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Entrevista. EDWIN TINOCO

Dentro del corazón de Pavarotti

FUE EL MÁS CERCANO ASISTENTE DEL TENOR LUCIANO PAVAROTTI. TRAS LA MUERTE DEL DIVO, SE ESPECULÓ QUE RECIBIRÍA GRAN PARTE DE SU HERENCIA. SIN EMBARGO, EL JOVEN EMPRESARIO CAJAMARQUINO SOLO ES MILLONARIO EN EXPERIENCIAS

Por Enrique Planas

Catorce años atrás, era jefe de alimentos y bebidas del hotel Las Américas. Y quizás hoy Edwin Tinoco seguiría satisfaciendo los caprichos culinarios de turistas Vip de no haberse cruzado en su camino uno de los huéspedes más célebres en la historia de la compañía hotelera. Hoy, tras compartir la última década de carrera de Luciano Pavarotti, acompañarlo a la Scala de Milan o al Metropolitan de Nueva York, e incluso tomar su mano en su lecho de muerte (ocurrida el 6 de setiembre del año pasado), este cajamarquino de 38 años, quien se confiesa incapaz de soltar un do de pecho sin desafinar, utiliza todo lo aprendido como asistente del tenor italiano al impulsar su propia empresa de espectáculos líricos. "Con mi esposa estamos abriendo una agencia enfocada en la ópera. Vamos a apoyar a jóvenes que comienzan su carrera. Hay cuatro muy buenos que ya hicieron su debut en teatros importantes en Italia, y estamos tratando de concretar sus primeras audiciones en Estados Unidos. Si logramos introducirlos al Metropolitan, creo que esta carrera podría dar resultados", señala Tinoco.

¿Una de las cosas que aprendiste con Pavarotti fue ser empresario lírico?
Creo que sí. Y no solo eso, aprendí muchas cosas de él. Para mí fue un libro abierto. Él me enseñó todo.

Pavarotti te descubrió cuando vino a Lima para ofrecer un memorable concierto. ¿Cómo te acogió en su círculo?
Lo que pasa es que me involucré instantáneamente en su mundo. Como buen italiano, le gustaba comer bien, y en el hotel tratamos de contentarlo con el mejor servicio posible. Y se fue muy contento. Modestamente, creo que vio en mí a alguien que podía desenvolverse con facilidad en todo. Fue un golpe de suerte.

¿Cómo te ofreció el puesto de su asistente personal?.
De buenas a primeras, me preguntó cuánto tiempo necesitaba para irme a trabajar con él. Y mi respuesta fue igualmente rápida: "cinco minutos".

¿Qué edad tenías entonces?
25 años.

No tenías nada que perder...
Yo hablaba con él solo en inglés. Después tuve que estudiar el italiano. Fue fácil aprender a hablarlo, pero escribirlo sí que es difícil. Le pedí dos semanas para organizar mis cosas, pero me dio una. Así salí del Perú y me quedé con él hasta el final. Fueron trece años...

Se habla mucho de la generosidad de Pavarotti. ¿Qué anécdota podría mostrar ese rasgo característico?
Tenía un corazón inmenso. Cuando te quejabas de un cólico o un dolor de cabeza, a los cinco minutos tenías tres médicos visitándote. Era él quien los llamaba por teléfono. Si tenías un resfrío y guardabas cama, él iba a tu habitación a ver cómo estabas. Si dormías, apagaba la luz y cerraba la puerta. En los viajes, cuando íbamos de 'city tour', Pavarotti paraba el coche en una tienda característica de la ciudad y todo el grupo salía con camisas y zapatos nuevos. Bono lo definió perfectamente: era "un niño con barba".

Como tu jefe, ¿qué no toleraba?
Era muy perfeccionista. Todo debía ser preciso: la ubicación de la orquesta, los micrófonos o el banco donde se sentaba. No podía faltar nada. En su camerino no debía faltar el agua, el limón, el hielo, los caramelos ni la miel de abeja. Cualquier imperfección lo ponía nervioso. Cuando gritaba... ¡gritaba!

