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LIBROS DEL CAPITÁN

El mal viaje

Por Jorge Eslava

Aunque lejos
de agotarse, el tema de la violencia vivida por el Perú en los últimos años ha sido abordado por un creciente número de novelas y cuentos. Es indispensable ahondar en ese filón de nuestra literatura, sanar esa llaga todavía latente de nuestra historia. También los jóvenes lectores deben conocer de la catástrofe que, además de setenta mil muertos e incalculables daños materiales, denigró la condición humana. Sobre esa deshonra trata la excelente novela de Galloso. Bajo el verbo levar, se llevó a cabo uno de los actos más ignominiosos contra la juventud peruana: arrancar a los muchachos de sus familias, cargar con ellos, zamparlos en el ejército y como carne de cañón, mal alimentados y peor preparados, mandarlos al campo de batalla. Que se hagan hombres, que sirvan a la patria.

Dos amigos del barrio, Juan y Enrique, veinteañeros y estudiantes universitarios, han dejado algunos meses de verse. Quedan en reencontrarse en un restaurante y luego de almorzar y tomarse unas cervezas, ven a una amiga común. La invitan a la mesa, departen un rato, hasta que deciden separarse. La acompañan a su casa y de vuelta, en el autobús, una tropa de soldados detiene el tránsito. Es una batida de rigor, acto cotidiano en los noventa, que dará inicio a una pesadilla.

La historia está relatada en capítulos alternados que nos permiten, desde el inicio, ingresar al mundo interior de cada uno de los personajes principales y, además, al acelerado estado de angustia que sufren sus familias. Este registro paralelo es trazado con pulso narrativo sereno e intenso. Pronto la novela teje una trama algo compleja, que no se sustrae de otras preocupaciones como la discriminación social y el morbo, y gana una profunda dimensión humana.

"Uno de los civiles se desvistió muy despacio y tomó su lugar en la pared. Tenía una cicatriz espeluznante que le cruzaba todo el torso, desde debajo de la garganta hasta el principio del vello púbico. Era una cicatriz queloide, ancha y deforme. Por algunos sectores se notaba que aún estaba en proceso de cicatrización. Era fácil percibir algunas áreas infectadas que por momentos supuraban cristales de pus. El doctor se detuvo frente a él y lo observó con cierto interés."

Es el cuerpo de un muchacho que, dice el narrador, requiere de un hospital. Pero igual lo mandan a combatir, porque "necesitamos cubrir el cupo". En la cita tenemos una muestra de la buena escritura de Galloso, quien después de Tres días para Mateo -una novela de aprendizaje- no deja literariamente de crecer.

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