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Live: rumbo a la sombra

Por Rafael Valdizán

Recuerdo el primer tema que escuché de Live: "Selling the Drama". Me sonó como a una versión reencarnada de R.E.M., pero no como clones desfachatados, sino como una explicable prolongación de la banda de Michael Stipe, a la sazón una de las más influyentes del planeta, aun cuando ya había germinado el grunge. La curiosidad me llevó al álbum "Throwing Copper" (1994), en el que Live dio a saber que era mucho más que una banda-réplica; su rango de estilo iba desde oníricas alucinaciones sonoras ("The Dam at Otter Creek", "Lightning Crashes") hasta la explosividad-directa-a-la-cara de pistas como "Shit Town", "I Alone" y "All Over You", en las que la voz de Ed Kowalczyk alcanzaba el poder absoluto.

El "Throwing Copper" me condujo al "Mental Jewelry" (1991), el primer disco de la banda, igual de competente, aunque tal vez sin tanto arrastre 'comercial'. De ahí en adelante, les seguí la pista: llegaron el "Secret Samadhi" (1997), que rebota la búsqueda espiritual de Kowalczyk que lo tuvo saltando del cristianismo al budismo y al hinduismo hasta aterrizar entre los Hare Krishna, y el camino descendente con "The Distance to Here" (1999) y "V" (2001). También el nuevo respiro tomado con el "Bird of Pray" (2003) y un largo silencio, aplacado únicamente con un CD recopilatorio en el 2004, hasta la llegada a las vitrinas del séptimo disco de la banda: "Songs from Black Mountain" (2006).

Es cierto que los tiempos y los escenarios han cambiado, tal como los consumidores; pero tal parece que Live agotó las existencias de su arsenal. A juzgar por lo hecho en este trabajo, podríamos llegar a la conclusión de que Kowalczyk y compañía ahora solo disparan balas de salva. Algo que se refleja en las 90.000 copias vendidas, cifras irrisorias si las comparamos con los 8 millones de discos vendidos del "Throwing Copper".

Veamos: en lugar de iniciar la placa con una bomba, lo hacen con uno de los temas más complacientes y mansos que haya escuchado de Live: "The River". Paso. El segundo corte, "Mystery", no hace mucho por revertir la situación. Demasiada asepsia. De pronto nos encontramos presionando una y otra vez el botón forward, pues cuesta hallar un lugar donde aparcar y quedarse. Tal vez "Show", en el que Kowalczyk regurgita las palabras como antaño, tal vez "Sofía", en el que aún vibran las almas y no parecen morir, tal vez "Where do We Go from Here" y poco más.

Live lanzaría un nuevo álbum este año, pero, por favor, que no sea como este.

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