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Machu pictures, de Marcel Velaochaga

Bajo el título de Machu Pictures, Marcel Velaochaga ofrece una serie de pinturas en las que las citas artísticas, mediáticas y políticas se entrelazan y tejen un simulacro. La ironía y el sentido crítico son protagonistas. Va en Vértice, hasta este sábado.

Por: Diego Otero |

En Machu Pictures, su demorada primera individual, Marcel Velaochaga pone en escena una estrategia discursiva similar a la de su notable Los funerales de Atahualpa, ese singular y polémico cover -como él mismo lo llama- del famoso cuadro de Luis Montero. Solo que la propuesta de esta serie es aún más radical (y al mismo tiempo, extrañamente, mucho más relajada), pues el punto de partida ya no es la pintura histórica sino la postal turística, la foto posada con el escenario patrimonial como telón de fondo.

Si en Los funerales de Atahualpa se colocaban los más diversos personajes --el Che Guevara, Benedicto XVI y Abimael Guzmán, por ejemplo- como figurantes de una escena dramática, plagada de las más diversas alusiones al mundo del arte (desde la grafía de Guamán Poma hasta Lichtenstein, pasando por Diego de Velásquez), una escena que, además, enfatizaba el hecho de que el asunto tratado era la pintura, es decir, las relaciones entre el arte y la historia, ahora la sucesión de encuadres que muestran los ángulos más llamativos o espectaculares de Machu Picchu subraya y cuestiona, básicamente, los vínculos entre consumo y cultura.

Aquí el tema es el turismo como metáfora y contrapunto de una sociedad del espectáculo, entre otras cosas. Las citas a la historia del arte continúan, cierto, pero ahora le han dejado el lugar protagónico a las citas mediáticas, que hacen sentido en el discurso y lo complementan. Machu Pictures consta de siete cuadros de mediano formato, en los que a través de un tratamiento técnico cercano al de Jesús Ruíz Durand -colores psicodélicos, apropiación de imágenes periodísticas- se nos propone revisar un particular álbum de instantáneas. Un álbum en el que los protagonistas no son los personajes retratados sino la ironía, el sentido crítico, una cierta causticidad.

Stalin y Lenin, bajo un cielo uniformemente rojo y un sol infantil, posan sentados en una de las típicas ventanas trapezoidales que fotografió Chambi ("Viaje de trabajo"); el Pizarro de Daniel Hernández monta su caballo y hace un ademán conquistador ("Pizarro"); Neil Armstrong, apenas capaz de moverse bajo el enorme traje espacial, espera la foto satisfecho luego de haber colocado la bandera de Estados Unidos en el Huayna Picchu ("La llegada"); Los Simpson en pleno sonríen ante el clic del fotógrafo inexistente ("Los turistas") y todo se hace simulación, parodia, revoltijo de referencias que intentan desmantelar las trampas de la mediatización.

Algunos cuadros, a pesar de su voluntad de audacia y achoramiento, resultan más o menos obvios: la referencia se come al fondo y el chiste termina siendo plano ("Pizarro", "Los turistas", "Los prisioneros"). Pero otros, como "Himno aéreo", en el que la foto de Fujimori recorriendo las escaleras de la casa del embajador japonés es superpuesta a una clásica vista turística de Machu Picchu, resultan inquietantes, cargados de electricidad y tensión. En ellos Velaochaga logra su cometido: hacernos ver que la espectacularización de la realidad se puede convertir en una pesadilla diurna, constante, de la que no hay despertar. 

UNA MULTITUD AUSENTE / Primera profesional de Philippe Gruenberg 
Desde Lima 01, el primer proyecto que realizó junto a Pablo Hare -años después volverían a trabajar en Residencial San Felipe-, Philippe Gruenberg se ha interesado en desarrollar un discurso fotográfico de fuerte carga conceptual, amparado en un sentido de la composición firme, sólido, estable. Cada una de sus fotos luce maciza, pero sin rastro alguno de gravedad o ímpetu sentencioso. El de Gruenberg es un discurso que intenta auscultar la arquitectura casi como si estuviera tratando de reproducir sus efectos sensibles; su relación con el entorno.

Le interesan la distante contemplación de las líneas de una fachada, la inspección inmóvil, parca, de los interiores de un edificio (siempre mostrando alguna huella humana, pero jamás una persona), la pétrea serenidad de los encuadres que buscan la equidistancia, el equilibrio, la evocación (discretamente nostálgica) de una fe en la geometría, en las correspondencias.

El objetivo de sus proyectos es hacer de la arquitectura un auténtico caldero de símbolos relacionados a conceptos como ciudadanía o modernidad. Si Residencial San Felipe era el estudio visual de un proyecto urbanístico que fracasó -un emplazamiento social capaz de erigir a la llamada clase media emergente como bastión del desarrollo nacional-, Primera profesional cuenta una historia más antigua y complicada: la desoladora certeza de que nuestras instituciones nacen en ruinas.

El planteamiento, más que en Lima 01 e incluso que en Residencial San Felipe, es económico pero eficaz: una serie de fotos de placa de interiores y exteriores de muchas de las sedes en las que se llevan a cabo las distintas actividades que componen nuestra liga profesional de fútbol. Oficinas, estadios, salas de reuniones, camerinos. Todo es retratado con una mirada quirúrgica, aséptica, que expone hechos, que no enfatiza ni el drama ni la nostalgia sino que compone con ellos, colocándolos en un plano de insólito lirismo, a veces implosivo, a veces astringente.

Es ese lirismo, precisamente, el que salva a Primera profesional de correr el riesgo de caer en una postura programática. Un lirismo que opera como por oposición, en negativo, en el tono de una ironía susurrada -la ironía de una multitud ausente. Como si se nos dijera que en el fondo todo está sostenido por fantasmas. Los chimpunes sucios en un casillero, los escalones desgastados de una tribuna. Hay huellas, sí, rastros de una cotidianidad aplastante, de un entusiasmo no correspondido o de una precariedad, pero todo está sostenido por fantasmas, por horadaciones, por ausencias. En cada toma que captura un retazo vacío de cancha reverberan todas las jugadas posibles, las que jamás se harán. (D.O.) Para leyenda: La muestra va en la Sala Luis Miró Quesada hasta esta semana, y ha estado girando por Sudamérica a lo largo de los últimos meses -galería Leme de San Pablo, ArteBa de Buenos Aires-, y se llevó una mención honrosa en la última Bienal de Cuenca, Ecuador.

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