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LA SEMANA QUE PASÓ

Lo mismo de siempre

Por Pedro Ortiz Bisso

Tan previsibles como el gol que le hicieron a Cienciano a dos minutos del final en su partido con Flamengo han sido las consecuencias de las lluvias e inundaciones que mantienen en zozobra a más de la tercera parte del país. Hasta el último jueves los muertos llegaban a 21, los desaparecidos a 24 y el total de afectados bordeaba el medio millón de personas.

Para nadie es un misterio que cada año, mientras los limeños ahogamos el intenso calor veraniego en el mar, gran parte del país sufre a causa de las precipitaciones que inundan poblados, destruyen puentes y provocan huaicos que arrasan con lo que encuentran en su camino. Sin embargo, nada de ello conmueve a las autoridades que, como suele ocurrir desde tiempos inmemoriales, se culpan mutuamente por no haber previsto el desastre y anuncian grandes obras --limpieza de cauces, reforestación de laderas, construcción de badenes, puentes y otros etcéteras-- cuando la desolación ya ha dejado su terrible huella.

Menos previsible ha sido la actitud de Santiago Martin Rivas en el juicio a Alberto Fujimori, porque si bien podía intuirse que ensayaría alguna defensa, sorprendió la dimensión a la que puede llegar su cinismo al escucharlo negar la existencia del grupo Colina y utilizar un argumento pueril para intentar desacreditar un video donde al periodista Umberto Jara le confesaba lo contrario. Dijo que estas declaraciones eran parte de un "ensayo" para preparar su defensa.

Aunque el valor jurídico de las palabras de Martin está en entredicho, donde parece haber unanimidad es en sus devastadoras consecuencias mediáticas para la defensa del extraditado. Si alguien imaginaba que su declaración provocaría algún atisbo de duda sobre la existencia de Colina, se equivocó. Su desparpajo para jurar que es una santa paloma y que el destacamento de asesinos que comandó fue apenas una alucinada fantasía, le hizo un flaco favor al a veces adormitado, a veces sonriente, Alberto Fujimori Fujimori.

Previsible sí fue el alcalde Luis Castañeda, que el jueves volvió a regalarnos la oportunidad de verlo y escucharlo a través de la televisión. Mostrando su mejor sonrisa, el burgomaestre eludió con su conocida cintura maradoniana cualquier pregunta relacionada con el desmadre que miles de conductores soportan a diario en la Vía Expresa, por los cambios que se han hecho en su diseño y la reducción del ancho de sus carriles. Castañeda se refirió vagamente al caso y cambió de tema. Es decir, hizo lo de siempre. Como era previsible.

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