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UNA MIRADA PANORÁMICA AL TALLER 72

Grabado para siempre

Escala central de la segunda Bienal de Grabado organizada por el Icpna, la muestra antológica sobre el Taller 72 es el documento de un trabajo indispensable en torno a la tradición y la supervivencia del grabado en el Perú. Conversamos con Manuel Munive, curador de la exposición que va en la Galería Germán Kruger Espantoso.

Valorar el grabado es educar el ojo. Porque en esta técnica hay tal nivel de sutileza y precisión, que requiere de un espectador atento al detalle, observador, minucioso. Bajo esa premisa, Manuel Munive ha querido presentar una muestra representativa del trabajo realizado desde inicios de la década del setenta al interior de un taller que ha sido ente difusor, núcleo de enseñanza y espacio de creación. Un taller por el que han transitado, además, varias figuras gravitantes en la historia de la plástica peruana.

Formado por un grupo de estudiantes de la Escuela de Arte de la Universidad Católica, entre los que se encontraban Eulalia Orsero y Jorge Ara, el Taller 72 nació por una voluntad compartida de seguir experimentando en grabado una vez que se terminaran los estudios.

El asunto era simple: sin una máquina como la que había en la universidad sencillamente no se podía trabajar, así que adquirieron una vieja prensa Krause, la misma que habían usado Sabogal y Julia Codesido. Y esa prensa se convirtió en el corazón del taller.

NUNCA FUE NEGOCIO
Según Munive, El Taller 72 nunca fue negocio, y su oscilante historia, llena de renacimientos y desapariciones temporales, lo testifica. "La mayor pausa que ha sufrido el taller fue de 1996 a 2004, ocho años en los que el local estuvo cerrado y solo los miembros fundadores tuvieron acceso a la prensa. En realidad, casi todo el trabajo realizado en la historia del taller ha sido únicamente por amor al grabado, han sido muy pocas las veces en que se ha llegado a ganar algo. De otro lado, además, esos ocho años son, y no por coincidencia, los del auge de la serigrafía entre nosotros. Una disciplina más sencilla y más económica".

Pronto se incorporarían al Taller 72 los otros miembros permanentes: Cristina Dueñas, Gabriela de Bernardi y, sobre todo, Alberto Agapito, que era un especialista en el tema, y que venía de ganar el concurso de grabado del Icpna. Ellos, junto a Orsero y Ara, serían los responsables del taller a lo largo de las décadas. "Evidentemente, en tanto es un homenaje, un sesenta por ciento de la muestra es sobre el trabajo de los miembros originales del taller", dice Munive. "Un trabajo muy meritorio no solo en términos artísticos, sino en lo que tuvo también de difusión del grabado peruano en el extranjero o de labor pedagógica al interior del país".

SERIES CRUCIALES
Pero lo más interesante de la exposición, en palabras de Munive, es el trabajo de algunos de los que transitaron por el taller a lo largo de las décadas. "A mí me parece que lo realmente trascendente del Taller 72 es la serie de grabados que se hizo allí de Tilsa, de Humareda, de Cristina Gálvez y de Quispez Asín. Es increíble, pero sin el taller esas series sencillamente no habrían existido. Y la importancia de todo eso también está documentada en la muestra. Además, claro, están los trabajos de Fernando de Szyszlo, de José Tola, de Ricardo Wiesse y del propio Ramiro Llona, que pasó por el taller en los setenta, y al que regresó en los últimos años para imprimir varios de sus grabados recientes".

HALLAZGOS
Al costado de los nombres canónicos hay una serie de otros artistas que pasaron por el Taller 72 y dejaron su huella particular. Algunos de ellos representan auténticos hallazgos. "Concebir la muestra ha sido para mí revelador en muchos sentidos", explica Munive. "Me he topado con legados valiosos y desconocidos como el de Donato Chipana, un obrero que estudió unos cursos en Bellas Artes. Jorge Ara, que enseñaba en la escuela, lo vio y decidió invitarlo al taller. El trabajo de Chipana es versátil, muy vital, de una inocencia poderosa. Es como un Antonio Pareja del grabado".

Pero Chipana no es el único. "Enrique Arce es un xilógrafo al que yo conocía solo de nombre, como finalista del Salón de grabado del Icpna. Es un artista con una obra breve pero con un mundo, un punto de vista. Para mí fue un descubrimiento". Munive también menciona a Carlos Arana, una de cuyas litografías ("Amantes") se exhibe en la muestra. "Se trata de un trabajo asombroso, de una exquisitez técnica. Hay un gran manejo del color y del canon fisonómico de los personajes". Si no fuera por iniciativas como la de esta muestra, difícilmente trabajos como aquellos llegarían al público.

SOBRE LA BIENAL
Luego de la estimulante experiencia que significara la primera Bienal de Grabado, en 2005, ahora se repite el plato, con un despliegue mucho más variado de muestras y actividades. Además de la exposición central sobre el Taller 72, este mes hay una serie de muestras de interés: la del taller arequipeño Lluvia de Sol (Icpna Miraflores), "Clase Ve: Obra abierta", que es un taller de grabado participativo a cargo de Fernando Bedoya (Sala Luis Miro Quesada), "De Bandera", una muestra del Taller de Grabado Cono Norte, dirigido por Liliana Avalos y Miguel Lescano (Sala de Arte Felipe Cossío del Pomar), o "Nostalgias imperiales", una individual del artista Diego Gianella (Galería Icpna Lima Centro). Y la cosa continúa en abril con "Retrovanguardia", una muestra de grabado de Corriente Alterna, "Hombres, perros y gatos", individual de Manuel Lau (Galería Icpna Lima Centro), y una muestra antológica de Alberto Agapito (Galería Icpna San Miguel).

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