Comentario del editor: Apelando a la acción del Estado: ¿de qué Estado?

Las recomendaciones de la CVR han tenido la repercusión de la indiferencia

Por Juan Paredes Castro

A propósito de los cuatro años de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) sobre la guerra interna del 80 al 2000, Augusto Álvarez Rodrich y Martín Tanaka coinciden, en sus columnas de Perú 21, en el fundamento de que no ha pasado nada, pese a los compromisos que con ellas asumieron los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García.

Concuerdo perfectamente con ambos, pero reconozco, en medio de este drama de silencio e indiferencia, que la fractura institucional del país y la modorra del Estado siguen siendo tan graves, que a los intereses de impunidad en juego les resulta muy fácil montarse sobre un gobierno distraído y un Legislativo inepto para apartarnos de nuestra memoria histórica y, lo que es peor, de nuestro proyecto de vida civilizada.

¿No es que la CVR se había equivocado desde el comienzo de interlocutores? ¿Acaso creía que sus recomendaciones estaban dirigidas a gobiernos sucesivos dispuestos a empeñar su palabra?

Es más: ¿Qué pasó con la verdad de 20 años de barbarie, con el señalamiento y enjuiciamiento de responsables de la violencia terrorista y su consiguiente represión policial-militar? ¿Y qué con la reparación de las víctimas y con esa reconciliación nacional, que es una palabra inteligente y sentida, pero sin eco en la realidad?

Si pensáramos seriamente un solo día en hacer más Estado, más democracia y más institucionalidad, no sentiríamos el horror de llegar al 2011 nuevamente con el fantasma del antisistema sobre nuestras cabezas. Y a eso vamos en la medida que el Congreso insiste en desprestigiarse a sí mismo, que los partidos se cierran verticalmente en sus predios internos, que las reformas institucionales no conocen sino la mesa de la Comisión de Constitución del Legislativo y que el Gobierno pretende concentrar el pasivo y activo del país, porque este tampoco ha aprendido a ver otra instancia de poder encima suyo que aquel.

Efectivamente, a los cuatro años del informe de la CVR todos hemos salido al encuentro del Estado que nos hemos prefigurado como bien parado sobre sus pies. Una vez más debemos lamentar que nos hemos equivocado, que ese Estado al que tendríamos que poner contra la pared, exigiéndole una rendición de cuentas, no está en condiciones de contestarnos nada, al igual que los dignatarios que lo representan.

No importa si la CVR tenía más de izquierda que de centro. Tampoco importa si hubiera sido más de derecha que de centro. Más nos alegraría tener un Estado que supiera discernir por qué pasó lo que pasó del 80 al 2000 y de qué manera tendríamos que resarcir la barbarie y soldar nuestro viejo y curtido abismo social.