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CHAU MISTERIX EN EL C.C. DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA

Héroes de la pubertad

Por Santiago Soberón

En la dirección de la caracterización de un niño o un púber, la tentación del estereotipo siempre está presente. En muchas puestas es frecuente encontrar la interpretación del personaje infantil o púber con una entonación de voz que presume inocencia pero que realmente resulta un sonsonete monótono y muchas veces forzado. En el reciente estreno de Chau Misterix, del argentino Mauricio Kartun -en el Centro Cultural de la PUCP- el director Sergio Llusera queda libre de esa tentación y nos ofrece una puesta ágil y verosímil que, en concordancia con el autor, muestra el complejo mundo interno de Rubén, un púber que se despide de sus fantasías infantiles para encaminarse hacia la adolescencia.

Rubén, interpretado por Bruno Ascenzo, convierte la historieta de su superhéroe favorito, Misterix, en el espacio imaginario donde han de resolverse las inquietudes y vicisitudes de su vida cotidiana. El rechazo a la maestra de clases particulares, las primeras fantasías sexuales, la atracción hacia su amiga Miriam (Natalia Parodi) y cierta pusilanimidad producto de la sobreprotección materna se enhebran en una fantástica aventura que Rubén -convertido en Misterix- protagoniza con sus amigos.

La obra es una permanente alternancia entre la vida cotidiana y este espacio imaginario que Llusera resuelve a partir de la iluminación. Es lo que le da ritmo a la pieza y a la interpretación de los cuatro actores en escena (Acienzo, Parodi, Natalia Consiglieri y Joaquín de Orbegoso), quienes al recrear el mundo imaginario creado por Rubén componen una divertida parodia de las aventuras televisadas sobre superhéroes. Una caracterización estereotipada no hubiese permitido a los actores la agilidad y buen ritmo que esta alternancia exige.

Los actores no pretenden interpretar a sus respectivos personajes mediante la caracterización detallada y fidedigna de un niño, por el contrario, al espectador puede parecerle que los actores hablan de una manera "adulta", sin embargo las caracterizaciones son verosímiles porque parten del propio impulso lúdico del actor, porque no atienden a una manera de hablar o gesticular atribuible al niño sino que el actor busca en su propio interior los referentes que le permitan componer su personaje. El trabajo de Natalia Consiglieri (Titi) es muy elocuente en ese sentido, tiene una gran predisposición a lo lúdico y una vitalidad que le permiten sobresalir en la escena.

La actitud pusilánime en lo cotidiano frente al valor y riesgo en lo imaginario quedan muy bien definidas en la interpretación que Ascenzo hace de Rubén. Ese contraste permite ver a la fantasía como el espacio en el que se soluciona lo irresuelto en lo real, hasta el desenlace de la obra, momento en que el Rubén comprenderá que es dentro de la propia realidad donde debe encarar sus problemas e inquietudes y encontrar sus soluciones. La primera desilusión amorosa generada en la fiesta de carnavales reestablece el principio de realidad y motiva que el personaje protagónico se despida de este universo fantástico creado a partir de su superhéroe.

Chau Misterix puede parecer una obra ligera o sencilla, no obstante es una pieza que recrea un universo muy complejo como es el mundo interno de un niño o preadolescente. Ese pequeño peldaño hacia la madurez ha sido recreado con gran calidad por parte de Kantur, pues la pieza no solo establece los dos planos que hemos mencionado sino que plantea una serie de interrelaciones entre ellos en los que entran a tallar distintos referentes.

Llusera ha sabido entender esa complejidad y a partir de allí ha podido adaptar la obra a nuestro contexto. Aparte de esta virtud, su propuesta tiene la particularidad de presentar recursos escénicos muy variados e incluso disímiles, los que ha podido integrar de manera exitosa para llevar al escenario la complejidad de interrelaciones ya aludidas. De esta forma el carácter divergente del imaginario infantil queda plasmado en la puesta en escena y el público puede ubicarse en esa perspectiva para apreciar el conjunto de diferentes recursos escénicos tan bien organizados por la dirección de la puesta.

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