista Jimena Pinilla Cisneros, en un perfil titulado "Doris y su universo azul", dedicado a la periodista mayor.

Aquella vez Jimena, ya fallecida, escribió: "Hoy Doris ya no va a 'Caretas'. Ni siquiera en esa silla de ruedas que utilizaba para llegar hasta las nuevas oficinas de la Plaza de Armas en el año 2000. Salía a pasear y siempre terminaba respirando gases lacrimógenos, recuerda Enrique con una sonrisa. Tampoco firma los cheques, labor que le entusiasmaba porque la hacía sentirse al mando. Menos aun recorre los viejos restaurantes donde era asidua comensal. Está en su casa y tiene sus días. Esos en los que el tiempo pasa sobre ella sin resistencia y esos otros donde Doris vuelve a levantar la cabeza, hace gala de lucidez y pretende seguir gobernando sus sentidos. 'Cuando quiero entender las cosas entiendo y cuando me conviene veo', le dijo con su vozarrón intacto hace poco a su enfermera". Hoy la conversación entre ambas debe ser sabrosísima.

Doris dio su primer zarpazo de rebeldía al nacer en Lima, un 10 de abril, justo cuando sus padres, el poeta Percy Gibson y Mercedes Parra del Riego se embarcaban a Arequipa. No nació allá, pero su temperamento volcánico la hizo hija predilecta de la Ciudad Blanca.

En su infancia se enamoró de los maizales de Arequipa, pero cuando tuvo 13 años sus padres decidieron volver a Lima. Fue así que se codeó con la intelectualidad de la época. Sin embargo, ante el apego de Percy y Mercedes a la bohemia, muchas veces actuó como diligente madre dentro del grupo de nueve hijos que tuvo la pareja.

En Bellas Artes posó para José Sabogal, Julia Codesido y Laura Zegarra. También para Sérvulo Gutiérrez. Alma de épicos almuerzos con comida criolla y pisco sour, fueron clásicas sus reuniones en la peña Pancho Fierro y el bar Zela con Sebastián Salazar Bondy, Chabuca Granda, César Moro y Nicomedes Santa Cruz, entre otros.

Se casó con el argentino Manlio Zileri --padre de Enrique-- de quien se separó tiempo después.

Tuvo una fortaleza admirable. Doris nunca dejó que el enfisema pulmonar, que padecía desde hace más de dos décadas por culpa del café y el cigarro, la tumbara. Pero el peso del tiempo, inexorable, hizo finalmente que callara.

Sus restos se velan desde anoche en calle Bellavista 215, Casuarinas, Surco. Hoy al mediodía recibirá un homenaje en "Caretas" y será sepultada a las 4 p.m. en el cementerio Parque del Recuerdo de Lurín. Ahora sí, silencio.

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