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Una dependencia que puede afectar la salud

Tecnoadiciones.

Las nuevas tecnologías transforman cada vez más la vida de la gente, al punto de que hoy el uso de Internet y el celular se han vuelto ya imprescindibles. ¿Pero esta dependencia puede volverse adictiva? ¿Se puede hablar de nuevas adicciones a Internet, al celular, al trabajo o al sexo?

Por Jorge Paredes

"Si pasas muchas horas delante del ordenador.si hablas con el teclado o a la pantalla le dices cosas., si notas que las relaciones familiares se resienten.¡¡¡Piénsatelo!!! Puedes estar sumido en una adicción". Esta frase abre el portal adictosainternet.com, el cual reúne a un grupo de psiquiatras españoles que están convencidos de que el problema existe. Obviamente, no todos los especialistas están de acuerdo, pero para nadie es un secreto que Internet atrapa cada día a más usuarios (más de cien millones en el mundo), y que, ya sea por la novedad o por su propia naturaleza ilimitada, genera un uso desmedido, que puede llevar a la dependencia. El término Trastorno de Adicción a Internet (IAD por sus siglas en inglés), fue acuñado por un profesor de la Universidad de Columbia, Ivan Goldberg, en el lejano 1995, ante el escepticismo de muchos de sus colegas. Hoy este "desorden" encabeza una lista de "nuevas adicciones" (al celular, al sexo, al trabajo, a las compras compulsivas), donde en vez de sustancias lo que se consume son altas dosis de tecnología, mensajes de texto, videos, música, chat, cibersexo, pornografía, videojuegos, compras en línea, etc., en resumen una serie de dependencias que, dicen, genera el mismo síndrome de abstinencia que provoca el consumo de drogas.

En Lima, el psiquiatra y psicoanalista Alberto Péndola dictó hace poco una serie de conferencias sobre estas nuevas adicciones. Y según comenta la clave para saber si una persona es o no es adicta es analizar si desarrolla el "síndrome de abstinencia".

¿Cómo podemos definir estas nuevas adicciones? Péndola responde: "Son adicciones sin sustancia. Al igual que el consumo de drogas, estas nuevas adicciones generan lo que se llama un síndrome de abstinencia. Si el drogadicto no obtiene la cocaína está desesperado, tiene palpitaciones, suda, y se conduce erráticamente hasta conseguir lo que busca. La droga le es tan necesaria como respirar. En el caso de las nuevas adicciones sucede exactamente igual. El adicto al trabajo no puede dejar de trabajar porque se pone irritable, siente palpitaciones, le hablan y no responde, está excitado, hasta que vuelve a su actividad. No es que necesite trabajar, sino que siente placer, como el drogadicto, al ver colmada su necesidad. Igual sucede con el adicto a Internet, al celular. Si la persona no esta conectada, si no puede chatear, siente agitación, ansiedad, tiene pensamientos obsesivos, fantasías o sueños respecto a Internet. Lo mismo con el sexo. Hay gente que tiene una vida sexual muy intensa, pero no por ello es una adicta. Pero si esta actividad ocupa todo su pensamiento, si 20 de las 24 horas del día está pensando en tener un encuentro sexual, entonces ya hay un problema de adicción. Recordemos que adicto quiere decir esclavo".

Otra característica de la adicción es la negación. "El adicto al trabajo piensa que no está enfermo, sino por el contrario, que lo hace por el bien de su familia, a pesar de que duerma solo cuatro horas y no me refiero a la negación como engaño, sino a la negación psicológica del malestar físico, psíquico y familiar, que padece".

¿LA JERINGA O LA HEROÍNA?
Hasta el momento estas nuevas adicciones no han ingresado todavía al Manual de Diagnóstico Psiquiátrico, pero el doctor Péndola confía, como muchos de sus colegas, que entrarán pronto: "Porque los casos clínicos lo imponen así. Cada vez se presentan más pacientes, diciendo, doctor no puedo desprenderme de Internet. Me duermo y a las dos horas me levanto para ponerme a chatear. Entonces todas estas adicciones tienen un trasfondo común. Primero, negación. Yo no tengo nada. Después, la construcción de una serie de racionalizaciones para justificar lo que se hace. Luego, satisfacción y placer. Estas adicciones están muy asociadas a dos tipos de conducta: un trastorno obsesivo compulsivo y fobia social. Yo, solo en mi mundo, estoy conectado a Internet, al cibersexo, al chat, y pierdo interés por todo lo demás. Esta tipología es conocida como ACE: Aislamiento, Compensación y Evitación".

