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Las tres pinzas que Humala debe separar muy bien

Por: Juan Paredes Castro |

El ex candidato presidencial Ollanta Humala está sometido en estos días a un delicado juego de pinzas, una de las cuales toca su mayor debilidad: la de no saber hacer deslindes oportunos y efectivos.

Las otras dos pinzas son más desechables que creíbles.

En efecto, en plena campaña electoral pasada no solo no pudo sino que no quiso hacer ningún deslinde con el presidente venezolano Hugo Chávez. Todos sabemos lo que esta omisión le costó. Ahora último, está evitando hacer un deslinde directo y claro con su hermano Antauro Humala respecto de las responsabilidades penales que pesan sobre este por el asalto criminal a la comisaría de Andahuaylas. De no hacerlo, cargará con las consecuencias.

Su posición política de aspirante al poder lo hace fácilmente victimizable y victimizante, cosa que parece alejarlo de la realidad, a tal punto que tampoco quisiera que los tribunales lo tocasen ni con el pétalo de una rosa.

¡Caramba! Todos los peruanos somos iguales ante la ley. ¿A qué viene esta pretensión de impunidad?

Humala se queja de estar presionado por dos pinzas: la política, en la que ve las manos del Apra, supuestamente buscando desplazarlo de su carrera al 2011 por la vía judicial; y la trampa de la ley, que en su caso está expresada en la acusación de la fiscal Gladys Fernández, que al tiempo de pedir 15 años de cárcel para él, considera la inconstitucional figura de una posterior expatriación.

Este error fiscal de plantear una expatriación absurda le ha servido a Humala de pretexto propicio para gritar a los cuatro vientos que lo están persiguiendo políticamente y que detrás de esa maquinación estaría finalmente el Gobierno.

Humala cree estar en su derecho al salir al frente de un hecho como es la equivocación fiscal y de un supuesto como es la posibilidad de que el Gobierno esté metiendo las narices en un proceso judicial que debería manejarse muy limpiamente por las implicancias políticas que lo rodean.

Sin embargo, Humala debe entender que ya no puede seguir hablando de una amenaza de expatriación que realmente no existe ni de una injerencia política que no sea capaz de probar. Lo que no puede perder de vista es su responsabilidad de cara a una investigación que entre otras cosas persigue aclarar el papel que él habría jugado o no jugado desde atrás en el asalto sangriento de Andahuaylas.

Si Humala todavía tiene pretensiones presidenciales su transparencia en el terreno judicial debería ser más activa que esquiva, comenzando por ponerse a derecho como se debe y alejándose de cualquier sobresalto político innecesario.

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