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ECONOMÍA

Conozca la increíble historia de Nelly Villegas

Sufrió un sinnúmero de injusticias, pero ahora es microempresaria

Por Antonio Orjeda

Nelly vive en un cerro que a puro punche ayudó a urbanizar. Termina la entrevista y nos pide que la llevemos a Miraflores, tiene un almuerzo en la Embajada de Holanda. Nelly ha bajado de la camioneta, pero no se ha ido. Se ha quedado a vivir en nosotros.

Para alimentar, para educar a sus hijos, lavó carros. Hizo de todo. Ahora son profesionales. Nelly confiesa que a veces le cuesta creer que es la madre de esos chicos que son su orgullo. Por eso agradece a la vida, pese a que sus primeros años fueron brutales.

¿Qué edad tenía cuando abusaron de usted?
Tenía 14 años. Vivía con una de mis hermanas. Su marido le pegó duro y yo lo denuncié. Se lo llevaron detenido y me fui a la casa de mi hermana mayor, pero cuando ella se enteró de que estaba detenido mi cuñado, a eso de las 12 de la noche me sacó de la cama y me llevó a la comisaría. Le dijo al comisario que por mi culpa mi hermana se había quedado sola, que liberara a mi cuñado y que me dejaba a mí en su lugar. El comisario la botó. "¡Cómo se te ocurre! En todo caso, quédate tú". Mi hermana, amarga, agarró y en La Curva me dejó (Chorrillos). Me dijo que fuera a acompañar a nuestra hermana. Eran como las dos de la mañana, mi hermana vivía en La Campiña, por la Escuela (de Oficiales de la Policía). Sé la hora porque mi cuñado le dijo: "Oye, son las dos de la mañana. ¡Que se vaya!". Yo me fui caminando, y ahí fue... Me atacaron, y a raíz de eso salí embarazada. Ahí fue que decidí irme de la casa de mis hermanos.

¿Cómo hizo para sobrevivir?
Una señora me dio trabajo en su casa, hasta casi los nueve meses. Me dijo que no podía trabajar así. Así que salí. Una señora que vivía en el mercado me acogió hasta que nació mi hijo.

Al poco tiempo su bebe murió de neumonía.
Al mes y cuatro días. Es que dormíamos en un espacio, tapados con cartón, nomás.

Tenía 15 años, debió creer que su vida se había acabado.
No sabía qué hacer. Me acuerdo que iba al malecón (de Chorrillos) y llamaba a mi mamá Corpusa (su abuela, quien la crio en realidad)... Discúlpeme (Nelly se seca las lágrimas)... No tenía para nada. Me regalaron unos trapitos y con eso me iba a buscar trabajo. Nadie me quería recibir con el bebe.

Hoy es una microempresaria. ¿Cómo salió adelante?
Trabajé duro. Cuando murió mi bebe, mi mamá Corpusa se enteró. Ella vivía en la sierra, y mandó a mi madre a recogerme. No conté todo lo que me había pasado. Allá conocí al papá de mis hijos. Mis hermanos jamás pudieron decirme nada porque yo les dije: "Ni un pan les voy a pedir, para nunca deberles nada"... Me casé y regresamos. Aquí tuve a mis hijos. Él era albañil, muchas veces no tenía trabajo. No vivíamos bien, de repente por mi culpa, porque nunca pude olvidar lo que me había pasado... Nunca pudimos ser felices. Me llené de hijos. Cinco hijos más mi sobrino. Él entró como dirigente sindical y no le importó ya trabajar. Yo asumí. Yo fui quien casi todo el tiempo mantuvo la casa. Mi hijos mayores fueron muy importantes. Ellos se encargaron de atender a los menores mientras yo trabajaba.

Hoy todos son profesionales.
Sí.

Ese es un logro suyo.
Hay una cosa que marcó mi vida: yo trabajaba en casas y a veces llevaba a mis hijos para que me ayudaran. Mi hijo, que ahora es médico, tenía 5 añitos y me ayudaba a encerar. Un día, el dueño, un inglés, casi me pega. Se le habían perdido unas cosas y me echó la culpa. Yo le respondí. Mi hijito miraba... Subí a la azotea, abracé a mi hijito y le dije: "Papá, estudia, solo con el estudio vas a sacar adelante a tu familia; y nunca, así seas profesional, nunca le hagas daño a nadie. Mírame, yo nunca estudié y por eso me tratan así".

Su hijo tenía 5 años.
Me abrazó y me dijo: "Mamá, nunca más te va a pasar esto". Hoy en día es médico, y en su hospital lo consideran el mejor.

¿Y usted qué siente?
Orgullo. A veces digo: "¡No puedo ser yo!". Es que veo a mis hijos, que ya han hecho su casa, cada uno tiene su movilidad, mi hija que se ha ido becada a España... Ella dice: "Yo no trabajo por plata, trabajo porque amo mi profesión".

