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Contracorriente

Por el largo camino de Tello

RIQUEZA. Hoy se celebra el Día del Arqueólogo Peruano, en homenaje al nacimiento del sabio Julio C. Tello. Un período de apogeo, estimulado por notables hallazgos y estudios, ha convertido a esta rama científica en protagonista e impulsora de la autoestima nacional

Por David Hidalgo Vega

En ninguna parte como en el Perú sería menos descabellado que algún diario estrenara una corresponsalía de los vestigios: hace once años, una expedición encontró unos enigmáticos sarcófagos en la ciudadela de Kuélap que anunciaban un giro en la interpretación de su historia; hace cinco años, arqueólogos alemanes y peruanos dieron a conocer el hallazgo de un sorprendente templo y una plaza circular en el complejo arqueológico de Sechín, Áncash; hace cuatro años, salieron a luz los restos de cientos de guerreros incas enterrados en la zona de Puruchuco, Lima, entre los cuales se halló la primera evidencia de un nativo muerto por un arcabuz español. Hace menos de dos años, investigadores peruanos descubrieron en Trujillo la momia extraordinariamente conservada de una gobernante mochica sobre cuya piel aún se veían hermosos tatuajes. A inicios de este año se publicó el hallazgo de una plazuela de 5.500 años de antigüedad, también en Sechín, que constituye la estructura más antigua del país. Las evidencias de esos y otros descubrimientos darían para una bitácora permanente. Dos conclusiones se imponen: primero, que los arqueólogos han dejado el aura de rabdomantes de lo antiguo para convertirse en voces necesarias del presente; y segundo, que la historia nacional pasa por seguir desenterrando nuestros orgullos.

Este Día del Arqueólogo Peruano tendría que ser ocasión para meditarlo: nunca como ahora la profesión fue tan celebrada. Inspirada en la fecha de nacimiento de Julio C. Tello, el padre de la arqueología nacional, podría entrar ahora entre las efemérides principales de un país que basa su identidad en la altivez de sus reinos antiguos. Hay en esto un sentido hereditario. "La arqueología de Tello no persiguió un ordenamiento desapasionado de las momias y los "wakos" (sic) que él extrajo [...] --ha escrito el arqueólogo Luis Lumbreras--. Su preocupación es la tarea reivindicativa de su pueblo, pueblo que él encuentra expresado en una larga historia que trata de entender globalmente. La historia no fue para él un entretenimiento académico, sino una contribución para el logro de un destino diferente".

Es un reconocimiento unánime por parte de quienes siguen su ruta por el pasado nacional. "Tello tuvo una visión muy completa del patrimonio arqueológico y sus valores", comenta Ruth Shady, directora del Proyecto Caral, que investiga el denominado "asentamiento urbano con arquitectura monumental más antiguo de América". El sabio de Huarochirí adelantó una visión que ha terminado por imponerse en el curso de los estudios sobre nuestras culturas originarias. "Antes, bajo influencia de la historia del arte, se le daba importancia a la cultura material para exponerla: se buscaba los huacos, pero no se miraba la cultura, ni la ideología de quienes los produjeron. Eso se recupera a partir de la década del 70. Ahora se retoma el interés por vincular la arqueología con el desarrollo social", precisa Shady.

La explicación del contexto de un hallazgo es tan o más importante que la pieza encontrada. Supone reconocer que sus artefactos no fueron inspiración casual, sino que correspondían a "una sociedad formada por especialistas, gente que desarrolló conocimientos de aritmética, que se especializó en biología para mejorar las especies, unos genetistas del pasado, por decirlo así", dice la arqueóloga. Es lo que en la última década ha evidenciado el estudio del Estado que dirigió Caral, considerado uno de los hallazgos más importantes de los últimos tiempos. Y lo confirma cada revelación de este florecimiento del pasado.

EL DESPERTAR
Varios arqueólogos coinciden en esta sensación de apogeo que empezó con el descubrimiento del Señor de Sipán, a fines de los años ochenta. "Antes de eso, los estudios no tenían ninguna presencia en la vida nacional --refiere su descubridor, Walter Alva--. Usted no veía que los periódicos dedicaran páginas enteras a este tema. Sipán abrió la difusión". El impacto mediático ha retroalimentado un campo que empezó a perfilarse como fuente de autoestima general. Alva lo nota en el entorno del hallazgo: donde treinta años antes percibía desgano, desconocimiento y saqueo flagrante, hoy observa una conciencia emergente. El pueblo conoce sus tesoros y sabe que puede vivir de su prestigio.

Nuevas condiciones fertilizan una tierra que no cesa de entregar trofeos. "Tenemos una arqueología de buen nivel académico que no existía antes, porque, además, éramos pocos. Ahora recibimos apoyo de organismos estatales y empresas. Mientras otras naciones tienen un pasado conocido, el Perú presenta cada día cosas nuevas. Esta fascinación crea una expectativa, nos ha convertido en foco de interés mundial", precisa Alva, quien alista un esperado documental con financiamiento externo. El salto de un señor antiguo a las pantallas es otro síntoma de esplendor.

Un país que se siente tributario de sus monumentos tiene por fuerza que compartir su abrigo. "A diferencia de otras ciencias, la arqueología siempre ha sido indigenista en el Perú --explica Guillermo Cock, el descubridor de los guerreros de Puruchuco--. Tanto Tello como Valcárcel, su sucesor, eran provincianos. Y en la raíz de la arqueología el objeto de estudio es el pasado prehispánico. Eso marca nuestro quehacer, refuerza la identidad de una nación compleja, formada por múltiples grupos culturales".

La arqueología es un catalizador. "Tiene que ver con un nacionalismo sano, que es el motor que mueve a muchos pueblos y los impulsa a su desarrollo", refiere Alva. La próspera reputación de esta ciencia alimenta inquietudes en tiempos de crecimiento económico. El turismo arqueológico tiene fuerte arraigo en los propios consumidores locales de pasatiempos. "En los años setenta, la gente visitaba Chan Chan y los monumentos de la zona norte. En los ochenta y noventa el equilibrio se rompió y la gente empezó a concentrar su interés en el Cusco. Ahora estamos recuperando el balance", precisa Cock.

Algo de eso puede leerse en los resultados de un concurso sobre maravillas peruanas organizado por El Comercio, que concitó 150 millones de votos en su página web. La fascinación es infinita. "En Wari tienen una ciudad fabulosa, de varias plantas subterráneas. Cuando la he visto me ha dejado impresionada. Es como tener un edificio bajo la tierra", comenta la doctora Ruth Shady. Otros arqueólogos también están fascinados por el trabajo de sus colegas. Aunque las amenazas al patrimonio subsisten, este es un día de celebraciones. No estaría de más un pago a la tierra.

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