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Deshielo entre el Gobierno Central y el Perú profundo

Por: Juan Paredes Castro |

La reunión de diez horas de las máximas autoridades regionales con el presidente Alan García y su Gabinete Ministerial revela que empieza a producirse un cambio sustancial entre estos dos lados de la mesa política del país.

Lo que habíamos visto hasta ahora, desde un lado de la mesa, es a un Gobierno Central vertical, distante y con ínfulas paternalistas, y desde el otro lado, a los gobiernos regionales, metidos hacia dentro de sus prejuicios, pidiendo el oro y el moro y olvidando casi todo el tiempo que son también parte integrante del Estado.

No es que la reunión de ayer en Palacio de Gobierno haya marcado la cumbre del deshielo y el fin del recelo entre el poder central y la periferia regional. Conociendo lo que es la política en el país, mañana mismo podría alguno de los concurrentes patear el tablero de acuerdos. Y lo que podría ser peor: que el buen encuentro sin precedentes que acaba de darse se vuelva tan rutinario y sin sentido que acabemos por perder la oportunidad de integrar lo que los sociólogos han llamado tantas veces el país oficial y el país real.

Sería importante que por lo menos el diálogo directo fuese blindado como eje de las futuras reuniones, de modo que no vaya a sobrevenir el paralizante silencio, matando la feliz iniciativa de un encuentro destinado a zanjar los problemas más intrincados de la regionalización y descentralización.

Tiene que buscarse una solución urgente, por ejemplo, a la incapacidad de gasto y gestión en casi todas las regiones, más aun en aquellas con abundancia de recursos e ingresos. Igualmente tiene que ponerse una lupa muy aguda a ciertas competencias ahora regionales, como las de nombrar autoridades educativas, que no cuentan con los necesarios y rigurosos controles que permitan garantizar la calidad del magisterio y de la enseñanza.

Los gobiernos regionales deben mirarse a sí mismos como frutos de una delegación de poder desde las urnas que deben respetar. No están en su derecho sentirse dueños absolutos de los cargos y mandatos ni de los dineros asignados a sus jurisdicciones. Están más bien en la obligación de administrar responsablemente sus metas y objetivos y hacer de los resultados y de la rendición de cuentas un compromiso político, económico y social.

La cita palaciega de todo un día tiene que haber despercudido a los presidentes regionales de muchos de sus temores respecto del Gobierno Central, aunque no dudamos de que todavía abriguen puntuales reservas en el tema de la asignación de recursos, donde el puño duro de Economía y Finanzas se resiste a hacerles la vida fácil.

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