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CRÍTICA DE CINE

Una novia errante

Por Raúl Cachay A.

Años atrás, en la excelente "El juego de la silla", la argentina Ana Katz ya nos había sometido a un desquiciado carnaval de incomodidades y a las aberrantes dinámicas familiares de una familia que parecía haber sido sometida a una suerte de lobotomía colectiva.

Salvo uno, el hijo que supo escapar a tiempo del galopante delirio doméstico encabezado por una madre tan desquiciada como el espíritu que no consumía a los porteños en los tiempos funestos de la crisis económica y el llamado 'corralito', todos los personajes del filme resultaban tan hiperbólicos como hilarantes.

En "Una novia errante", Katz vuelve a transformarnos en 'voyeurs' involuntarios, aunque esta vez la atención está concentrada en el descalabro emocional de una mujer (la propia directora, en una interpretación estupenda) que acaba de ser abandonada por su novio.

Las circunstancias de la ruptura, además, le añaden una dimensión esperpéntica al episodio: Inés y su novio viajan en ómnibus hacia un balneario de la costa argentina, discuten toda la noche por una soberana estupidez (como suele ocurrir), ella baja en el paradero indicado, él prefiere seguir.

Lo que sigue reproduce más o menos las conductas que todos solemos asumir cuando atravesamos por situaciones análogas: Inés, que ha decidido continuar sola con el proyecto vacacional, es un previsible manojo de nervios, que pasa de la rabia absoluta al llanto desconsolado con la misma facilidad con la que marca una y otra vez el número del celular del novio fugitivo.

El escenario, una pequeña localidad costeña llamada Mar de las Pampas, no puede ser más apropiado: en la lasitud perpetua de un lugar en el que se dice la vida es tan lenta y tranquila que sus propios habitantes han presentado un proyecto de ley para atrasar una hora los relojes, la atribulada Inés acaba siendo un elemento disociador, que termina irritando más de la cuenta a todos los que tratan de aproximarse a ella.

Primero son los empleados del hotel en el que se aloja, luego un adiposo aficionado al arco y flecha que pretende sin éxito seducirla (mención aparte para la escena en que este personaje, interpretado por un convincente Carlos Portaluppi, conduce a la atolondrada Inés al corazón del bosque: se trata de un instante que consigue conjugar toda las tensiones y contradicciones que contaminan el espíritu de una novia que allí, perdida con un perfecto extraño en un lugar desconocido, se percibe más errante que nunca), hasta que, hacia el final, su padre y su hermana llegarán para tratar de rescatarla de esa jungla de seres normales.

"Una novia errante", que debió estrenarse el viernes pero recién lo hará mañana en el CCPUC, es el mejor estreno en lo que va del 2008, sin competencia posible. No se la pierdan.

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