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Punto de vista

El bolívar fuerte

Por Eduardo Morón. Economista *

Empezaré por reconocer que Hugo Chávez no es mi político favorito, aunque pensándolo bien no tengo ninguno que me diera pena que se jubilara o algo así. Luego de leer este fin de semana el estupendo ensayo sobre Simón Bolívar de H. Morote, el Libertador también se me cayó del caballo. Pero como economista lo que más me molesta de Chávez es su pretensión de ir a favor de lo que obviamente está errado. La última de sus movidas ha sido la introducción de lo que han llamado el "bolívar fuerte". A partir del 1 de enero de este año, el bolívar fuerte sustituirá al bolívar tradicional quitándole tres ceros a todos los precios. De esta manera, un bolívar fuerte se canjeará por 1.000 bolívares (débiles). Para nosotros, que hemos vivido varios de estos hechos antes, no nos sorprende demasiado. Lo único sería la elección del nombre.

Si algo nos queda de lección de nuestra azarosa historia monetaria, es que cada cambio de signo monetario viene impuesto por las circunstancias. Y no necesariamente porque estas sean favorables para el país, sino todo lo contrario. El cambio de signo monetario es un walk over, es un abandono. Es reconocer que se perdió la pelea con la inflación que nos llenó de ceros todos los precios y nos hace tan complicada la vida, y que no nos queda otra que borrarlos tan artificialmente como artificialmente se introdujo más billetes de una moneda que nadie quiere tener en la mano, pero que el Gobierno hace lo indecible para evitar que desaparezca su uso.

El bolívar (débil) en Venezuela estaba fijado al precio de 2.150 por dólar. Obviamente que ese precio no tiene nada que ver con la realidad. En el mercado negro (¿se acuerdan de esas épocas?) el debilitado billete verde se tiene que pagar a mucho más del doble. La última vez que me fijé, el tipo de cambio del mercado informal estaba en más de 5.000 bolívares por dólar.

A pesar de que en los últimos años el barril del petróleo en el que está sentada Venezuela pasó de US$10 a US$100, hoy a Venezuela no le queda otra que cortar ceros por decreto. Lo lógico hubiera sido que su moneda se apreciara fuertemente dada la excelente coyuntura internacional y altos los precios del petróleo, que equivalen a un shock de mayor riqueza.

Pero el comandante presidente se ha encargado de hacer añicos el valor del bolívar débil y ahora pretende fortalecerlo cambiándole el nombre. Venezuela volvió a ocupar el primer puesto de inflación más alta en la región el 2007 con más de 20%, y todos los pronósticos apuntan a que esta inflación se disparará aun más, si se considera que los múltiples controles de precios han terminado por desalentar la producción de bienes, y con ello se ha generado escasez de muchos productos de la canasta básica.

El gobierno actual, a pesar de los abundantes recursos del petróleo, se da maña para tener un creciente déficit fiscal que terminará por encima del 2% en el 2008. Como parece que el petróleo no bajará de los niveles astronómicos de estas semanas, la piedra en el zapato para la viabilidad política futura de Chávez será la velocidad con la que el bolívar fuerte se debilite. Mientras más rápido eso ocurra, más rápido tendrá que hacer maletas y dejar la revolución bolivariana a medias

Así como el papel aguanta todo, parece que a la música le pasa lo mismo. El Banco Central de Venezuela estrenó una pegajosa canción infantil para promocionar el uso de la nueva moneda: "una economía fuerte, un país fuerte y un bolívar fuerte". OK, pana, pero a mí me pagas mi sueldo en euros, ¿estamos?

* INVESTIGADOR Y PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DEL PACÍFICO

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