Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google

Adelanto de la novela de José Donoso

¨Lagartija sin cola¨

Esta mañana llamó Luisa diciendo que esta tarde al venir a visitarme, me traería buenas noticias. ¿Pero qué pueden ser, ahora, para mí, buenas noticias? ¿Que ha resucitado Bartolo, que nada de lo de Dors sucedió? ¿Que Lidia no está convertida en un harapo, a los 19 años, perdida en algún sitio de la megalópolis de Los Angeles de California? ¿Que la crítica, por fin, y los marchantes despachan a Cuixart y Tapies y Saura y Millar como impostores de la pintura, como imitadores, y que entre todos era yo, en el fondo, el único que valía? ¿Que de alguna inconcebible manera voy a tener mucho dinero, muchísimo? No, que se desengañe la pobre Luisa, incurablemente optimista: para mí ya no hay noticias buenas ni alegría posible. Luisa me dice, y mi hijo también, que salga alguna vez del piso, que cuando haga sol, en la mañana, salga a dar una vuelta, que entre a una librería, a un supermercado a comprar algo que me apetezca y después a estirar las piernas un poco, afirmado en mi bastón. Pero claro, no, es imposible. Quebrar el ciclo necesario que va, desde la mañana y la conciencia de haber despertado en el infierno de este piso, que tal como yo quiero está aislado de todo y donde no puede suceder nada, hasta caer al transcurrir el día y aproximarse la oscuridad, en el sobresalto, el miedo, el terror; luchar, al fin de la luz, cuerpo a cuerpo, contra el atardecer para que así nada suceda, para impedir que sobrevenga la tiniebla, esa tiniebla de que ellos hablaban allá como la iniciadora de la vida verdadera, ese atardecer que era el pórtico de la muerte, la hora de los sacrificios y la sangre con que celebraban la muerte del día y el advenimiento de la noche, porque lo que sucede en la noche después de la muerte del día es lo que sucede en la otra vida, la verdadera vida, la vida que no sucede aquí, en esta calle, entre estos coches, entre estas señoras que han dado a luz y creen que por eso ya no pueden conocer la tiniebla que lo hace todo posible y atreverse a entrar a ella por el pórtico del atardecer. Bruno, el italiano, sentado a la mesa de su café en la plaza de Dors frente a la iglesia de San Hilario con su campanario de bíforas románicas que se elevaban más y más alto, me lo explicaba todo, y entonces yo sólo sonreía diciéndome que éste era un carota que se quería aprovechar de la situación y la ingenuidad para dominar a todos los jóvenes y llegar a ser, como sucedió, en dos años, el centro, la figura dominante y más poderosa de Dors.

Yo, claro, jamás tuve ese miedo y amor casi religioso al atardecer que los jóvenes de Dors tenían. Pero aquí me ha sucedido este extraño fenómeno -en Barcelona, a dos cuadras de Vía Augusta, a una cuadra de Muntaner, no muy lejos de donde nací y de donde fui al colegio y de donde tenía mi estudio de pintor cuando todos estábamos descubriendo el informalismo como religión, como pasión, aquí, sí, aquí comprendo lo que el italiano decía y mi lucha diaria es por no pasar por el umbral del atardecer, por no entrar en el mundo de la noche y del sueño que, ellos decían, era y es la verdadera vida, la prolongación perpetua de la muerte.

A veces, sí, me dan ganas de salir: siento, a veces, que lo que quizás podría devolverme mi facultad de sentir placer, mi posibilidad de exaltación y de entusiasmo, no sería tanto uan relación prolongada con una mujer, ni con un amigo, sino, más bien, una relación con una ciudad: pienso en las que he conocido: Madrid, París, Buenos Aires, Nueva York, Munich, Roma. pero Barcelona está aquí y yo soy de aquí y me gustaría salir a caminar, en la mañana, y sin temor en las tardes, y rehacer esa vieja relación.

