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Contracorriente

Una mujer llamada Mariposa

TESTIMONIO. El Primer Foro Internacional de Mujeres Indígenas ha reunido en Lima a 200 líderes de Asia, África y América. Mona Polacca, líder espiritual del pueblo havasupai, del cañón del Colorado, trajo su iluminadora historia de resistencia cultural y orgullo nativo

Por David Hidalgo Vega

A la gente de su pueblo materno se la conoce como los guardianes del gran cañón del Colorado, en EE.UU. En tiempos antiguos, los havasupai --cuyo nombre significa "gente de las aguas turquesas"-- dominaron las zonas altas y bajas de ese territorio, hasta que la colonización los redujo a una franja estrecha, como a muchas otras tribus. Mona Polacca, nieta del último jefe de su nación, conoció de cerca la lucha de su pueblo por recuperar parte de los terrenos arrebatados, la resistencia de su cultura hostigada. Años después, en lo que ella acepta como una profecía, forma parte del Consejo Internacional de las Trece Abuelas Indígenas, que promueve otra lucha. En ese grupo hay venerables mujeres de pueblos nativos de África Central, el Amazonas, el Círculo Polar Ártico y las planicies de América del Norte. Su misión es resguardar los conocimientos ancestrales de los pueblos originarios, hacer respetar sus derechos y predicar la paz. La llegada de Mona Polacca a Lima trajo su motivador mensaje.

¿Qué palabras trae de su pueblo?
Toda mi vida, mi madre, que es havasupai, me dijo que hay influencias foráneas que amenazan nuestra existencia y la de nuestra Madre Tierra. Es importante que nosotros mantengamos el balance. Si perdemos algunos de los fundamentos de la vida, como el agua, el aire, el fuego o la tierra, dejaríamos de existir. Todos los pueblos indígenas tenemos respeto por estos cuatro elementos. No es solo algo de los havasupai, los hopi o los tewas. Mi madre me dijo, no estás aquí solo por ti, tú representas a tu familia, a tu tribu y a las naciones indígenas. Hoy me he unido a las abuelas indígenas del mundo, porque creemos que se necesita unión para compartir el mensaje de nuestros antepasados sobre nuestra relación con los cuatro fundamentos de la vida. Es nuestra respuesta a los cambios tan rápidos del mundo.

¿Qué diferencia encuentra hoy con el tiempo en que creció?
Los havasupai, tradicionalmente, vivíamos arriba del cañón y durante el verano bajábamos para evitar el calor. Lo que ha pasado es que ahora existen restricciones para que subamos al cañón. Hubo un tiempo en que podías tomar el agua de los manantiales, pero ahora ya no puedes hacerlo por la posible contaminación debido a la acumulación de basura. Yo crecí en una casa donde no había agua ni electricidad. Teníamos un jardín en que cosechábamos vegetales. No fue sino hasta cuando tuve 16 años que pudimos construir una casa con buenas condiciones.

Muchas tribus han padecido graves problemas como el alcoholismo. ¿Pasó con su gente?
Mis padres nunca tomaron alcohol, pero cuando íbamos al pueblo, veía a algunos de nuestros parientes indígenas borrachos en las carreteras. Uno de mis ancestros decía que nunca había visto que el alcohol le hiciera bien a nadie. Solo tomas la botella y la empinas hasta que quede vacía. Esa era una metáfora de lo que sucedía a nuestra gente cuando tomaba. Ahora, yo diría que en los últimos 30 años ha mejorado la situación. Incluso hay un movimiento de indígenas americanos por la sobriedad. La idea de este movimiento parte de reconocer su fuerza en su identidad, su cultura y espiritualidad.

¿Cómo lo hicieron?
Una de las cosas que siempre recuerdo es que organizamos un encuentro entre adolescentes y ancianos. Los abuelos pasaban dos días con los jóvenes de la tribu y compartían sus canciones, sus danzas, les contaban historias y les enseñaban los juegos tradicionales. Los jóvenes tenían que preparar los alimentos para los mayores. Una de las enseñanzas fue que prendíamos fuego y todos nos sentábamos alrededor. Y los abuelos decían: "Hemos hecho este fuego pequeño para que todos nos podamos sentar más cerca de su luz y calor, y podamos conversar. Los occidentales hacen una gran hoguera y todos tienen que alejarse, la unidad no existe". Este encuentro se sigue haciendo.

Por mucho tiempo, los nativos estadounidenses --como muchos de otras regiones-- sufrieron censuras a su cultura, incluso a su idioma.
Yo no fui parte de esa generación, pero mi mamá y mi papá sí. Ellos fueron a las escuelas del gobierno para nativos. Eran para matar al indio y "rescatar a la persona" enseñándole a hablar inglés. No los dejaban ni escuchar su música tradicional y les cortaban el cabello. Trataban de despojarlos de su identidad. Yo le pregunté a mi madre cómo había hecho para mantener su lengua. Me contó que salían a caminar y se alejaban del edificio, se sentaban bajos los árboles, donde los oficiales de la escuela no podían ver ni oír, y se ponían la mano sobre la boca. Hasta ahora las mujeres que crecieron en esa época se tapan la boca cuando hablan. De niña siempre pensé que era por timidez, pero era lo que aprendieron para preservar su idioma.

