Contracorriente. LA FUNCIÓN DE LA FUSIÓN

País de todas las músicas

Efraín Rozas, músico y antropólogo (o viceversa), ha venido estudiando un fenómeno que ya conocemos a través de la gastronomía: la fusión, el encuentro de culturas. La música, como arte, es un buen espacio para preguntarse de qué está hecho el Perú

Por Ricardo León

No hay nada puro en la música: todo es fusión. Establecer como objeto de investigación la banda sonora peruana sería imposible, sería como descubrir la gastronomía peruana pura, original. En el caso de la música peruana, la llegada de los españoles marcó un antes y un después, pero no fue esa la única bisagra a la que se expuso. Efraín Rozas (Lima, 1979), músico y antropólogo, explica que su libro "Fusión: banda sonora del Perú" es, más que una afirmación, una pregunta: ¿Qué somos? ¿Qué es aquello que reúne a todos los peruanos, musicalmente hablando? ¿Cuál sería la fusión de fusiones en la música local?

No se puede delimitar cuál fue la primera fusión de la música en el Perú. Usted sostiene que el mundo andino es cosmopolita, abierto.
Está el mito fundacional del Imperio Incaico que es el de Manco Cápac y Mama Ocllo: no es casual que ellos salieran del Titicaca; es una referencia clarísima de la importancia del mundo aimara, que es distinto al quechua. Pero desde ahí ves un imaginario cosmopolita, la interacción de dos mundos. Ahí se ve cómo el estado inca no destruía la cultura local que conquistaba; la asimilaba, dialogaba, imponía sus patrones, pero conservaba los ya existentes. Hice un estudio acerca de la música en las crónicas de Guaman Poma de Ayala y ahí hay una serie de usos de la música y de cómo ellos percibían la música del mundo de la selva; el mundo andino siempre veía el mundo de la selva como mitológico, peligroso, primitivo, pero hubo una in-teracción musical importante.

En su libro, el músico José Luis Madueño habla de una "evolución del folclor". Y dice que la fusión es distinta al folclor.
Por un lado todo es fusión, pero si todo es fusión, nada sería fusión; ahí entra el tema. El término que da el título al libro alude a un género musical contemporáneo, de mitad del siglo XX para adelante, que está en el contexto de la globalización, que hace explícita la mezcla, enfatiza la mezcla. Quiere demostrar de una manera clarísima esta mezcla, incluso en las portadas de los discos, los nombres de las canciones, como diciendo "mira, esto es modernidad, pero es tradición también". Esa es la diferencia entre la fusión y el folclor. El folclor se presenta como una cuestión más tradicional, no te está diciendo cuáles son las mezclas que tiene hacia adentro. El huaino, como lo conocemos hoy en día, tiene una clarísima influencia de la música española. Lo mismo la marinera con la música andaluza. Hay quienes afirman que tiene influencia hebrea vía los moros de la zona andaluza de España, pero la marinera no tiene el afán de mostrar esa influencia explícitamente.

Hay músicos criollos que piensan que la música criolla debería permanecer como es originalmente. Ya ellos son una fusión y han querido negar el paso siguiente.
El vals criollo es por excelencia el género cosmopolita. El mismo Felipe Pinglo introdujo elementos del 'fox trot' (baile estadounidense que se hizo muy popular en 1914), vinculado al jazz estadounidense. Volvemos al tema de que todo es fusión, en el vals hay un deseo de una afirmación criolla local, y esta identidad se dio también para diferenciarse de la cultura andina que llegaba y, aunque no lo creas, sí están abiertos al cambio, lo que pasa es que no todos los cambios son exitosos. Pinglo en su momento innovó y fue aceptado. Chabuca Granda innovó y fue aceptada. Yo he conversado con criollos que dicen que "Cholo soy" como producto está bien hecho. Hay una apertura al cambio, más de lo que se cree.

En los últimos años la música empieza a mirar, igual que la gastronomía, a la sierra y la selva. Dos preguntas: ¿por qué? y ¿por qué gusta tanto?
Esta mirada hacia el interior, hacia lo histórico, digamos, no es la primera vez que ocurre. Sucedió con el movimiento indigenista de los años 50, que rescató al indio y su mundo. Pero esto de la fusión responde a un contexto de globalización. Digamos que la gente se pierde en esta marejada de símbolos y uno, dentro de esta cantidad de referentes de identidad, también quiere conservar su identidad. Y la fusión en la comida o en la música te permite ser internacional, pero a la vez tener tu propia identidad. Tocas un huaino, pero estás tocando también jazz y música electrónica. Y puedes estar bailándolo aquí o en Nueva York, pero le pones el rótulo 'Perú'.

¿Podría ser una respuesta, musicalmente hablando, del limeño clásico que ve que Lima ya no es 'su' ciudad, que es 'otra'?
Más que un sentimiento de acorralamiento o de escape, es un deseo de encontrar una unidad en la diferencia. Estos músicos son como antropólogos musicales. Sales a la calle y encuentras negros, blancos, cholos, selváticos, ¿dónde está la unidad? Esta pregunta está desde que se fundó la República: ¿Cómo hacer para resolver este problema de la diversidad? ¿Dónde está aquello que nos vincula?

La música chicha es como una avalancha que no se cansa de incorporar más elementos y más símbolos y no queda mal. ¿Por qué esa tendencia como a aceptar todo?
La música chicha tiene su propia historia, y tiene esta cualidad de incorporar elementos de todos lados porque es la música de los migrantes, de esos que se creían simplemente campesinos. Ese del "cholo soy, no me compadezcas", el cholo que viene a Lima a ser moderno y coge guitarras eléctricas. Lo interesante es que ellos enfatizan con el eco, la reverberación, los colores brillantes; así como en la fusión se hace alusión a la tradición, usando zampoñas y cosas que refieren a una cuestión tradicional, en la chicha se usan elementos que refieren a cuestiones modernas, el uso de rayos láser, brillos.