Esa absurdo, claro: mi adhesión al grupo no se prolongó hasta el momento en que sus rostros comenzaron a salir en las revistas y en los periódicos, cuando hicieron aquella exposición conjunta que produjo pasmo y escándalo y durante unos cuantos años fueron los admirados de todos los continentes. No. Yo los abandoné antes. Mi rostro no es conocido. Pero salir a la calle es exponerme, sin embargo, a que alguien diga: es él, pobre; que se comisere, que reconozca mi rostro de entonces, que por una de esas casualidades haga la conexión entre mi rosto y los cuadros que pinté, y se acerque a mí y me diga que siente tanto que yo haya abandonado la pintura en el momento culminante del triunfo de los informalistas, que yo era el mejor de todos, el de más talento, que la escuela se sostenía por mí y que cuando yo apostaté todo se vino abajo y se transformó en algo comercial, burdo, pobre. Señor Muñoz-Roa, señor Muñoz-Roa, no huya, no huya, yo tengo un cuadro suyo, me haría un honor tan grande, usted no debía haber dejado nunca. Y sería, claro, como si me estuvieran desollando vivo y aplicando sal y ají y pimienta a mi carne desnuda, sería horrible que alguien me recordara y me dijera, por ejemplo, que tiene la esperanza de que yo vuelva. esperanza es una palabra infernal, el comienzo del horror, de lo imposible. Hay que evitar la esperanza. Hay que evitarlo todo. Por eso nunca salgo de este piso que Luisa me ha prestado, ya que ahora no tengo dinero ni para pagarme un piso propio, ni con qué comer ni vestirme, y es posible que ya nunca saldré más que, como dicen en el campo, con los pies por delante.

NOTAS A UNA NOVELA INÉDITA / JULIO ORTEGA 
José Donoso (Chile, 1926-1996) empezó a escribir "La cola de la lagartija" en enero de 1973 en el pueblo catalán de Calaceite, donde había adquirido una casa antigua. Su hija Pilar descubrió la novela entre los papeles que su padre vendió a la Biblioteca de la Universidad de Princeton. Revisando el manuscrito para su edición, uno concluye que Donoso renunció a terminar la novela. Corrigió unas páginas, se detuvo en el primer capítulo, y dejó el resto en su primera redacción. Sin embargo, ordenó el borrador como libro: lo dividió en partes, pasó el primer capítulo a tercero, y no prohibió su publicación. Pilar Donoso, que escribe una memoria sobre su padre, me ha dicho que tal vez el golpe de estado contra Salvador Allende interrumpió la novela y otras demandas narrativas se le impusieron, lo cual me parece veraz.

Dos líneas argumentales se alternan en el relato. Una es la historia amorosa de un artista desencantado; otra, su búsqueda de una casa auténticamente antigua en un pueblo perdido de Cataluña. La idea de que un largo amor desigual y mundano, culmina finalmente en la amistad, es laboriosa y requiere más aliento. Pero la idea de que un pintor renuncia al mercado sólo para descubrir que el lugar ideal ha sido tomado por el turismo, es anticipatoria. Esta novela es una de las primeras sobre la pérdida de España en manos de las hordas del turismo.

Walter Benjamin había adelantado que la subjetividad adquiere las formas de la mercancía. "La cola de la lagartija" es una hipotesis sobre la ausencia de lugar para la subjetividad, ocupada por la sociedad residual. El artista se rebela ante un sistema que lo reproduce como costo agregado. Pero la sociedad del espectáculo toma incluso los márgenes, y por eso los del pueblo no quieren que este artista compre una casa vieja sino la mejor casa, para convertirla en discoteca y atraer al turismo. Quieren pasar directamente de la historia a la basura, gracias al espectáculo. Donoso prefijura el actual desvalor del artista, que empieza por su conversión en figura pública y culmina con su sobre-exposición, lo que satura su mensaje, que damos por leído. El exceso de presencia trae la mayor ausencia: la reproduccion cancela el diálogo y deriva en residuo.

Por eso, la visión de una Casa que convoque todos los tiempos vividos en un convivio liberado de la sociedad y sus demandas, se demuestra como melancólica. La Casa está en venta pero no para alguien que busca darle lugar a su vida sino para quienes imponen el tiempo incautado del bienestar, y van ofertando los pueblos, uno a uno. La actualidad de esta novela (irónicamente abandonada) es perturbadora.

EN LA WEB
Reseña del crítico Rafael Gumucio:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/2007/10/jos-donososobre-lagartija-sin-cola.html
Entrevista a Pilar Donoso: http://www.emol.com/noticias/cultura_espectaculos/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=280869

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google