¿Resultaba agotador seguirle el paso?
No. Esa es una característica del peruano. Cuando se nos mete en la cabeza que tenemos una responsabilidad, lo hacemos. Se nos olvida la viveza criolla. Lo que sí resultaba agotador eran los traslados. Vivíamos solo en hoteles, llevando maletas. Así era la vida: llegar a un sitio, ensayar, dar el concierto y regresar al aeropuerto. Pero también había tiempo para el relax. Los últimos doce años, de enero a marzo, íbamos de vacaciones a Barbados.

¿Intentaste peruanizar al divo?
Claro, con el pisco sour y la causa limeña. Él adoraba el Perú.

Sin embargo, nadie olvida cómo confundió Perú con Chile al saludar en su concierto en Lima...
Él estaba ya con la mente en el siguiente concierto. Y yo lo vacilaba siempre por eso. Él, como un niño, me decía , "ya, ya, suéltame". A veces, para desquitarse, me preguntaba "¿Cuándo vas para Chile?".

¿Qué le gustaba del Perú?
Era muy respetuoso de la cultura Inca. Él me decía siempre que yo debería estar orgulloso de llevar sangre inca. Por eso me llamaba Tino. Me decía: ¿por qué un peruano tiene que llamarse Edwin? ¿Por qué no José, o mejor, Pachacútec? Entonces me quedé como Tino, abreviando mi apellido.

Con tan poco tiempo en casa, ¿cómo era la relación de Pavarotti con su vecindario, en Módena?
Lo adoraban. No pasaba mucho tiempo en casa, pero cuando estaba, se hacía sentir. Él colaboraba mucho con el teatro comunal de la ciudad, que ahora lleva su nombre. Y con los conciertos "Pavarotti y sus amigos" hacía la fiesta del año. Llenaba los hoteles, los restaurantes, venían buses y buses de turistas de todo el mundo. Era un gran negocio para la ciudad. Había incluso un concurso hípico, el Pavarotti International, que ahora ya no existe, obviamente. Nunca perdió sus raíces. Cada vez que regresaba a Módena, salía de compras al mercado e iba al frutero de siempre.

¿Crees que Módena se recuperará tras su muerte?
No lo creo. Al perder a Pavarotti, a Módena le queda solo la Ferrari y el vinagre balsámico.

LA ÚLTIMA VOLUNTAD
Tú estuviste al lado de su lecho de muerte...
Cuando tú trabajas para una persona tan famosa y estás todos los días en contacto con él, pierdes la emoción. Se hace todo muy familiar. No te das cuenta de la grandeza del personaje. Pero pude recordarlo el día de su muerte. Yo estuve allí en ese momento; él murió cogiéndome la mano. Y cuando salí de casa, no podía creer lo que pasaba. ¡La casa estaba rodeada de camiones con antenas y cámaras! La atención que le dieron los medios era increíble. Recibí llamadas de todas partes del mundo. En 10 minutos el teléfono se quedaba sin batería. Fue una convulsión grandísima. Y Módena lo lloró muchísimo. Cuando lo llevamos a la Catedral, era increíble la cantidad de gente que lo lloraba, aplaudía, vitoreaba su nombre.

¿En qué ha quedado el tema de las herencias y los pleitos familiares?
Ya las partes se pusieron de acuerdo. Se aceptó una herencia bajo inventario, que es lo normal en Europa. Por la ley italiana, corresponde el 25% de su fortuna para su esposa, Nicoletta Mantovani, y el resto se divide entre las hijas. Eso es lo que han hecho.

¿Qué pensabas de las noticias que especulaban en la posibilidad de que tú serías el afortunado heredero de toda su fortuna?
Fueron especulaciones a causa de ciertas donaciones que él hizo en vida a sus amigos. A nosotros, lo que nos ha correspondido es una liquidación por tiempo de servicio. Pavarotti tenía doce colaboradores. Si me hubiese correspondido parte de la herencia, también le habría correspondido a los otros doce, quienes sirvieron en su casa por 30 años. Todo era especulaciones del momento. Por suerte, todo eso se aclaró. Nunca pretendí nada. A mí me han pagado muy bien por mi trabajo, y estoy muy contento por ello. Me cambió la vida en todo sentido, sea por la experiencia humana, y también económicamente.

