Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook
Rincón del autor

En busca de un faro

Las grandes unidades escolares han colapsado (como nos gusta decir después del terremoto) y han dado lugar a una proliferación impresionante de colegios privados

Por Abelardo Sánchez León

Conversando informalmente sobre el tema educativo, recojo la idea de la relación que debe existir entre calidad y cantidad. Hasta hace poco había un colegio masivo que irradiaba la idea de calidad. El colegio nacional Nuestra Señora de Guadalupe, fundado el 14 de noviembre de 1840, se había erigido como un modelo en ese aspecto. Se trataba de una institución inclusiva, pero que solamente admitía a los mejores alumnos del país. No hacía concesiones. La valla de ingreso era alta y de alguna manera era posible decir que hubo tres colegios que funcionaban como faros visibles de la educación peruana: el colegio Guadalupe, con un amplísimo resplandor, acompañado por el colegio laico Alemán y el colegio religioso La Recoleta.

En la actualidad existe una gama muy variada de colegios, pero ninguno se presenta como modelo para la gran mayoría de la población. Los colegios representan parcelas fragmentadas de nuestra sociedad y solamente funcionan como referentes para cada una de ellas a través de sus propios códigos y principios educativos. Ninguno goza de la potencia de un colegio como el Guadalupe, que se erigía como la cima visible desde cualquier lugar del territorio.

Eso es lo que nos falta ahora. La mediocridad creciente en la cual nos hemos sumido ha arrastrado incluso al colegio Guadalupe, que según sus egresados, no es ni la sombra de lo que fue. Los tres rubros más visibles en los que el país se ha rezagado clamorosamente son la educación pública, el fútbol profesional y el transporte urbano, y los tres tienen un lazo profundo entre sí: la mala preparación del recurso humano.

Las grandes unidades escolares han colapsado (como nos gusta decir después del terremoto del año pasado) y han dado lugar a una proliferación impresionante de colegios privados, cada uno de ellos fragmentados como urbanizaciones, manzanas y lotes hay en los diversos barrios de la ciudad. Las grandes unidades escolares se han quedado sin canchas de fútbol, sin piscinas, sin vidrios en las ventanas, sin puertas en las aulas, sin pizarras y sin tizas, y con unos baños impresentables. Hay colegios particulares, en cambio, para todos los gustos y bolsillos y se han reproducido como quioscos de feria.

Pero lo que ya no tenemos es un colegio como Nuestra Señora de Guadalupe, ubicado en el centro del abanico, que admitía a los alumnos más calificados del país y convocaba a los mejores profesores del gremio. Una reforma educativa podría empezar por inyectarle, otra vez, esa capacidad de convocatoria para que vuelva a funcionar como un faro en medio de la tormenta en la que se desenvuelve nuestra educación, convirtiéndolo en una institución mixta, además, porque hasta donde sé, nunca tuvo una contraparte femenina de la misma dimensión.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook