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MUCHO OJO

La barra mansa

Por Fernando Vivas

Es una buena zona de ficción televisiva esa frontera indefinida entre la violencia pandillera de las barras bravas, que en realidad son mafias sin DNI y mayoría de edad, y las juergas y escaramuzas peleoneras de jóvenes bobos y calenturientos.

No hay que apañar a ninguno, pero se puede ser más tolerante con los segundos. "Los diablos azules", la novela estrenada el lunes por Frecuencia Latina (9 p.m.), profesa esa tolerancia o espíritu comprensivo, aunque en su primer capítulo, por ratos, no me quedaba claro si los jóvenes Lalo de Alianza (Edwin Vásquez) y Lobo de la 'U' (Ronal Cruces), que acaban en la comisaría, eran matoncitos con antecedentes o víctimas del autoritarismo del policía Aguilar (Carlos Cano). Valga la ambigüedad entre calentura juvenil y pandillaje, pues ese es un rasgo dramático de la historia, pero los datos tienen que ser claros. Esperemos que los siguientes capítulos no tengan tropiezos como este.

La dirección y el guion de "Los diablos..." han caído en gente con tanto background fílmico como televisivo. Fernando Barreto ha esbozado una narración más convencional, lineal, buscando desde el comienzo la confluencia de subplots más que su simple alternancia; pero el director Augusto Tamayo, en una decisión no muy feliz hasta donde he visto, la pega de moderno y se satura de cortes bruscos, de zooms y movimientos de cámara violentos que pretenden compensar --aunque más es lo que estorban-- la falta de nervio de las actuaciones. Los mejores planos son los más limpios.

Ya que hablamos de los actores, destaco en primer lugar a Giselle Collao. Su personaje, Milagros, se afecta por el estereotipo romántico de la Julieta disputada por los polos opuestos, Lalo y Lobo. Pero Giselle se las arregla para dejar en claro que su dulzura es solo una apariencia, un mecanismo de defensa. Si, además, quieren apreciar su versatilidad, pueden verla en "La pre", como arribista sin atenuantes.

Edwin Vásquez, el protagonista Lalo, luce esa apostura mestiza que está siendo reivindicada, para bien, en nuestra racista TV, aunque es un actor todavía duro y con una voz ronca, sin matices, que hace recordar a la del veterano Jorge Rodríguez Paz. Su mamá (Susan León) parece escapada de "Sabrosas". Cano sobreactúa como siempre, y Reynaldo Arenas está preciso y comedido como nunca. A seguir viendo.

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