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EDITORIAL

Terrorismo disfrazado de insurgencia

L a jornada internacional de protesta contra las Fuerzas Armadas Revolucionaria de Colombia (FARC) superó ayer todas las expectativas. Aquí mismo, colombianos residentes en Lima y también muchos peruanos salieron a las calles para unirse, a la distancia, a millones de personas que, en más de 120 ciudades del mundo, dijeron ¡No! a ese terrorismo disfrazado de guerrilla, que destruye, secuestra y asesina con el apoyo vil del narcotráfico.

Tan grande demostración de solidaridad, probablemente nunca antes vista, refleja varias cosas. En principio, el clamor de un pueblo que está harto de no tener futuro y que, como reconoció ayer el presidente colombiano, Álvaro Uribe, exige a sus autoridades la erradicación del secuestro y del resto de delitos en los que incurre el narcoterrorismo.

Los peruanos no somos ajenos a la crisis que desde hace más de cuatro décadas padece Colombia. Somos vecinos y amigos cercanos, y hemos padecido los horrores del secuestro y del terror.

Hace poco nada más se ha confirmado que un grupo de peruanos sufrió los vejámenes de las FARC en esos cuasi campos de concentración donde se mantiene actualmente secuestrados a soldados colombianos, policías y civiles, así como a otros ciudadanos por meras apetencias económicas. Cómo olvidar, además, que movimientos terroristas como Sendero Luminoso y el MRTA sometieron en el pasado reciente a minorías étnicas que hoy mismo siguen a sus expensas, en zonas donde las fuerzas del orden no llegan. El Estado no puede olvidarse de ellas, en una estrategia eficaz de lucha contra el globalizado narcoterrorismo.

Por ello, ha hecho bien el Gobierno en expresar al pueblo colombiano la solidaridad de nuestro país y de quienes pensamos que las FARC no pueden ser otra cosa que terroristas sin escrúpulos, aun cuando se reclame para ellos el estatus de 'insurgentes'.

Las FARC son una amenaza para Colombia, Latinoamérica y el resto del mundo. Su criminalidad, crueldad y cobardía prueban que, hoy como ayer, buscan sembrar el pánico y minar la confianza en el gobierno de Uribe. Por eso, dentro y fuera de Colombia, físicamente o a través de Internet, los colombianos respaldaron ayer a su presidente y a sus instituciones, y han dicho: "No más secuestros. No más mentiras. No más muertes. No más FARC".

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