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MUCHO OJO

Chupa y no jorobes

Por Fernando Vivas

Ese es el mensaje que braman Brahma y la agencia Quórum en su comercial del lúpulo. Una capitulación de la creatividad publicitaria ante el criollismo de fines del siglo pasado y la patanería costumbrista de machos choborras.

Tienen razón las feministas al criticar al rubro cervecero como el más discriminador de todos: la analogía de la mujer como botella para destapar, chupar y botar es demasiado gruesa como para que sea digerida sin resaca moral. Y tales defectos han sido parcialmente superados por la campaña de Backus que, sin deponer el comprensible afán por los cuerpos playeros, trata al menos de igualar a los sexos: los hombres también se cosifican y las mujeres también chupan. Salud con espuma para todos.

Pero el comercial de Brahma va más allá en su incorrección. Es homofóbico sin atenuantes cuando Roberto Chale confunde un disfraz de lúpulo con uno de brócoli, y pronuncia ese sinónimo despectivo de gay con doble desprecio.

Y con Chale, de taquito, pasamos a una incorrección más gruesa si cabe: el anuncio propone a dos joyitas, el propio Roberto y Miguel Barraza, como modelos de simpatía e invitación al consumo inmoderado, pues cualquier espectador asocia a Chale con episodios de exceso narcótico y alcohólico y a Barraza como un borrachín tan popular que hasta él mismo se publicita como tal. En la figura de estos caballeros y de su compadre Casaretto, Brahma no pide ser saboreada o consumida con prudencia sino bebida hasta la náusea. Una sacada de vuelta a las restricciones de ley para la publicidad del alcohol.

Aquí hay un buen tema para que opine Ricardo Maguiña, directivo de la Asociación Nacional de Anunciantes y flamante presidente de Concortv, organismo estatal que debe mediar entre los canales y las quejas del público.

Y hay otro tema para la reflexión de Carlos Alcántara, que ha prestado su buen humor a los prejuicios puestos en escena por Jorge Carmona, el talentoso director de TV enrolado por Quórum, y su director creativo Óscar García. La gran sangre a favor de los prejuicios.

Ritmo y actuaciones son impecables, Alcántara y Barraza chispean y la idea del lúpulo antropomorfo está bien narrada en la situación del concurso con jurado (de paso, provoca informarse sobre esta planta que da a la cerveza su justo amargor); pero qué lástima que todo se vicie con tanta mugre. En la sede neoyorquina de Saatchi & Saatchi, la transnacional a la que está asociada Quórum, no pasarían jamás este trago amargo.

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