¿Vivió en carne propia alguna lucha por preservar su tradición?
Al pueblo de mi madre, los havasupai, se los redujo a un territorio de una milla de ancho por tres millas de largo. La gente se rebeló y dijo que teníamos derecho a nuestra tierra en la cima del cañón. Por veinte años los havasupai mantuvimos esa disputa con el Gobierno. Mi abuelo materno fue el último jefe de la tribu. Yo tenía catorce años cuando iba con mi madre a las reuniones con los representantes del Gobierno. Me tocó ver esa lucha y sus logros: recuperamos gran parte del territorio, aunque no todo. Esa vez mis hermanos y yo recibimos un fuego sagrado y salimos a otros pueblos a contarles de nuestra lucha. Ellos hacían ceremonias para recibirnos, para rezar, y se comprometían a difundir ese mensaje a otras naciones del mundo.

¿Su autoridad viene de ser nieta del último jefe?
Mi madre era la princesa de la tribu. Debido a eso, los miembros del pueblo havasupai me apoyan para que yo hable en su representación. Pero además tengo una maestría en Trabajo Social y estoy haciendo un doctorado en Justicia e Investigación Social.

¿Qué otros problemas trabaja?
He visto mucho los problemas de los ancianos, pero también acerca de la legislación que afecta a las tribus, especialmente en salud y protección de su cultura. Una de mis mayores preocupaciones de ahora es el acceso al agua potable. También la preservación de las medicinas de nuestra madre tierra, el tema de las patentes.

Es la misión de las trece abuelas. ¿Cómo nació esa idea?
Se debe a la visión de una de las abuelas, originaria de Gabón, África. Ella decía que era el tiempo de que las abuelas del mundo se unieran y hablaran sobre lo que está pasando. Al mismo tiempo, una abuela de Alaska, cuando nos unimos en octubre del 2004, trajo un bulto y al abrirlo dijo: "Mi abuela me dio esto cuando yo tenía 12 años y me dijo que era para trece abuelas". Trece es un número sagrado, porque hay trece planetas en el universo, trece lunas en un año. Entonces nos repartió las piedras a cada una. No fue nuestra decisión, era una profecía. Hubo al menos cien invitaciones que se enviaron a todo el mundo. Solo trece respondimos.

Las trece abuelas vienen de lugares muy distintos. Debe haber tantas diferencias como semejanzas entre ustedes.
Bueno, cada abuela tiene una ceremonia. Algunas pueden ser conducidas al aire libre y otras se hacen dentro de un templo. Lo similar es que todas se enfocan en un rezo. Y todas usamos los elementos de agua, fuego, algún tipo de incienso y algún instrumento, algún canto.

Incluso se reunieron con el Dalai Lama. Debió ser muy emotivo.
Fuimos a la India para encontrarnos con él. Ha hecho cosas muy especiales por su pueblo. Ha creado un espacio para que la gente del Tíbet pueda preservar su lengua y su cultura. Una cosa que noté allá es que en todos los espacios la gente reza: mientras camina, desde que amanece hasta la noche. Me gustó mucho esa experiencia, porque nosotros hace apenas veintiocho o treinta años que recuperamos nuestra libertad de religión. Antes era contra la ley usar nuestros instrumentos y ceremonias. También hemos ido al territorio Lakota, donde en una ceremonia se hizo la danza del sol. Y en Teotihuacán nos invitaron a las pirámides sagradas. Tuvimos el honor de entrar a una para rezar. Allí tuve una conexión con mis ancestros paternos hopi.

¿Diría que tiene una conexión con los otros pueblos nativos de América?
Sí, nosotros decimos que todos estamos relacionados. Hemos estado separados por las fronteras, pero nuestros ancianos y líderes espirituales, por medio del movimiento global de pueblos indígenas, nos han recordado que somos parientes y debemos estar unidos. En el pueblo havasupai toda mi vida escuché la tradición oral de que teníamos parientes en algún lugar del sur este y que un día los encontraríamos. En 1993 mi madre fue a Baja California, en México, y encontró al pueblo pai pai, que hablaba la misma lengua y usaba los mismos vestidos. Ella dijo: "Estos son mis parientes, esta es la gente de la que me habían hablado". Ellos la llevaron a su comunidad y mi madre vio que era casi idéntica al pueblo del cañón. Yo le digo a la gente que esos son mis parientes. Igual que otros pueblos del sur.

Supongo que esa visión se expresa en algún símbolo.
Nuestro símbolo más importante es el círculo, que no tiene fin y representa la unión de todas las cosas que tienen poder en la naturaleza. Cuando estamos en un círculo nos unimos en una mente, un corazón, un cuerpo y un espíritu. Tenemos muchos símbolos, pero ese es el más poderoso. Y bueno, por parte de mi tribu paterna, los hopi, está la mariposa (que representa la transformación del ser humano). Eso soy yo: Polacca significa mariposa.

LA FICHA
Nombre: Mona Polacca.
Origen: Arizona, EE.UU.
Trayectoria: Miembro de las tribus Havasupai, Hopi y Tewa, estudia un doctorado en el Departamento de Justicia Interdisciplinaria de la Universidad Estatal de Arizona. Trabaja en el Consejo Intertribal de Arizona, en temas de salud, preservación histórica y cultural e incidencia política.

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