Quienes cuestionan que pueda existir una adicción a Internet sostienen que en realidad lo que hace la red es descubrir en el usuario patologías existentes, problemas de fondo que salen a flote en el mundo virtual. Nadie, dicen, es adicto a la jeringa sino a la heroína. El doctor Alberto Péndola responde lo contrario: "El primer instrumento de adicción es Internet, pero luego se elige, y la persona se vuelve adicta al cibersexo, a chatear, a realizar compras compulsivas, etc. Claro, que por las características propias de la Internet (uso privado y anónimo, por ejemplo), esta hace que afloren aspectos reprimidos de la personalidad. Es una especie de carnaval permanente porque uno se disfraza y la persona necesita estar conectada cada vez más tiempo. Pero, ojo, que estamos hablando de adicciones, si una persona mira de vez en cuando pornografía o está conectada a Internet durante horas por motivos de trabajo, no hay problema. Yo me refiero a la persona que no puede dejar de hacer esta actividad sin experimentar el síndrome de abstinencia, que, por ejemplo, prefiere pornografía a tener relaciones sexuales".

PEGADOS AL TELÉFONO
Ninguno de esos célebres agoreros de épocas pasadas imaginó que en el siglo XXI la gente andaría con un extraño y minúsculo aparato pegado al oído. El celular como compañero de ruta que ofrece comunicación, información, música, juegos, entretenimiento, pero que también puede convertirse en un fetiche electrónico que llena vacíos de personalidad y estima. Algunas personas suelen dormir con el aparato encendido y otras no pueden dejar de enviar mensajes, aunque a veces no tengan nada que decir. En palabras de Umberto Eco "una adhesión total al presente y un frenesí del contacto que nos priva de cualquier momento de reflexión". "Estas tecnologías tienen un lado positivo, son un avance y el progreso no lo va a detener nadie", reflexiona Péndola, "Pero en el caso de los celulares, son muy atractivos, sobre todo para la gente joven, y cada vez los usan más niños. Por ello, sería importante realizar campañas entre padres y maestros para limitar su uso entre los más pequeños. La tecnología no es buena ni mala y todo depende del uso que le demos. Un bisturí es un instrumento valioso en las manos de un cirujano, pero no si lo usa un asaltante".

Mientras tanto, no deja de ser irónico también que sea en el mismo Internet donde circulan varios consultorios virtuales que afirman tratar la adicción a la propia red. En adictosainternet.com existen tres tests que todo preocupado usuario puede llenar para descubrir su grado de adicción. ¿El problema y el remedio en el mismo lugar? En este caso todo depende de la página donde se mire. 

¿EXISTE UN TRATAMIENTO?
"Es largo, doloroso y difícil y posiblemente requiera de abordajes múltiples", afirma Alberto Péndola. "Puede ser psicoterapéutico, individual, de pareja, de familia y psiquiátrico, dado el caso. Para los adictos al trabajo se está implementando además lo que ya se realiza en Estados Unidos y se llama 'workaholicos anónimos', que sigue las pautas de las sesiones de grupo de alcohólicos anónimos, donde la gente asiste, dice su nombre, reconoce la existencia del problema y se apoya mutuamente. En el tratamiento psicoterapéutico nos encontramos generalmente con un fondo depresivo severo, del que el paciente huye y que le es necesario enfrentar y superar con la ayuda especializada requerida en cada caso. No es adicto el que quiere, sino el que puede. Con esto quiero enfatizar que la historia personal y familiar de la persona influye y predispone y al juntarse con factores determinantes y finalmente desencadenantes, la harán caer en la adicción que es igual a esclavitud".

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