Gracias a una serie de créditos forjó su empresa.
El Ministerio de Trabajo nos apoyó con bonos, con capacitaciones, pero dinero nunca me he prestado. Por eso no le debo a nadie... Quien siempre nos apoya es la señora Inés Carazo. Ella conoció nuestro tallercito cuando era de esteras. No teníamos nada, solo el deseo de mejorar.

Precisamente, su taller de esteras es hoy su casa de tres pisos; era informal, ahora cuenta con todos los registros de ley. Ha logrado todo esto y, en el colegio, no hizo más que transición.
Y todavía no he terminado.

Usted no creó una empresa propia, convocó a un grupo de mujeres para juntas salir adelante.
Al principio fuimos 80. Pero había peleas: cuando había trabajo, no tenían tiempo, pero cuando había repartición, ¡todo el mundo estaba! Para que una empresa tenga vida no te la puedes pasar peleando. Así todo se destruye. Lo que nosotras queríamos era tener un centro sostenible, que diera trabajo. Al final, lo formamos diez mujeres; pero me salió un trabajo y me fui a Argentina. Cuando regresé, lo habían perdido todo. "No --dije--: este es mi sueño, ¡tiene que salir adelante!". Puse 1.500 dólares y empezamos de nuevo. Pero solo las que se pusieron la camiseta.

La empresa es producto de su esfuerzo, también la Asociación Llaqtanchispaq, un albergue que acoge a mujeres maltratadas y que usted sostiene gracias a la venta de sus chocotejas...
También recibimos a sus hijos. No tenemos ayuda. Se la hemos solicitado al Pronaa, han ido a mi casa, pero, como la han visto de tres pisos, creen que estoy pidiendo para mí. Yo no necesito. ¡Ni siquiera vivo de la empresa! Yo ahora vivo de mis hijos.

¿Por qué creó este refugio? Aquí acoge a chicas que han pasado por lo que usted pasó. ¿No es volver a vivir lo ya sucedido?
Cuando a mí me pasó, no tuve adónde acudir. Ya le dije: me dieron un espacio en el que me tapaba con cartones... No quiero que eso le pase a nadie más.

Finalmente, cumplió con su palabra: prometió no pedirle un pan a sus hermanos, y así fue.
Por eso jamás han podido decirme nada... Aunque hubo momentos en los que pensé: "Voy a pedirles ayuda". ¡Pero no!

Mil veces debió haber querido tirar la toalla.
¡Hasta ahorita! A veces tengo aquí a niños, a ancianas, y no tengo dinero para ayudarlos. ¡Hasta cuándo! Yo digo: ¿por qué tengo que hacer esto? ¿Por qué los comedores populares tienen apoyo y yo no?

Ha solicitado apoyo.
¡Cuántas veces! Al municipio le he pedido panetones para mis niños por Navidad. Nada.

Usted no solo da techo y alimentación, también educación.
Sí, hemos tenido convenios con el Ministerio de Educación que, al igual que otras personas, nos ha donado libros.

Tenían una profesora. Ahora ya no.
Es por falta de recursos. Mi hijo me ha dicho que me va a cortar la ayuda que me da porque ya ni mis medicinas me compro, todo lo pongo en el albergue.

¿Qué es de su hermana, la que la botó de su casa a los 14 años?
A veces viene. Una vez me solicitó apoyo, porque yo tengo relación con la Embajada de España, y ella me pidió apoyo para que su hija pudiera salir del país.

¿Y la apoyó?
Sí, la apoyé.

Le dio una lección.
Mi hijo estudió becado en la Universidad San Ignacio de Loyola gracias a que alguien me apoyó. Entonces, ¿por qué no voy a apoyar yo? Además, mi sueño es que todo chico se pueda desarrollar.

Quiere que todos los chicos sean profesionales como sus hijos.
¡Me gustaría! Yo sé por lo que he pasado, y gracias a mis hijos tengo la autoridad moral para llamarle la atención a las mamás (de su albergue), para decirles cómo deben educar a sus hijos... Mi mamá Corpusa decía: "Cuando una madre quiere de verdad a sus hijos, con una mano les da amor y con la otra rigor. Así, crecen derechitos".

Usted podrá tener solo transición, pero es una gran maestra.
(Ríe)... Bueno, es que la vida misma me ha enseñado.

LA FICHA
Nombre: Nelly Constantina Villegas Palomino.
Colegio: "No he terminado. En mi tierra (la provincia ayacuchana de Páucar del Sara Sara) solo hice transición. De ahí, a los 10 años llegué a Lima. Ya no estudié... Por mi propia voluntad es que he aprendido a leer y a escribir".
Edad: 59 años.
Cargo: Presidenta de la Asociación Llaqtanchispaq y promotora de ventas de ISAMIF. "Ese es mi compromiso: buscar mercados. Así puedo apoyar más a la asociación".

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