Especial

Viaje infinito

Asedios a Blanca Varela
Sigiloso desvelo. La poesía de Blanca Varela es el título del ensayo de la filóloga española Olga Muñoz Carrasco que en los próximos días publicará el Fondo Editorial de la Universidad Católica. Se trata de un profundo estudio centrado en el desarrollo de una voz poética en permanente búsqueda y transformación.

Por Carlos Eduardo Vargas Tagle

Desde sus primeros sonetos publicados en La Prensa en 1946, con tan solo 20 años de edad, hasta El falso teclado, último poemario aparecido en 2001, la obra de Blanca Varela (Lima, 1926) supone un universo literario no solo sugestivo y misterioso, sino en muchos sentidos inabarcable. Pero el hecho de ser una obra de complejidad y belleza inusuales, que sigue despertando incertidumbre incluso entre las principales cátedras literarias hispánicas, no parece amainar ganas ni intentos: varias son ya las recientes aproximaciones a su diversa y desgarradora poesía.

Como parte de esa efervescencia crítica y literaria, la filóloga española Olga Muñoz Carrasco (Madrid, 1973) ha realizado un importante estudio que recorre los principales hitos de la poesía vareliana: Sigiloso desvelo. La poesía de Blanca Varela será publicado próximamente por el Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Muñoz, quien realizó un doctorado en Filología en la Universidad Complutense de Madrid, descubrió a Varela mientras estaba de paso por la Universidad de California, en Berkeley: "Cuando conocí su poesía, buscaba a una poeta que me interesara tanto como para dedicarle muchos años de investigación, pero también que me llenara como lectora y creadora". El primer encuentro entre estudiosa y poeta fue determinante: "Sus versos realmente me subyugaron. Hay algo en ellos profundamente relacionado conmigo, algo que me apela desde un lugar que desconozco", admite.

Aquella estrecha relación se siente en la obra de Muñoz. Sensible y cercana a la estructura poética que observa, discurre con naturalidad a través de ocho poemarios de Varela. Siempre el hilo conductor será el sujeto poético: "Desde el primer poemario, el lector es testigo del nacimiento de una poderosa voz lírica, y se ve impelido a rastrear sus apariciones, para después intentar dar coherencia a una silueta verbal que va descubriéndose fragmentaria, lúcida y cruel. La construcción de esa figura se convierte en uno de los procesos más complejos y persistentes. Mi libro es un intento por seguir muy de cerca al sujeto poético para comprobar cómo y cuándo la voz se forma, se transforma".

Pero no es solo una consolidación de la voz poética lo que se aprecia en la obra de Varela. Existe, además, una posterior evolución del yo a medida que se avanza en su literatura. El proceso de maduración adopta la forma de una marcha sin destino concreto. La analogía entre proceso creativo y viaje es inmediata, pues la lírica vareliana es, ante todo, asumida como tal. El ejercicio de exploración de la obra no podía ser menos que equivalente al de creación: "No se trata tanto de un análisis académico de su obra - explica la filóloga-. Con este ensayo he pretendido hacer un viaje, puesto que la poesía de Varela resulta arriesgada, intensa y también, como los viajes, frustrante de vez en cuando".

La noción de viaje sin destino ("Esa podría ser mi poesía, un riesgoso viaje a ninguna parte, para volver y empezar otra vez y otra vez", comentaría la propia Varela en alguna ocasión) no es, lejos de lo que podría esperarse, rasgo de una identidad desconcertada. Al contrario, su voz poética goza de una lucidez impresionante. Y esa lucidez proviene de un perpetuo cuestionamiento de la realidad y de los elementos compositivos del discurso poético. Precisamente así se lo diría Varela al crítico español Rafael Vargas: "Creo que comencé a escribir para ver si 'alguien' contestaba mis más secretas y obsesivas preguntas (.). No tuve más remedio que aprender a contestarme yo misma".

Con la inmersión en los versos de Varela, el lector se sume en un proceso de indagación planteado desde el principio: "Hay un continuo escrutinio de la realidad, una perseverancia en el cuestionamiento que no desaparece, que persiste hasta el final", comenta la española. Viaje y búsqueda -al fin y al cabo, poesía- son comprendidos como un río de turbulento recorrido. Su desembocadura, de acuerdo con Muñoz, toma finalmente la forma de un delta. Pero sabe que las palabras de Varela van más allá: siempre remiten a ese eterno acueducto que es la literatura. Después de todo, comentará la estudiosa, "Nunca estamos ante una poesía resignada; nos situamos frente a una creación insurrecta hasta el final". 

