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FUJIMORISMO SIN LOS FUJIMORI

Keiko, la peor de todas

Por Fernando Vivas. Periodista

La hija mayor de Fujimori es una política de la fatalidad. Ha hecho mucho daño sosteniendo que hacía el bien. Cuando se le ocurrió, en el caliente 2000, salir a los medios a denunciar a Montesinos, no buscaba una salida democrática para el país --¡ya la estábamos consiguiendo los opositores sin su interesada ayuda!-- sino una coartada para la fuga de su papá, un tiempo de gracia para que hiciera maletas y, de paso, llenara otras con los videos que, si llegamos a ver alguna vez, quizá expliquen cómo así le pudo pagar a su heredera estudios en las universidades de Boston y Columbia.

Keiko Sofía Fujimori Higuchi, si hubiera tenido un ápice de cívica moralidad, reconocería que tras apañar tanta corrupción, el fujimorismo debió declararse en quiebra moral y proclamar un rompan filas para que los fujimoristas honrados, que claro que los hay, apoyaran la reconstrucción institucional del país. Al contrario, los alentó a boicotearla.

Con su antimontesinismo de última hora, Keiko alentó en sus ingenuas huestes la idea de que lo que estaba podrido y había que echar al tacho de la historia previo acto de contrición estaba sano y tenía un triunfal futuro por delante. Y fue la principal responsable de que su movimiento se lanzara a una aventura marginal, que su padre volara desde Tokio y aterrizara en el banquillo de los acusados, que un publicista truculento como Carlos Raffo se convirtiera en vocero político, que la agenda entera de un partido se supeditara a las cuitas penales de una sucesión familiar.

Porque Keiko, pasando piola y estudiando en EE.UU. mientras a su padre se lo acusaba de mil fechorías, se ha presentado, sin subrayarlo, como la reserva moral del fujimorismo y, por lo tanto, su candidata natural a la presidencia en el 2011.

Que los fujimoristas honestos, que los hay en el Congreso, en poderes locales y en liderazgos populares, desenmascaren de una buena vez un plan que no tiene asidero colectivo ni discurso nacional. La de Keiko es, aunque no se oficialice, la candidatura más egocéntrica de los últimos tiempos. ¿Acaso la han oído hablar de la agenda nacional? No, solo de la última acusación contra su papi y del primer mohín de su bebe. Miseria de la política.

Su elección como congresista, primer cargo ganado en elección popular tras haber sido primera dama en reemplazo de su baloteada madre, confirmó su egocentrismo político: no apoyó a su candidata presidencial Martha Chávez. Pero si buscó la cercanía de otros líderes políticos, como Lourdes Flores, que creyeron que siendo afables con ella podrían reencauzar a los fujimoristas hacia sus frentes.

Se equivocaron de plano. Keiko no comparte, ni se golpea el pecho por el pasado, ni honra a sus electores (¡se ha ido a estudiar!), ni parece perder el sueño por el juicio de su padre mientras este cargue solo con todas las culpas. Oigo a Keiko ambicionar todo sin admitir nada, y reconsidero mis sentimientos hacia las marthas, las luces salgados y hasta las lozadas de gamboa.

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