La prensa quiso hacer una telenovela resaltando pugnas entre su esposa y sus hijas... ¡No hubo ni siquiera ganas de pelear! Las hermanas mayores jamás se hubieran opuesto a que su viuda recibiera su parte. Las conozco bien. Ellas sabían que tenían tanto derecho como la esposa. Las hijas mayores tienen un corazón tan grande como el de su padre.

¿Por qué crees que la prensa convirtió a su esposa en una especie de bestia negra? Decían que tenía recluido a Pavarotti, que lo golpeaba...
Eran comentarios de alguien que necesitaba cinco minutos de fama. Si Pavarotti fuera a confiarle un secreto a alguien, este debía ser de confianza, y no una persona que lo visitó solo una vez en la vida.

¿Pavarotti recibía muchas visitas en casa?
Obviamente un hombre como Pavarotti recibía visitas de personajes ilustres, otros menos ilustres y de gente común. Podían visitarlo jefes de Estado, pero después le encantaba jugar a las cartas con sus viejos amigos de colegio.

¿Lo viste deprimido al enterarse de su enfermedad? ¿Al verse obligado a cancelar su gira de retiro?
Deprimido no. Decepcionado quizás, por no poder cumplir con su gente. Él siempre fue optimista. Tenía problemas físicos como toda persona de su edad y de peso. Le dolían las rodillas y sufría de la espalda, pero tras las intervenciones quirúrgicas mejoró mucho. Estaba haciendo una vida normal, pero a mitad de su rehabilitación le descubrieron el cáncer. Y un cáncer como el suyo, al páncreas, fue fulminante.

Dicen que murió totalmente reducido, que había perdido 30 kilos de peso...
Es mentira. Murió como el hombre gigante que era. Murió en paz y con mucha tranquilidad. Y se fue vestido de teatro, con su frac, su pañuelo blanco y la pañoleta colorada. Veías su cara en el féretro y no podías creer que estuviera muerto. Sonreía.

¿Te dedicó algunas palabras en su lecho de muerte?
Sí. "Y ahora qué vas a hacer", me preguntó. Increíble. Recién ahora puedo ver fotos suyas, pero no puedo escuchar su voz. Me pongo mal. Es muy duro, hasta ahora.

Con todas estas experiencias no has pensado escribir un libro?
Creo que sí. No es el momento todavía, pero... ¿quién sabe? (Sonríe).

UN FANÁTICO DE LA COMEDIA
Desde Chaplin hasta Jim Carrey
4
El hijo de un panadero en Módena, considerado años después como uno de los más grandes tenores del mundo, tenía curiosas aficiones, como recuerda quien fuera su estrecho colaborador, Edwin Tinoco.
4Quizás sea sabido su entusiasmo por asistir a todas las ediciones del Festival de la canción de San Remo, pero es menos conocida su pasión por la comedia, gozando con los filmes de sus connacionales Roberto Benigni y Totò, los clásicos de Charles Chaplin, las animaciones de Walt Disney y, si de Hollywood se trata, los filmes de Jim Carrey. (Tinoco llegó a contar cinco las veces que el tenor vio un filme como "El todopoderoso").
4Reconocido amante del fútbol. Pavarotti era fanático del Juventus, club cuyos dirigentes llegaban a pedirle consejo sobre contrataciones de jugadores. Asimismo, fue muy amigo de célebres futbolistas como el alemán Franz Beckenbauer, el francés Michael Platini, o el ídolo argentino Diego Armando Maradona.
4Por otro lado, Pavarotti decía que su ópera favorita era "Un Ballo in Maschera" (Un Baile de Máscaras) de Verdi. Y aunque muchos dicen que su caballo de batalla en sus conciertos era la conmovedora "Nessum Dorma", el divo prefería regalar a su público "Il Trovatore".

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