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CRÍTICA DE ARTE

Blanco, negro y mucho gris

Por Élida Román

"Itinerarios" (Icpna-Lima) es la primera exposición personal de Edison Lisarazo (Lima, 1975), auspicioso debut que reúne un numeroso conjunto de dibujos, apelando a técnicas varias pero mostrando una madura unidad no solo en la temática y tratamiento, sino también en la claridad de desarrollo de una idea visual que ilustra un propósito y un mensaje claros.

El eje temático de este despliegue es el reiterado protagonismo de estructuras arquitectónicas, en proceso de construcción o destrucción según la percepción nos indique, deshabitadas o abandonadas, o quizás preparándose para una invasión de okupas, o a lo mejor siendo simplemente el proyecto para llegar a edificio sólido y protector. Estas son algunas de las posibilidades de interpretación, sujetas al receptor y su mirada-deseo, y sugeridas por una cuidadosa ambigüedad que, sin embargo, logra eludir la neutralidad y deja ese sabor de lo consumado no deseado. No hay anécdota, y a pesar de ello, se siente la historia. No hay personajes, pero es inevitable sentir que existen o existieron.

La fantasía, quizás el sueño, se cuela en algunas obras. La distorsión, las curvas y los arcos imposibles, esas placas que se vuelven blandas y maleables, anuncian un derrumbe inevitable. Lisarazo las sorprende en el comienzo del fin y las vuelve metáfora de la pena, del dolor y de los males del destino. "Causa y efecto (distorsión)" es un buen ejemplo.

La primera adhesión a esta serie, que hace pensar en un itinerario de vida autobiográfico, lleva a la identificación con esa característica tan local de los edificios siempre en proceso, nunca acabados, que parecen esperar por un benefactor que propicie su logro o ayude a seguir adelante. También en esa falta de atención y cuidado que termina en el apuntalamiento, y por fin, en esa misma instancia de la ayuda para no caer y ser vencido.

"Pasaje a Venus", quizás una de las obras menos impactantes en el efecto, es un logrado pequeño friso para comprender esa serialidad, ese compartir de muchos, uniformados y cohesionados por las mismas circunstancias. Obras en blanco y negro, la mejor opción para su acentuación, bañadas por grises de toda gama, revelan un artista que dibuja y pinta con línea y sombra. Un encuentro que entusiasma por su sinceridad acompañada de talento.

En la otra sala, también hace su primera presentación personal, Javier Mayta Panca, reciente ganador del Concurso de Acuarela 35 Icpna (2007).

Poco habitual y sin duda riesgosa, su opción por el blanco y negro, que en su obra son postergados en beneficio de los grises brumosos y las atmósferas neblinosas que desdibujan y casi ocultan sus paisajes urbanos y marinos. Esas formas disimuladas se revelan por grafismos negros, casi siempre de trazados ortogonales y firmes, a modo de una grafía rítmica que uniformiza los elementos.

Más logradas las barcas y su descanso que la referencia a los poblados en el cerro, con su gran escalera y sus postes ordenados. Si bien Mayta demuestra un buen manejo de los recursos, aún no logra sacar de ellos esas posibilidades que hacen olvidar aquel para solo incorporar el resultado de una imagen exitosa.

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