MI HOGAR

La sopa ¿amiga o enemiga?

EN PLENO INVIERNO, ES MOMENTO PARA HABLAR DE LAS SOPAS. RECLAMADAS POR UNOS Y ODIADAS POR OTROS, HAY VARIOS TEMAS A TOMAR EN CUENTA

Por Eduardo Lavado Gagliardi

Somos soperos. Le guste o no la expresión, lo cierto es que en nuestro país se consume con fruición este humeante manjar. En invierno tiene su máximo reinado, pero todo el año es bien recibido. Nada de cremitas o calditos --que se toman, es cierto--, pues solemos preferir algo más consistente. La mayoría tiene origen plebeyo, pero algunas, como el aguadito, coronan sin empacho matrimonios o bodas de alcurnia. Y las propuestas internacionales son muy bien recibidas, vengan de China o de Italia, por citar solo unos casos.

Pero no todos las adoran. Gracias a la contracampaña emprendida por Mafalda, se han convertido en el cuco alimenticio de los niños (ni el Manuelito la quería, por lo que tuvieron que llamar a San José), y algunas voces especializadas también ponen reparos en su consumo. No la dejemos enfriar y pasemos a los detalles.

DE GUSTOS Y SABORES
Sopas se toman en todos los rincones del país. Desde la criolla, en Lima, pasando por el clásico sancochado, hasta el caldo de cabeza en la sierra o el inchicapi en la selva (sin olvidar el arequipeñazo chupe de camarones). Las familias de ascendencia italiana no pueden dejar de preparar el delicioso menestrón mientras que los que habitamos el Centro de Lima sabemos que el Barrio Chino siempre será el paraíso para los amantes de la sopa wantán. Justo allí encontramos un defensor acérrimo de este potaje. "El peruano busca mucho las sopas no solo por su sabor sino porque las considera un elemento muy importante para recuperar la energía perdida en el día. Siempre se la ha asociado como un alimento vigorizante", afirma Luis Yon, doctor y chef del chifa San Joy Lao.

La costumbre de tomar la sopa antes del resto de los alimentos tiene como base la idea de que preparará el aparato digestivo para recibir los alimentos. "Así se acostumbra a hacer en Cantón, pero en Beijing o Shangái se toma al final, como un catalizador del proceso digestivo", aclara Yong.

Sin embargo, no todos celebran que la sopa se tome a discreción en nuestro medio. Para la nutricionista Milagros Agurto, un buen menestrón una vez por semana ofrece una densidad calórica aceptable. Y si se le añade un trozo de queso se las vuelve nutritivas. "Contra lo que luchamos es con esa idea de darle calditos a los niños, pues nada tienen de alimenticios y solo los van a llenar y evitarán que quieran comer los sólidos que vienen luego. Considerar un caldito como plato único puede llevar a un niño en crecimiento a una desnutrición, en especial en las zonas más humildes del país. Hasta los 5 años hagámosle caso a Mafalda: cero calditos. Ya luego, un buen sancochado o un menestrón son bienvenidos", advierte.

Eso sí, la especialista recomienda que no se hiervan mucho los vegetales de una sopa, pues se dejará de recibir las propiedades benéficas de las verduras. Por ello, si va a hacer un menestrón bien puede cocer primero el frejol que demora más y ya casi al final incluya los vegetales. "Si opta por una sopa contundente como plato único en su dieta familiar, una porción de vegetales como acompañamiento nunca está de más", acota.

¿Y acaso la sopa puede ayudarnos a evitar el resfrío o ayuda a curarlo? El doctor José Pineda, neumólogo del hospital Rebagliati, es claro al respecto. "Una sopa no abriga más que la calefacción o un buen abrigo. La ingesta de líquidos colabora para mantener la temperatura corporal y facilita la alimentación del paciente, que en ese trance se encuentra inapetente. Pero solo es una medida de soporte, pues en ningún caso evitará un posible resfrío si se da el contagio del virus".