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LOS LEMMINGS DE FABIAN CASAS

Un paseo por Boedo

Por  Francisco Melgar Wong

LOS LEMMINGS
Fabián Casas Santiago Arcos
Buenos Aires, 2007
S/. 48

Cuando uno lee a Fabián Casas (Boedo,1965) apaga las luces, cierra la puerta, sale a la calle, se sienta en la vereda, mira al cielo y ve aparecer en el firmamento nombres y rostros que aparentemente no guardan nada en común: Led Zeppelin, Antonio Cisneros, el Club Atlético San Lorenzo, Ludwig Wittgenstein, Darth Vader, Borges, Luis Alberto Spinetta, un frasco de vidrio que contiene un jarabe mágico llamado Talasa, carreras en moto por la costanera y varios amigos muertos que tomados todos juntos y sin hielo conforman lo que algunos aficionados a la literatura llaman "el mundo del escritor" y que, en este caso, podríamos llamar con toda justicia "el mundo de Casas", un lugar donde la filosofía alemana, el rock and roll, el budismo zen, la poesía anglosajona, el futbol argentino y la marginalidad callejera se encuentran, dialogan y conviven con la fluidez de una barra de bar un sábado a las 2 de la mañana, gracias a la intensa elocuencia verbal de este escritor que, hace tan solo tres semanas, fue galardonado en Alemania con el prestigioso premio de literatura Ann Seghers.

Vale la pena resaltar que, a pesar de su relativa juventud, Casas ya es dueño de una extensa producción que abarca varios géneros literarios, aunque, en palabras del propio escritor: "yo solo escribo poesía. La respiración del texto hace que a veces sea prosa o poemas en versos". En todo caso, poesía o no, los dos últimos años han sido bastante significativos para su trabajo: a finales del 2005 la editorial Santiago Arcos publicó Los Lemmings y otros, una recopilación de relatos que sus lectores ya no se verán obligados a piratear e imprimir desde oscuras páginas de internet; pocos meses despúes, ya en el 2006, llegó Ocio, novela corta que desde hace años ya era considerada de culto en ciertos círculos literarios; para colmo, Emecé acaba de publicar una antología de ensayos, Ensayos Bonsai, suerte de pase a primera división al que Casas calificó de la siguiente manera: "Publicar en una editorial grande para mí es nada más que utilizar la Matrix y hacerla funcionar".

Ahora bien, el lado lamentable de esta fértil cosecha editorial es que los lectores peruanos solo pueden acceder a un único libro de este alcuinado y talentoso escritor argentino, me refiero a Los Lemmings y otros. De todas formas, en este delgado libro de cuentos se pueden encontrar los elementos más significativos del "mundo Casas", un mundo que a menudo es identificado por sus lectores simplemente como "Boedo", nombre del lugar que habitan sus personajes y que también corresponde al barrio de Buenos Aires donde el escritor creció a finales de los años setenta.

La saga de los chicos de Boedo comienza cuando estos aún son estudiantes en el colegio Martina Silva de Gurruchaga y prosigue hasta la inevitable diáspora que los envuelve con el pasar los años. Allí están el Tano Fuzzaro, recorriendo en moto la fatal costanera; Máximo Disfrute, traduciendo su visión sicodélica del Bosque Pulenta; el japonés Uzu,inventor del boedismo zen, dando lecciones de impecabilidad en torno a la discografía de Led Zeppelin; los alumnos del Gurruchaga, estudiando matemáticas mientras ingieren fuertes dosis de Talasa; el narrador de "Asterix, el encargado", que tiene un satori durante una pelea callejera; anécdotas que se suceden mientras el escritor ensancha el texto con citas a Schopenhauer, Hegel, Roberto Carlos, Nicola Di Bari y Rodolfo Hinostroza. En el último cuento del libro, Casas llega a parafrasear el último aforismo del Tractatus Logico-Philosophicus de Wittgenstein, aunque aquí la idea sale de boca de una peluquera de Boedo, Nancy Costas, y no del filósofo austríaco.

Ya lo dijo en una entrevista: "No sé para quién escribo; a veces pienso que estaría bueno que me leyeran los chicos de Boedo. ¿Por qué hay una crítica que supone que un pibe de barrio no puede leer a Schopenhauer? Yo estudié filosofía. ¿Por qué un peluquero o una verdulera no pueden estudiar filosofía? Para mí, el verdulero o el zapatero pueden ser maestros zen". Una obra importante que valdría la pena importar. No se diga más.

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