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De 'Colina' y otras rocas

Rincón del autor. La lucha contra Sendero creó una práctica ilegítima. Combatirlos dejó una actuación criminal que Fujimori continuó en su gobierno de manera selectiva.

Por Mariella Balbi

Los testimonios de los ex integrantes del criminal grupo Colina son escalofriantes. La sangre fría y la impunidad con las que actuaron nos remontan a las épocas más oscuras de las dictaduras militares en que el asesinato, la tortura y la arbitrariedad eran moneda corriente. Los agentes 'colineros' que han desfilado ante el tribunal coinciden en que conocieron el carácter mortífero del destacamento por la vía de los hechos. Vale decir fueron sorprendidos y cuando cuestionaron los primeros asesinatos dizque recibieron una lapidaria y convincente sentencia de Martin Rivas: De acá solo se sale muerto. Dizque, también, que a partir de ahí la política del grupo Colina se resumía en el uso de pala y cal. La primera para cavar las fosas y la segunda para dificultar el reconocimiento de los cuerpos.

Vaya metodología, el solo imaginarla le pone a uno los pelos de punta por su crueldad extrema. Una pregunta un poco tontona es la de por qué aceptaron continuar como 'colineros', más allá de las amenazas de Rivas. Si eran expertos en el engaño, el espionaje, 'la inteligencia' podían tranquilamente hacerse los enfermos o pedir su cambio. ¿Las gollerías y el estatus que obtuvieron en el ejército pudieron más que su conciencia? Si miramos atrás, constataremos que durante los gobiernos de Belaunde y de García las violaciones de los derechos humanos fueron gigantescas. La lucha contra Sendero creó una práctica ilegítima. Mujeres violadas (muchas regalaron a sus hijos por el rechazo que les provocaban), fosas comunes, desapariciones, muertes sin aclarar. Mejor paramos. Combatir a Sendero dejó una actuación criminal que Fujimori continuó en su gobierno de manera selectiva.

Siguiendo el juicio a Fujimori me enteró de que el grupo Colina tenía un local en una tranquila calle 'sanisidrina' donde pasé mi infancia. Bueno, armamento no les faltó, camionetas, balas, tenían todo para matar y por supuesto lo más importante: licencia del gobierno para ello. Paralelo al 'pen pen', en el fujimorato existió la persecución tributaria, esa que agobiaba y acababa con el empresario adverso al régimen. La historia más alucinante en el rubro de la represalia económica, en que el Colina era la Sunat, es la del empresario Samuel Dyer. Al escribir sobre el tema nos llegó una carta del señor Julio Dongo Aguirre, con DNI 07278579 y propietario de la empresa Coapsa, que se ocupaba de la administración del cementerio de La Molina. Lo de Dongo Aguirre es bien parecido a lo de Dyer, tuvo que salir del país, lo multaron, aunque él aún está en el tema.

Valdría la pena hacer una comisión de la verdad para asuntos tributarios. En la dictadura de Fujimori tuvimos el RUC sensible, algo de locos, y aún no ventilado. Los chantajes y atropellos que conocemos son --como todo lo ocurrido en esos aciagos 10 años-- la punta del iceberg. Hoy que está de moda la expresión "Atrévete", sería bueno que los perjudicados por la Sunat en aquella época hablaran en alta voz.

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