LA POESÍA EN EL AVÍSPERO  
Edgar O'Hara
Tiene más de avispero la casa / poéticas de Blanca Varela
Ediciones Universidad de Salamanca. Salamanca, 2007

Blanca Varela, por la alerta del ojo crítico y las evaluaciones literarias contemporáneas, va asumiendo cada vez con mayor intensidad la estatura que le corresponde, una muy alta, en el contexto de la poesía en lengua española. Su moderación y reserva personales, ajena al relumbrón mundano, sin embargo, la ha llevado a trabajar casi en silencio, fuera de la estridencia mediática, en total sobriedad. Por eso resulta valioso este nuevo y atinado libro del poeta y crítico Edgar O'Hara, Tiene más de avispero la casa, que descubre esa rara intensidad y altura de una de nuestras más encumbradas escritoras.

El libro contiene diez ensayos y artículos críticos sobre su obra poética donde se desgrana con sapiencia y perspectiva zahorí las claves ocultas de su poesía, apelando al método comparativo y con una desusada erudición en varias otras disciplinas. El excelente nivel crítico de O'Hara y su atinada intuición revisan la poesía de Blanca en sus principales libros, desde diferentes entradas. Así, el crítico ofrece paralelismos inéditos entre la obra de Varela y la de, por ejemplo, Gabriela Mistral que enriquecen las lecturas de la obra de la peruana. O con la poderosa imaginería de Jorge Eduardo Eielson en la elaboración de nombres y calificativos, así como con Pablo Neruda. O en la forma de nutrirse del lenguaje que la acerca a Heidegger. En fin, un temario vasto que escapa a esta reseña.

El libro también trae otras novedades como el desmenuzamiento de ciertos poemas complejos (así ocurre con el poema "Sin fecha" dedicado a Kafka y que O'Hara viera en distintos momentos de su elaboración, gracias a su amistad con Blanca) y el relato de circunstancias y anécdotas no conocidas de la poeta, compartidas por el autor del libro. Uno de las secciones estelares del volumen es una extensa entrevista que O'Hara le realizara a la poeta en su casa de Seattle, en mayo de 1995, a donde Blanca acudió a fin de participar en un seminario organizado por la Universidad de Washington.

Las respuestas obtenidas, gracias a la elefantiásica memoria y erudición o'hariana de la poesía de Varela, son valiosísimas. En un momento de la entrevista, por ejemplo, Varela le descubre a O'Hara las condiciones en las que germinó El libro de barro: "Yo estaba en la playa, en una especie de reposo. Estaba sola, tenía todas las condiciones ideales para pensar un pco, para dejar volar un poco la mente, ¿no? Entonces hice las primeras páginas (.) Lo que me fascinó fue la presencia del mar en Paracas, eso me gustaba. Era un hermoso día, gran soledad, toda la naturaleza para mí. El mar, la proximidad al fondo del mar, ¿no? Porque estaba sentada en una especie de muelle que avanza hacia el mar y veía las piedras del fondo, los animales y cosas por el estilo".

Ambos poetas conversan también sobre las vicisitudes del oficio. Blanca llega a decir: "Yo no soy una persona que haya estudiado cómo hacer su poesía ni que ha reflexionado, pero indudablemente ya tengo una visión de lo que quiero (.) Una vez que el poema está en el papel, sé perfectamente qué es lo que sobra y aquello que falta". Más adelante, y hablando de la poesía del argentino Juan Gelman, la poeta señala: "Me gusta mucho su poesía, una poesía muy despojada. Yo estoy (.) por la poesía cada vez más esencial, la que tiene menos adornos y recurre menos a la imagen".

En la notable entrevista, Blanca da pistas de cómo aborda su trabajo poético: "Yo no tengo una manera regular de trabajar -confiesa--, no soy una persona que se sienta a la mesa a trabajar. No tengo tiempo físico a veces, no tengo tiempo mental en otros momentos, estoy cansada. Pero hago notas y las enfermedades o las gripes, para mí, son maravillosas. Cada tanto tengo una gripe o tengo un malestar y tengo que quedarme un par de días en cama, o guardada... Y ese día leo mucho y escribo mucho". Finalmente, proporciona una confidencia deliciosa: "¿Tú sabes que escribí la mayoría de mis poemas --Canto villano, por ejemplo- dentro de un clóset? Era un clóset pequeño con una ventanita por la que podía respirar. Y tenía una mesita como ésta en la que estamos sentados ahora. Puse mi máquina y escribí allí para que mis hijos no me pertubaran". Inimaginable. El libro trae, además, un dossier gráfico de esplendentes fotografías de Varela en su casa de Barranco, hoy lamentablemente desaparecida, a cargo de Herman Schwarz, y otros documentos de valor singular.
(Enrique Sánchez Hernani)