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Los beneficios del trauma

Por Fritz Du Bois

Cuando una persona sufre de un incidente traumático se queda curado de espanto y tiende a no regresar más al lugar donde ocurrió o a repetir el mismo error. Igual sucede con los pueblos que han sufrido desastres políticos o económicos los cuales usualmente se convierten en un punto de quiebre que los lleva a enrumbarse en otra dirección.

La confirmación en la ultima encuesta mensual de El Comercio de que un tercio de la aprobación presidencial se esfumó, debido al temor por el retorno de la inflación, ratifica que ha calado hondo en la población la sensación de bienestar que genera la estabilidad y que la pesadilla que sufrimos con la hiperinflación de hace ya casi 20 años aún no se ha olvidado.

Esta obsesión colectiva por la estabilidad debe de ser protegida y fortalecida ya que se convierte en el mejor escudo contra un retorno al despilfarro de recursos públicos u otras causas de inflación. Incluso podría hacer menos impredecible el ciclo electoral, pero para ello habría que recordarle a la población que si hubiera cometido suicidio electoral el año pasado y optado por el chavismo, con todo su populismo, hoy el nivel de inflación no sería el 3% que los tiene aterrados, sino que sería varias veces superior.

Por otro lado, el cambio parece bastante generalizado. Hace veinte años el mismo gobernante que hoy tenemos hubiera respondido a esa encuesta con un decreto fijando precios y controles, los que sin lugar a dudas hubieran resultado en desabastecimiento y otras distorsiones. Sin embargo, la respuesta en la actual reencarnación ha sido bajar el arancel y el nivel de protección. Mantener esa capacidad de reacción es fundamental ya que los próximos meses los principales riesgos están en el exterior y hay que evitar importarlos. Con un barril de petróleo que se acerca a 100 dólares el Gobierno debe de estar preparado para amortiguar inicialmente el alza variando la carga fiscal a los combustibles y evitar así que --lo que bien podría ser un hipo de corto plazo-- genere otra ola de incertidumbre y desconfianza.

Asimismo, es claro que la economía global se ha desacelerado, el FMI espera un crecimiento mundial de no más de 4,8% para el 2008 frente al 5,4% del año pasado, lo que podría llevar a la postergación de proyectos ya sea en minería o en general para exportación. La propuesta de introducir reinversión en el Impuesto a la Renta y hacerlo de manera gradual parece correcta ya que buscaría sostener para los próximos tres años los actuales altos niveles de inversión privada sin arriesgar demasiado la solvencia fiscal, ya que la Sunat tendría tiempo para finalmente ponerse las pilas, remangarse la camisa y ampliar la base tributaria. La prioridad debe ser evitar bajar nuestra tasa de crecimiento al nivel mundial, ya que por debajo de 4% o 5% la sensación que eso da en una población joven buscando trabajo es de recesión. Con ello llegaríamos al 2011 con el riesgo de que nuevamente un alto porcentaje de peruanos no tenga esperanza y no le importe patear el tablero.

Finamente, en un año que será un récord en la captación de inversión extranjera, otra amenaza externa parece ser la importación de prácticas empresariales regionales cuestionables y un tanto extremas. Aquí no cabe ningún tipo de restricción o limitación, sino simplemente fortalecer al regulador Indecopi, quien debe tener la capacidad de poder identificar y sancionar cualquier acto desleal. No quisiéramos en algunos años darnos con la sorpresa de que pasamos de lo malo a lo peor en abusos para evitar la competencia.

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