Hay quienes califican lo chicha de huachafo o alienado, son los dos adjetivos clásicos. Pero ¿no es un valor eso de poder abrirse tanto? Ya quisiéramos todos abrirnos tanto.
Es un valor, estoy de acuerdo. Para mí, es uno de los géneros más originales que se han hecho en las últimas décadas, si no el más original, es algo totalmente propio. Así como Hernando de Soto propone que la informalidad y sus lógicas deben incorporarse antes que rechazarse, estas estéticas también, en lugar de rechazarse deben incorporarse para encontrarles el valor y, sin duda, desarrollarlas. Nadie va a negar que también es una industria precaria.

Mientras escribía este libro fallecieron los integrantes de Néctar y la Muñequita Sally. Sus canciones ahora se escuchan en fiestas de 'clase alta'; mucha gente escucha "El arbolito", cuando antes jamás lo habría hecho. ¿Es solo una moda o hay algo detrás?
La música es una forma de crear identidad, de decir quién eres tú. Las personas que antes no habrían escuchado chicha o cumbia --gente de 'clase alta'-- están reflejando lo que se vive en la calle, en la vida diaria. La cultura migrante está presente, y los limeños clásicos están hablando de su identidad a partir de esta otra expresión incorporándola en sus fiestas, sea burlándose o disfrutando esa música. Hay muchas formas de ocuparse de ese tema. La cosa está cambiando, hay mucho más espacio para esta cultura. Es cierto que a veces se le ve en un tono medio exótico, como anécdota, pero es un fenómeno que va a ser estudiado y observado.

Usted es antropólogo y músico. ¿Cuándo mezcló ambas profesiones?
Desde que entré a la Facultad de Antropología siempre me marcó el tema de la identidad; en paralelo estuve estudiando música. Esa pregunta fue evolucionando y sin darme cuenta estaba haciendo, por un lado, una antropología de la música y, por otro lado, una especie de música antropológica. Cuando terminé el libro, llegué a la conclusión de que esa pregunta es tan compleja que no la puedes responder solo desde la sociología o desde la antropología o desde la música. Es necesario combinar.

Usted integra un grupo de música fusión, Radiohuayco, donde todos provienen de lugares y espacios distintos. Como lo que venimos hablando.
Cuando empezamos a tocar como Radiohuayco quisimos hacer una música que fuera como la banda sonora de la vivencia de Lima, esa Lima cosmopolita. En Lima tú tienes pedazos de China, pedazos de África, pedazos del ande, de la selva, y todo lo puedes vez en un viaje en combi. La música que hacemos es eso, es como el concepto del huaico, de la mezcla que recorre todo y jala todo a su paso, y lo interesante es que este grupo está formado por gente de todos lados. El guitarrista es cusqueño con una onda muy andina; el bajista es negro, afroperuano de familia musical; el pianista es del Callao, más tropical; tenemos a una chica de Los Olivos que hace los 'ruidos', una onda vanguardista electrónica; y yo soy de La Molina... Al final todos somos productos de Lima, que es totalmente cosmopolita y totalmente chicha y somos una fusión total.

La idea es mezclar sin asco. Antes la gente tenía una especie de repulsión a esas mezclas.
Nosotros creemos que ya no se trata de quejarse o reivindicar. No, hay que encontrar la belleza en esa cultura chicha de la que hablamos, en ese revoltijo que a veces se mira mal. Ahí hay una belleza, hay una originalidad increíble, Lima es una ciudad totalmente original. Huaico es un término bien cholo, bien peruano --lo usamos, claro, sin ningún afán de burlarnos de las desgracias que ocasiona--, es el río que recorre cuesta abajo recogiendo un poco de todo, mezclándose, y cuando llega, llega marrón, juntando todas las culturas, todas las sangres, como decía Arguedas.

Lo peruano y sus ingredientes
El título del libro alude, según Efraín Rozas, a la inquietud por buscar que tienen los músicos de fusión; es un afán de decir 'así es la música peruana', es una pregunta: ¿Cómo podemos llegar a esa unidad en la diferencia, a esa banda sonora? "La identidad es eso, no es algo estanco. La identidad de la música siempre es fusión, nunca se llega a cristalizar la identidad. El ser humano y todo lo que produce el ser humano --como la música-- siempre está fluyendo. En ese sentido es la banda sonora del Perú. Es un deseo de plasmar esa inquietud sobre qué es ser peruano, pero a través de la música", sostiene el autor.

En el caso peruano se considera como uno de los primeros grupos de música fusión a Los Mojarras, que mezclaban rock con cumbia, un poco de chicha y que se hicieron conocidos en escenarios de todo tipo. Disuelto el grupo, algunos de sus integrantes formaron La Sarita, que mezcla también estos géneros, pero además incluye salsa, huaino, cumbia amazónica; en sus conciertos, incluso, participan danzantes de tijeras.

El libro incluye una entrevista a Manongo Mujica (entre otros). Dice el conocido músico: "Cada uno tiene su propia sonoridad en el Perú, de acuerdo con su infancia, su formación, sus referencias generales". Por eso el libro no plantea una respuesta a las preguntas de la identidad musical peruana, sino que más bien ahonda en ella.

"Yo no creo sinceramente que esa pregunta se cierre nunca", explica el autor. En octubre, por cierto, se presentará el primer CD de su grupo Radiohuayco, que incluye canciones en las que se mezclan ritmos, culturas, es como un repaso rápido a través de todo lo que un peruano puede llegar a escuchar dentro del país.