Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook
EDITORIAL

Intolerable impunidad sigue campeando en el Congreso

El caso de la congresista aprista Tula Benites se está convirtiendo en el símbolo de la vieja politiquería que se resiste a morir en el Perú. Dicho estilo obsoleto y oscuro da prioridad a las jugarretas y negociados tras bambalinas antes que a la transparencia, a la mal entendida disciplina partidaria antes que a la imparcialidad para juzgar a los pares y, en fin, al interés particular y sesgado antes que al interés de la nación que los eligió para trabajar por las mayorías.

Todo el país se pregunta: ¿Cómo es posible que, por cuarta vez, se frustre una sesión de la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales para tratar la denuncia contra Benites (junto con el caso del fujimorista Ricardo Pando) por contratación irregular de personal? Y, como en las veces anteriores, sigue siendo enervante e intolerable que sean los mismos apristas, esta vez Hilda Guevara y José Vargas Fernández, los responsables de la maniobra dilatoria. ¡Y sin que les pase nada!

Esto no puede continuar. El presidente del Congreso, Luis Gonzales Posada, y otros líderes del aprismo han expresado su extrañeza y preocupación por estos hechos dolosos. Repiten el mismo discurso de antes, pero sin tomar las previsiones para evitar que, en la práctica, el escudo protector del aprismo siga blindando a Benites. Todo ello obviando pensar en los graves perjuicios que causan a la imagen del Congreso, que la ciudadanía reprueba precisamente por convertir la inmunidad en alevosa impunidad.

Ha llegado el tiempo de tomar otras acciones, más allá de los descuentos a los faltones desvergonzados. Por ejemplo, modificar el reglamento para que no se necesite la asistencia del íntegro de miembros en las audiencias postergadas.

El Congreso no puede ser un foro de apañamiento de otorongos según su peso partidario. Los casos de Tula Benites y de Pando deben tener el mismo tratamiento que el Parlamento dio a la desaforada Elsa Canchaya, quien contagiada de la contumacia de los anteriores, se ha permitido ausentarse de la lectura de sentencia en el Poder Judicial, en otra maniobra dilatoria inaceptable.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook